Influencia de la Nueva Izquierda en el Movimiento Negro de Liberación

Xavier Albert

El Movimiento Negro de Liberación se vio influenciado por el contexto revolucionario mundial de los años 60 y por la aparición de la Nueva Izquierda. Las relaciones que existieron entre el Movimiento Negro de Liberación y la Cuba revolucionaria durante la década de los años 60 tuvieron influencia en el seno del movimiento y produjeron un cambio estructural que afectó a la configuración de este. De igual manera, la aparición de la Nueva Izquierda supuso un cambio de paradigma ya que principalmente, empezó a tomar cuerpo la idea de la lucha armada.

Las relaciones del Movimiento Negro de Liberación con los procesos revolucionarios latinoamericanos, africanos y asiáticos fueron constantes durante la década de los años 60. El movimiento, en un primer momento, emergió como un actor singular dentro de Estados Unidos. Conforme se fue adentrando en los años 60 fueron asumiendo las ideas del contexto internacional para interpretar su situación colonial dentro de un proceso mucho mayor que englobó a la mayoría de las comunidades oprimidas del Tercer Mundo. El Movimiento Negro de Liberación sufrió un proceso de inclusión dentro del marco revolucionario internacional en el que la lucha armada se convirtió en una de las mayores aportaciones del momento. Podríamos decir que el Movimiento Negro de Liberación fue desarrollándose hasta convertirse en un actor “glocal”, de manera que reunió características tanto locales como internacionales a partir de los años 60[1]. En un primer momento, emergió como un actor local con características propias marcadas por las experiencias vitales del movimiento durante los años previos en los que se fue configurando. Después, con la aparición de la Nueva Izquierda fue entrando en una nueva dinámica internacional en la que fue encuadrándose dentro de un marco que le permitió encontrar una nueva realidad. El movimiento pasó a pensar de manera global, para actuar de manera local dentro de Estados Unidos. La nueva demarcación en la que se vio envuelto permitió que se expandiera más allá de las fronteras de su propio país. Esta nueva etapa en el movimiento hizo que el Black Panther Party fuera el responsable de la expansión internacional del movimiento a finales de la década de los años 60 y se introdujera definitivamente en el contexto internacional.  

 

Este proceso tuvo dos fases: la primera tuvo como principal exponente a Robert F. Williams y la segunda a Stokely Carmichel. Los contactos que estableció Williams para contribuir a la lucha armada dentro del movimiento se produjeron a través de la Asociación Nacional del Rifle (NRA). Williams se puso en contacto con esta asociación para obtener los permisos necesarios para el desarrollo de la idea de la autodefensa. Para eso formó y armó a los miembros de la Guardia Negra. Williams entró en contacto con la lucha armada, no a través del marco ideológico de la Nueva Izquierda como hizo Carmichael, si no mediante una asociación norteamericana que nada tenía que ver con su ideología y que estaba formada en su mayoría por gente blanca.

Por su parte, la toma de contacto de Carmichael con la lucha armada y movimientos revolucionarios sí se produjo dentro de la esfera de la Nueva Izquierda. Empezó a replantearse las teorías de la no violencia de Luther King y se fue dando cuenta de que el contexto revolucionario de aquella época estaba liderado por la idea de la lucha armada fruto de una nueva concepción de las estrategias revolucionarias de acción. Mientras Williams tuvo que irse exiliado a Cuba para librarse de la justicia de su país, Carmichael emprendió un viaje por los países de la órbita socialista para aprender y nutrirse de los conocimientos necesarios para importar todo aquello que más útil fuera para el movimiento. En la forma que tuvieron de introducirse en el contexto de la lucha armada reside la mayor diferencia que hemos podido establecer entre ambos líderes del Movimiento Negro de Liberación.

Las políticas imperialistas, colonialistas y racistas estadounidenses contribuyeron a que, las conexiones y relaciones del Movimiento Negro de Liberación con algunos de los gobiernos socialistas o comunistas de diferentes países del mundo pudieran producirse. Este enemigo en común que compartían tantos países dio paso a la cooperación a diferentes escalas de los movimientos guerrilleros o gobiernos revolucionarios de alrededor del mundo. El objetivo era poner fin a una época en la que no solo Estados Unidos practicó el imperialismo y colonialismo, sino que la mayoría de las potencias Occidentales fue partícipe también de ello.

Por otra parte, las relaciones entre el movimiento negro y Cuba que, desde finales de los años 50 y principios de los 60, se desarrollaron cada vez con más frecuencia e intensidad. Robert F. Williams en un primer momento y Stokely Carmichael después, fueron las figuras más destacadas. Pero por en medio, numerosos afroamericanos y afroamericanas se desplazaron a la isla, de manera voluntaria o forzosa para refugiarse de los ataques racistas en Estados Unidos o para huir de la justicia, entre otras cosas. Los canales de difusión de estas relaciones fueron varios, pero los más importantes fueron los de difusión relacional y los de difusión no relacional. Ambos modos de difusión fueron fundamentales para desarrollar unos vínculos tanto políticos como sociales para establecer un marco común de acción y una manera de proceder contra el enemigo en común. El Movimiento Negro de Liberación necesitaba saber cómo se gestó en Cuba la Revolución, por eso el contacto directo de sus principales líderes con los revolucionarios cubanos fue tan importante. Establecer esos vínculos directos fue una manera de sellar un pacto simbólico por el cual el movimiento negro ganó un aliado que había demostrado ante la comunidad internacional que era un ejemplo para todos aquellos países que decidieran emprender la lucha armada. 

Ambos personajes vivieron experiencias en Cuba, pero en diferentes contextos. Williams llegó apenas dos años después del triunfo de la Revolución, mientras que Carmichael hizo lo propio siete años después, cuando la idea revolucionaria estaba ya consolidada y en plena actividad tanto política, económica y social. Contribuyeron a fomentar el debate acerca del racismo, el antiimperialismo y anticolonialismo y ayudaron a impulsar al movimiento fuera de sus fronteras para incluirlo dentro del marco revolucionario internacional. El movimiento fue girando hacia posturas más radicales conforme se iba adentrando en los años 60. 

Como hemos dicho, la difusión jugó un papel fundamental para poner de relieve una serie de cuestiones que de otra manera hubiesen tenido muy poca visibilidad. Por hacer mención de alguna de las publicaciones o medios de comunicación, Radio Free Dixie o revistas como The Crusader y The Movement, hicieron que se introdujera en el debate una terminología y una manera de entender la lucha que hizo que el movimiento se abriera a debate fuera de sus fronteras. La inclusión de la raza, el racismo, la clase o la revolución fue algo que alimentó en aquella época la discusión acerca de los procesos revolucionarios y dotó de significado las luchas de los pueblos del Tercer Mundo y en especial la del Movimiento Negro de Liberación y la del resto de negros que vivían oprimidos en otros países. Esta difusión permitió llegar a mucha gente y por tanto tener un gran efecto movilizador. 

Cuba por su parte, facilitó el contacto entre los revolucionarios cubanos y las principales figuras del movimiento negro. La isla estaba dispuesta a recibir a todos aquellos afroamericanos que no quisieran seguir viviendo en suelo estadounidense. Debido a la Revolución cubana, los países socialistas de África, Asia y América Latina pusieron el foco en la isla debido al ejemplo que había dado al mundo. Esto permitió que el Movimiento Negro de Liberación aprovechara la coyuntura para establecer contactos con algunos de los gobiernos o movimientos revolucionarios de esos países. Cuba se erigió como el punto de encuentro internacional para todos aquellos movimientos revolucionarios que quisieran establecer relaciones para iniciar procesos de cambio radical en sus países. 

Dentro de un contexto donde la Nueva Izquierda dominaba, la aparición de esta nueva corriente supuso que la postura de la no violencia comenzara a cuestionarse. La inclusión en el ideario revolucionario de la lucha armada permitió al movimiento salirse de la corriente local e inscribirse en la nueva oleada revolucionaria de manera definitiva. Podríamos decir que esta fue la principal aportación que el Movimiento Negro de Liberación recibió de la Nueva Izquierda, además de que gracias a ella pudieron adherirse a un marco en el que se les permitió encontrar una nueva realidad para avanzar en sus objetivos. Para la formulación de la ideología del Movimiento Negro de Liberación en general, y posteriormente, en especial la del Black Panther Party, la Nueva Izquierda fue clave. Este fue el motivo por el cual se produjo en el seno de la comunidad negra una ruptura entre los partidarios de la violencia y los partidarios de la no violencia. La comunidad negra no se había enfrentado aun a la llegada de nuevas interpretaciones de las formas de lucha. Por eso, la inclusión de estos nuevos preceptos hizo que las bases tradicionales se tambalearan y se produjera una reinterpretación de su ideario que dio paso a una nueva conceptualización de la lucha por los derechos civiles. La introducción en el debate de las nuevas formas de lucha hizo que los sectores tradicionales del movimiento no vieran con bueno ojos como cada vez iba ganando más terrero la lucha armada. Tal vez temerosos de que su gente fuera masacrada o de que sus intereses con los blancos pudieran verse afectados, la facción encabezada por los líderes más carismáticos del momento chocó con las nuevas ideas introducidas por jóvenes como Carmichael o Huey P. Newton.

Por otro lado, la lectura que se hizo desde el Movimiento Negro de Liberación sobre el papel que jugó la Revolución cubana en el inicio del periodo revolucionario fue múltiple, como hemos visto al analizar las revistas. En un primer momento, la expectación generada por ella sumergió a gran parte del Tercer Mundo en una espiral de esperanza, al ver que sus objetivos podían verse hechos realidad. Pero esta expectación no se vio reflejada en hechos tangibles. Sí que es verdad que el proceso revolucionario iniciado por Cuba supuso un antes y un después en la lucha armada latinoamericana y los intentos por emularla se sucedieron al largo de los siguientes años. Pero la realidad fue que muchos de esos intentos por cambiar el devenir de la mayoría de sus destinos no tuvieron el éxito deseado. También los países de la órbita occidental, en especial Estados Unidos, se cuidaron de que eso no sucediera haciendo todo lo posible para hacer fracasar los intentos de revolución. En todo caso, a partir de 1959 el continente americano casi en su totalidad vivió un periodo en el que la mayoría de los gobiernos fueron ocupados por dictadores dirigidos desde Estados Unidos, y los pocos países que consiguieron tener un presidente socialista o comunista, fueron despojados de un gobierno democrático para convertirse en dictaduras también.

Por último, la Guerra de Vietnam fue uno de los principales sub-detonantes dentro de la tercera oleada revolucionaria mundial. A través de la efectividad de la victoria del Vietkong, contra lo que Rapoport llamaba “la moderna tecnología del Goliat estadounidense”, la lucha armada se legitimó como uno de los principales métodos de acción para los movimientos revolucionarios (Rapoport, 2004: 55). A partir de este hecho los países del Tercer Mundo vieron su oportunidad para emular a los vietnamitas y el Movimiento Negro de Liberación también emprendió el camino de la lucha armada. Los años 60 y 70 fueron los del estallido, sobre todo en América Latina pero también en el resto del mundo, de las luchas de los movimientos revolucionarios contra el imperialismo estadounidense o contra unos gobiernos que atentaban constantemente contra los más oprimidos. El mundo se vio envuelto en una lucha de poder entre aquellos que reclamaban unas condiciones de vida dignas, como el caso de los negros en Estados Unidos, y entre aquellos que querían establecer un cambio político, económico y social dentro de sus países, como el caso de la Revolución cubana. Las potencias occidentales observaron como las prácticas colonialistas e imperialistas que habían llevado cabo años atrás se les estaban volviendo en su contra. Pero como hemos dicho con anterioridad, la fuerza con la que contaban los países del primer mundo dificultó la labor a los países tercermundistas hasta el punto de que los éxitos que cosecharon o bien tuvieron una duración muy corta o directamente no llegaron a buen puerto.

 

Notas:

[1] El origen del concepto “glocal” data de los años 80 del siglo XX y surge para explicar una determinada estrategia de márketing comercial que pretendía posicionar productos japoneses en un mercado global sin perder su identidad y sin renunciar a la actividad en los mercados autóctonos. Posteriormente la acepción del término será ampliada y dotada de sentido crítico e ideológico por Ulrich Beck, sin perjuicio de que Roland Robertson esté considerado como el autor que proporciona carga intelectual al concepto

“glocal”. Ver: https://debate21.es/2016/01/05/los-limites-de-la-globalizacion-lo-glocal/

Xavier Albert es politólogo por la Universitat de València y cuenta con un máster en Historia Contemporánea por la Universidad de Santiago de Compostela.

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