© 2019 Agón, Cuestiones políticas

Mujeres y violencias en los conflictos armados. El caso de las mujeres en Palestina

Silvia Tomás Tomás

En la actualidad, el papel que ocupan las mujeres en la sociedad es uno de los debates que ocupan gran parte de la agenda política y social, las relaciones internacionales y, en este caso, los conflictos armados, no podían quedarse atrás. 


Históricamente,  las guerras y los conflictos se han asociado a disputas armadas entre hombres de perfiles muy definidos: poderosos, fuertes y violentos. De hecho, el propio sistema patriarcal ha acuñado en nuestro imaginario la relación hombre=violencia, algo que ha tenido muy diversas representaciones en la “vida real”, entre las cuales destaca la violencia machista, las violaciones y los feminicidios. Ahora bien, ¿es cierto que en las guerras sólo aparecen los hombres?, la respuesta es claramente negativa. 


Las mujeres han sido, en muchas ocasiones, verdaderas protagonistas de los conflictos armados, de hecho, muchas recordamos esas manifestaciones feministas donde las mujeres gritaban “ni la tierra, ni las mujeres somos territorio de conquista”. Y es que efectivamente, en muchos de los conflictos el cuerpo de las mujeres ha sido entendido como un terreno más que ocupar ya que estas han sido, y son, entendidas  en primer lugar como un ser inferior que puede ser convertido en objeto de violencia sin ningún tipo de responsabilidad o importancia por parte del sujeto que ejerce dicha violencia. Por otro lado, en el caso de los conflictos armados, esta situación de inferioridad se agrava debido a que estas mujeres no solo son entendidas como seres inferiores sino que se leen como propiedades privadas de los hombres a los que se pretende atacar, son la pertenencia más preciada del bando opuesto. Es por esto que las violaciones se convierten en una poderosa arma de la guerra no sólo física sino también  psicológica, ya que no solo debilitan al sector femenino, sino que supone también una declaración de intenciones de unos hombres a otros (dentro de sus estándares patriarcales), “han venido a por la tierra y las mujeres”. 


A lo largo de artículo, se va a intentar hacer un humilde recorrido sobre la aparición del cuerpo de las mujeres en la resolución de conflictos, los diferentes tipos de violencia que sufren las mujeres, en un nivel general y más concretamente en el caso palestino, para así posteriormente poder hacer una exposición de los diferentes roles que ocupan las mujeres en los conflictos armados, que en muchas ocasiones, distan del imaginario expuesto anteriormente, como en el caso palestino el cual se considera paradigmático en lo que refiere al papel de las mujeres en el conflicto, o en este caso, la ocupación. 

 


La acción de la ONU contra la violencia sexual como arma de guerra

 

En las relaciones internacionales, y más concretamente en la resolución de conflictos, la violencia que se ejercía contra las mujeres no estuvo presente hasta la creación del Tribunal de Yugoslavia, momento en el que las diferentes violencias machistas como la violación, los abusos, los feminicidios o los abortos forzados pasaron a estar reconocidos por el derecho internacional, tipificándose estos como crímenes de lesa humanidad. Sobre esto, en el año 2000 el Consejo de Seguridad de la ONU en su sesión 4213, aprobaba la Resolución 1325 en la cual se expone la necesidad de incluir la perspectiva de género en el análisis de los conflictos así como la necesidad de invertir en el desarrollo de las mujeres y las niñas. 


Apenas ocho años más tarde, la ONU también aprobó la Resolución 1820/2008 donde se reconoce, esta vez sí, la violencia sexual como arma de guerra así como una forma de dificultar la paz. Esta resolución fue respaldada por otras entre las que destaca la Resolución 2106/2013 del Consejo de Seguridad de la ONU que insta a todos los actores internacionales a implementar las medidas contra la violencia sexual así como a luchar contra la impunidad de estos crímenes de guerra. 


Finalmente, en el año 2015 y en un intento de reafirmar todas las resoluciones citadas hasta ahora, la ONU publica la Resolución 2242  que insta a los Estados a revisar sus estrategias de implantación de los planes sobre mujeres y paz así como solicita que se aumenten las mujeres en los puestos de decisión y negociación, a la vez,  solicita también que se aumenten los esfuerzos para incluir las necesidades de las mujeres y la perspectiva de
género en la resolución de los conflictos, entre otras muchas demandas e instancias


De esta forma, la violencia machista presente en los conflictos armados pasa a visibilizarse en los espacios de decisión internacional como la Corte Penal Internacional o las Naciones Unidas. 

 


Los roles de las mujeres en los conflictos armados 


Más allá de la cuestión legalista y la postura del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, son varias las autoras que han escrito acerca del papel de la mujer en los conflictos armados. Es el caso, por ejemplo, de Carmen Magallón en cuyo artículo “Las mujeres como sujeto colectivo de construcción de paz” (2004) explica como a pesar de la capacidad de las mujeres para ejercer la misma violencia que los hombres, en la historia de los conflictos se ha relacionado la imagen de la mujer – y la de los niños – como sujetos a los que se ha de proteger y los cuales son portadores de paz. Esto se debe, en primer lugar, al ejercicio de la violencia estructural de la que se hablará más adelante, la cual deja fuera de los ámbitos de poder y decisión a las mujeres. 


En segundo lugar, relaciona la imagen de paz de la mujer con su maternidad explicando que “por el hecho de ser capaces de dar vida, son más pacíficas que los hombres; que ser madre y combatiente es una contradicción en los términos” (Magallón, 2004). La autora muestra una postura crítica a esta cuestión ya que niega que esto sea una realidad, es decir, niega el hecho de que la mujer – por el simple hecho de ser mujer y tener capacidad de parir – sea un "animal pacífico" o una encargada de llevar la paz a pesar de la imagen construida en torno a la feminidad pacífica. Magallón relaciona esto con el proceso de naturalización de los roles, mediante el cual se han entendido como naturales cuestiones construidas a base de discursos y coyunturas sociales,  que han acabado estableciendo la dicotomía mujer-paz/ hombreviolencia pero esto no es más que un producto social de un sistema que, como ya se ha dicho anteriormente, aleja a la mujer de la decisión y la zona del conflicto político, ya sea este pacífico o armado. 


Esta relación entre la feminidad – entendida como lo femenino según la sociedad – y la paz o los cuidados, ha sido criticada a lo largo de la historia por numerosas autoras, las cuales no sólo rompen con la relación mujer/madre sino que también afirman que todo es construcción de un sistema patriarcal. Entre estas autoras conviene citar a una de las feministas contemporáneas más polémicas, Virginia Despentes, cuando habla sobre su propia violación: “pero las mujeres sienten aún la necesidad de afirmar: la violencia no es una solución. (…) En lugar de vivir como una persona que no se atreve a defenderse, porque es una mujer y la violencia no es su territorio, como si la integridad física de un hombre fuera más importante que la de una mujer” (Despentes, 2006). Con cierta ironía, Despentes no sólo niega la relación mujer-paz como natural, sino que afirma que estas tienen la misma capacidad de ejercer la violencia que los hombres, solo que esta se ha ligado intrínsecamente a los hombres. 


En definitiva se puede afirmar que se ha construido un relato en el que las mujeres están tan ligadas a la ética del cuidado que no son capaces de ejercer violencia, pero que esto no es más que una falacia del patriarcado, ya que las mujeres son objeto pero también sujeto de la violencia. 
Antes de empezar a relacionar todos estos puntos con la cuestión palestina, es necesario aclarar lo que de forma implícita se establece a lo largo de este texto, la mujer siempre es una doble victima en el conflicto. En primer lugar una mujer es víctima en cuanto es mujer, es decir, toda mujer es víctima de la violencia estructural del sistema patriarcal en el que vivimos actualmente. En segundo lugar la mujer es víctima de la violencia del conflicto, muchas veces multiplicada en sus casos por la cuestión racial ya que durante las intervenciones extranjeras – OTAN, EEUU, ONU…- muchas de ellas sufren violencias por parte de estos ejércitos1 lo que las convierte en víctimas del conflicto, en víctimas de la violencia machista y en víctimas de la violencia racial y el etnocentrismo de las potencias occidentales.  


Como se ha dicho, el papel de las mujeres en los conflictos armados ha sido duramente invisibilizado a lo largo de la historia, y el caso palestino no iba a ser menos. Algo que desde luego llama la atención ya que han sido estas las que han protagonizado numerosos episodios de resistencia contra la ocupación israelí desde los inicios del conflicto, hace ya más de cien años. Si bien es cierto que el caso de las mujeres palestinas podría ser algo paradigmático en la ruptura de este sistema de reconocimiento patriarcal por el cual los hombres han sido premiados con la visibilidad y las mujeres con el olvido. Desde hace unos años hasta la actualidad son mujeres las que protagonizan en imaginario internacional sobre la resistencia palestina, además  mujeres que han sido reconocidas no por su papel para la paz, sino por el ejercicio de la violencia directa, son los casos de la líder el FPLP, Leila Khaled y la activista Ahed Tamimi. 


El caso de estas dos mujeres, y de las otras muchas de las que no se conocen sus nombres pero que realizan una labor de resiliencia y resistencia diaria, es un ejemplo de cómo en Palestina se ha dado un gran avance en lo que a los derechos políticos y civiles de las mujeres se refiere. Se podría decir que esto es otro “toque de atención” a la violencia cultural que se ejerce desde Occidente contra las poblaciones del Sur Mundial, en este caso no sería una cuestión de género únicamente, sino también una cuestión racial. 


Si bien es cierto, que la cuestión de la maternidad de la que se hablaba antes, merece una especial mención en el caso palestino, ya que esta es entendida por muchas mujeres como una herramienta de resiliencia. Recuerdo como durante una de mis visitas a los territorios ocupados, las mujeres hablaban de como en un contexto de ocupación, en el que una potencia militar extranjera está llevando a cabo una limpieza étnica en el territorio, las mujeres tienen un papel primordial, ya que son las únicas que tienen el poder de “reproducir la raza que quieren extinguir”, por tanto, se puede decir que la maternidad es entendida muchas veces como una respuesta a la Nakba (la limpieza étnica palestina).  
 
 

 

El triángulo de la violencia aplicado a las mujeres palestinas 


En primer lugar, cabe definir el concepto de “violencia”, para esto se puede referir al sociólogo noruego y padre de la disciplina de los estudios de la paz y la resolución de los conflictos, Johan Galtung. Para Galtung, el violencia se puede definir como “la simple acción de dañar o herir” (Galtung, 2003:20), pudiendo ser esta intencionada y consciente o no. Para Galtung, todas las formas de violencia se pueden englobar en tres tipos: directa, estructural y cultural. Ahora bien, asumiendo esta categorización de la violencia en tres tipos, es momento de definir como aparecen estos en el territorio palestino, y como afectan a las mujeres. 

El primer tipo de violencia que define el autor es la violencia directa que es aquella que es física, explícita e intencionada, es la violencia más fácil de identificar, en lo que refiere al conflicto palestino-israeli la violencia directa se refleja en los bombardeos a Gaza, la quema de los campos de olivos, los disparos y asesinatos a menores… en el caso de las mujeres, podría utilizarse la metáfora de iceberg que tantas veces ha sido usada por el movimiento feminista. Es el caso de la violencia machista visible, los golpes, los feminicidios, las violaciones … violencias que en conflictos armados cobran especial relevancia ya que son utilizadas como armas de guerra, hasta tal punto que han sido tipificados como crímenes de lesa humanidad, si bien es cierto que esto no sucedió hasta la creación del Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (Ríos, 2017).


En el caso concreto de las mujeres palestinas esta violencia directa es protagonizada por diferentes sujetos pero todos estos tienen algún tipo de relación con el régimen de apartheid. En primer lugar, son víctimas de la violencia del conflicto en cuanto a que son personas que viven bajo la ocupación militar israelí, en este caso, el hecho de que sean mujeres supone una escalda de la violencia ya que los cuerpos de seguridad israelíes son los
responsables de múltiples violaciones, abortos provocados, violencia física y psicológica, etc. 


Por otro lado, las mujeres palestinas son – al igual que todas nosotras – objetos de violencia directa por parte de la sociedad patriarcal que las rodea, con esto se quiere decir que los varones palestinos también ejercen violencia directa contra las mujeres palestinas. Ahora bien ¿qué relación tiene esto con la ocupación militar?, como ya se conoce, la construcción social de la masculinidad es excesivamente frágil, un varón sobre el que recae la “obligación social” de mantener a una familia, de representar el papel del líder del hogar, de la figura fuerte y poderosa, se ve privado de dicho papel cada vez que sale de casa, esto se debe a que para llegar al trabajo han de cruzar controles militares que muchas veces les impiden llegar a trabajar, en los cuales estos varones palestinos sufren un cambio de rol en el ejercicio de la violencia, pasan de ser el sujeto a ser el objeto, son las víctimas. Esto, sumado a la naturalización del uso de la fuerza por parte de la población, motivada por los más de 70 años de conflicto, refuerza la violencia directa que estos varones ejercen contra las mujeres palestinas en el hogar. En resumen, la privación de la posición de poder socialmente atribuida a los hombres se transforma en violencia directa contra las mujeres palestinas, en un intento de reafirmar el control  y un status que han perdido por la ocupación 2. 


El segundo tipo de violencia que se viene a explicar, es la violencia estructural. Dicha violencia es aquella que es inherente a la organización socio-política, a diferencia de la violencia directa, esta es indirecta, invisible y no tiene por qué ser intencionada o tener unos actores totalmente definidos sino que es la repetición de ciertas conductas que de alguna forma discriminan o generan situaciones de violencia, entendiendo esta como la acción de dañar (Galtung, 2003: 20). En el caso del conflicto palestino, esta violencia encuentra su máximo exponente en la legalización del sistema de apartheid, en la creación de espacios en los que las personas palestinas tienen vetada la entrada como carreteras o ciudades, en la construcción del muro… En el caso de la violencia machista, este tipo de violencia es la que se ejerce con las dicotomías ligadas al género como la separación del espacio público(hombres)/privado(mujeres), los techos de cristal, la discriminación laboral, la relación de las mujeres como único sujeto del cuidado, la feminización de la pobreza, etc. En el caso de las mujeres palestinas, esta violencia es la que sostiene los casos de violencia directa de los que se hablaba anteriormente, es decir, es la existencia del apartheid – y por tanto de la violencia estructural – la que provoca la aparición de los casos de violencia directa por parte de las fuerzas armadas israelíes. 


Finalmente, el último tipo de violencia que define Galtung es la violencia cultural, que es aquella que legitima los dos tipos anteriores, es “toda ella simbólica” (Galtung, 2003:20), son las tradiciones, el lenguaje, los medios de comunicación y los discursos, cuyo objetivo es refrendar las violencias directa y estructural. En el caso de las mujeres palestinas, son dos los casos que se pueden destacar, ambos ligados a la religión.


A pesar de que Palestina no es, ni ha sido, un país fundamentalista donde la sharía tome especial importancia, es cierto que con el establecimiento del Estado Judío, el islam toma un papel importante en la sociedad civil palestina, ya que la religión es entendida como una herramienta para crear la diferencia entre la población y la cultura autóctona y la ocupante, algo a lo que partidos fundamentalistas como Hamás han sabido sacarle mucho rédito en la batalla electoral. Este hecho, lleva a que las mujeres sufran una mayor discriminación, porque al igual que en otras religiones como el catolicismo o el judaísmo, en muchos casos las mujeres son relegadas al ámbito privado, excluyéndolas en muchos casos de la posibilidad de trabajar. Esto se agrava en los casos en los que es necesario el paso por un checkpoint para la llegada al trabajo ya que el Estado israelí rara vez concede más de un permiso de paso diario por familia lo que contribuye a que las mujeres sean las que se encargan de las tareas del hogar perpetuando, no solo su labor reproductiva de cuidados, sino también la feminización de la pobreza según la definía Haraway (1995:35) - es decir, la relación de lo socialmente entendido como trabajo femenino a un trabajo de menor valor-  pero también en el sentido literal de la expresión, ya que estas situaciones dejan a las mujeres con escasa autonomía económica.


Por otro lado, esta intención de fronterizar con el discurso ocupante mediante la religión, ha hecho que el uso del velo por parte de las mujeres palestinas sea muchas veces una herramienta política, ya que es una forma de resistencia simbólica – o violencia cultural – de las palestinas frente a la ocupación, es el uso de la religión como un arma cultural contra el sionismo. Esto es uno de los casos en los que las mujeres palestinas rompen con la idea “mujer=paz” y pasan a convertirse en sujetos de la violencia.

Silvia Tomás Tomás

                                             

Referencias:

1. Sobre esto, se recomienda la película “La vida secreta de las palabras” de Isabel Coixet.

2. Con esto no se quiere decir que la violència machista en el hogar esté justificada, pues, como en los paises en situación de paz, esta viene motivada por unos roles de genero que es necesario revertir y que en el caso palestino, son muchas las organizaciones de feministas que están trabajando para parar el auge de la violencia machista.

Articles recomanats

Violència, impotència, sofriment a la convulsió mundial

Posfordismo y acción colectiva: repensar la estrategia

Spinoza reloaded. Estructures i politica en Frédéric Lordon

Entrevista a Daniel Raventós

  • Blanco Icono de Instagram
  • Twitter Icono blanco
  • Blanca Facebook Icono
  • Telegram-White-PNG

ReconÈIXER la tradició 

plurinacional i emancipatÒria

del nostre país 

es la condició de possibilitat

per A poder governar-nos

VOLS PUBLICAR

A AGON?