Análisis de las campañas en Galiza y Euskadi: ¿continuidad o renovación?

Carla Monleón i Xavier Calafat

Mañana domingo 12 de julio la ciudadanía vasca y gallega está llamada a las urnas después del adelanto y posterior suspensión de las elecciones autonómicas. Las primeras durante una pandemia que ha tenido unas consecuencias durísimas para el conjunto de la población. Citas doblemente importantes: será la primera evaluación del gobierno de coalición y pueden decantar las posiciones de fuerza de los miembros del “bloque de investidura”. En ambos casos, ha sido una convocatoria no exenta de conflicto entre el gobierno y la oposición. Tanto que, en Euskadi,en plena recta final de campaña, tras los rebrotes surgidos, se ha llegado a prohibir el voto de los contagiados, reforzando el relato de algunos grupos políticos que ya habían cuestionado esta convocatoria electoral . En Galiza la preocupación por algunos casos, como el de A Mariña ha levantado la polémica en los últimos días de la campaña. En definitiva, ha sido una campaña atípica, sin excesos ni actos multitudinarios, en la que los partidos se han visto obligados a innovar, dando mucha más importancia al efectismo, a conseguir captar la atención de los y las electoras en un momento en el que la atención ciudadana no está puesta en la disputa electoral.

 

Analizar estas campañas puede ser útil para averiguar los rumbos que seguirán los actores políticos y las tendencias del nuevo ciclo político.

 

Euskadi. Urkullu impone su ritmo

 

La campaña vasca se ha vuelto a caracterizar por la relación amor-odio que tienen los partidos políticos con el PNV. A pesar de estar atravesando la mayor crisis de los últimos años, con la supuesta corrupción de los contratos fraudulentos de Montai, la crisis en la gestión del vertedero de Zaldibar, donde, meses después, los dos trabajadores del vertedero siguen sin aparecer, y la gestión de la COVID, no parece que esto vaya a pasarle factura electoral. Si bien, antes de la pandemia, estas dos primeras crisis parecían poder mover los cimientos de su modelo, la llegada de la COVID ha cambiado la percepción y las prioridades. Ahora la pregunta se centra con mayor fuerza que antes en quién es capaz de dar mejores respuestas a las demandas de la ciudadanía vasca. En este sentido, parece que las fuerzas políticas de la oposición no están siendo capaces de articular una propuesta convincente, segura y alternativa a la del PNV. Como decía Frederic Jameson, “parece más  fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”, y esto parece que se pueda atribuir a buena parte de la sociedad vasca e incluso -y lo más grave- a los partidos políticos que aspiran a liderar el país. Pareciera que es más fácil imaginar el fin de Euskadi que el fin de un gobierno del PNV. 

Si analizamos las claves de campaña, el PNV ha demostrado que incluso en momentos de crisis, sigue teniendo la capacidad de hegemonizar los debates públicos y marcar el rumbo de la oposición, haciendo que ésta hable sobre los temas que los jeltzales ponen encima de la mesa. Decía el otro día Andoni Ortuzar que "desde el primer día hemos sido blanco de todos los partidos, que han demostrado no tener más ideas ni más proyecto que debilitar al PNV". Si bien esto no es cierto, no se puede perder de vista la poca capacidad que ha tenido la oposición para plantear un discurso que dibuje un modelo de país y perfilarse como opción de gobierno. Hemos visto a una oposición centrada en criticar la gestión del PNV, pero incapaz de hacer propuestas sólidas a una ciudadanía que no se siente cómoda con un ambiente de confrontación como el del Congreso de los Diputados, y que espera de sus líderes políticos certezas para abordar la salida de la crisis. 

La propuesta estrella de la candidata de Elkarrekin Podemos, Miren Gorrotxategi, ha sido el “tripartito de izquierdas”, una propuesta que no solo nadie ve realista, sino que además fomentaría, en el mejor de los casos, un trasvase de voto de EP a EH Bildu, y en el peor, la desmovilización de los votantes abertzales y del PSE debido a las reticencias históricas entre ellos. Por lo que esta propuesta, exportada directamente de la campaña estatal a la campaña vasca, además de no beneficiar en ningún caso a Elkarrekin Podemos, podría perjudicar al bloque progresista en su conjunto. Esta campaña ha tenido ciertos momentos en los que se ha visto mermada su imagen de marca, con el famoso vídeo de los Power Rangers vs Urkutron, en el que, vistas las reacciones, ha quedado claro que no todo vale con tal de ganar visibilidad. Además, la visita de Pablo Iglesias conllevó un titular en el que celebraba que hubiese una derecha como la del PNV y no la de Pablo Casado. Unas declaraciones que, si bien en España pueden tener sentido, ponen en un aprieto a su federación vasca. A esto se le suman las desafortunadas declaraciones de Pablo Echenique sobre la comisión de investigación de los GAL, unos hechos que siguen marcando a una sociedad que exige verdad, justicia y reparación de todo el daño causado. En definitiva, parece que Elkarrekin Podemos tiene grandes dificultades para perfilarse como una fuerza política de futuro en Euskadi. 

El PSE seguramente hubiese preferido ir a votar directamente y no tener que pasar por una campaña electoral. Y es que saben que por pocos escaños que saquen tienen su espacio asegurado en el gobierno de Urkullu. Además, tienen serios problemas para ubicarse como un referente de izquierda útil para la ciudadanía vasca, ya que su acuerdo de gobierno no sólo les invisibiliza, sino que imposibilita que puedan hacer referencia a aquellas mejores políticas públicas que llevarían adelante en caso de gobernar. Por este motivo, los socialistas han apostado por un perfil bajo, con su candidata, Idoia Mendia, más cómoda haciendo campaña contra la derecha y hablando de los beneficios del gobierno de Sánchez que de los cambios que Euskadi necesita.

EH Bildu parece el único partido que ha estado dispuesto a competir de tú a tú con el PNV. Los abertzales han sido los únicos que han comprendido la pregunta “¿de qué forma vamos a salir de la crisis?”, entendiendo que la ciudadanía vasca exige orden, certezas y seguridad, y apostando por una campaña centrada y con propuestas. Cabe destacar que la atención ha estado puesta principalmente en su candidata, Maddalen Iriarte, más que en el histórico dirigente abertzale, Arnaldo Otegi. No obstante, EH Bildu tiene un techo electoral que difícilmente va a poder superar en el corto plazo, al que, los ataques a las sedes de los partidos políticos por parte de ciertos grupos abertzales, y el consiguiente debate dentro de la coalición sobre de qué forma rechazarlos, no han contribuido a derribar. A pesar de ello han comprendido que estaban en disposición de atraer a buena parte del electorado de Elkarrekin Podemos y que para ello necesitaban transversalizar su discurso, centrarse en el campo social y demostrar utilidad. La primera prueba de ello fue el acuerdo para la derogación de la reforma laboral impulsada en el Congreso de los Diputados, una jugada que pareció incomodar a los jeltzales, referentes en aparentar ser quienes llevan las mejoras a Euskadi. Su lema de campaña, “Egiteko Prest” (preparados para hacer) es toda una declaración de intenciones, que busca salir del imaginario de oposición y evocar uno de gobernabilidad. Lo que falta por ver es si este movimiento corresponde a un giro táctico propio de la campaña electoral o en cambio pretende ser un giro estratégico y duradero en el tiempo. La próxima legislatura nos dirá.

 

La derecha, desde la elección de su candidato, Carlos Iturgaiz, ha dado pocas sorpresas: sacrificar Euskadi para ganar votos en España. Curiosa la elección del lema “Un plan para el futuro” con un candidato proveniente del pasado. Seguramente muchos militantes del PP echarán de menos a su antiguo dirigente, Alfonso Alonso, caracterizado por un perfil más centrado y con las miras puestas en la Euskadi del presente. El pacto PP+Cs nos ha hecho ver a Ciudadanos tener que retractarse de las declaraciones hechas en el pasado sobre el concierto económico y el autogobierno vasco, montando incluso un acto de campaña en el histórico árbol de Gernika, referente del autogobierno. Y es que, mal que le pese a la derecha española, el electorado del PP Vasco es principalmente foralista. No sorprendieron tampoco las acusaciones de Iturgaiz en el debate electoral: trayendo de nuevo temas como la violencia de ETA y tratando de ubicarse en un marco del que la sociedad ya ha salido. Si el PP tenía alguna posibilidad de consolidarse como una derecha española, moderada, de acuerdos transversales y más parecida a las derechas europeas, todo apunta a que este nuevo liderazgo acabará con ella.

 

A modo de conclusión, el PNV vuelve a demostrar que sabe representar como nadie el imaginario vasco, hablándole a la sociedad como un padre que cuida de su familia. Han centrado su mensaje en la salida de la crisis mientras el resto hacía propuestas inconexas y basaba la campaña principalmente en replicar a Urkullu. Gran error por parte de la oposición pasar dos días respondiendo a Urkullu sobre por qué el PNV no es realmente de izquierdas, como si la ciudadanía les votara por ello. No importa tanto si el adversario miente, lo importante es si éste es capaz de construir un imaginario de certezas y defensa de lo vasco. En este sentido, a la oposición le queda un camino por recorrer. 

 

Galiza. Del regionalismo de Feijóo al resurgir del BNG

 

La tierra gallega encara estas elecciones autonómicas del 12J con más certezas que dudas. En esta cita electoral, según los sondeos de los que disponemos hasta hoy, parece que se confirmará la hegemonía de Núñez Feijóo, el cual ganaría con una mayoría holgada y a su vez, mantendría en el espectro de la derecha una hegemonía incuestionable, al no conseguir, a día de hoy, ni Vox ni Ciudadanos los votos suficientes para entrar en el Pazo do Hórreo. Parece que el dominio de Feijoo, empeñado en aparecer como el moderado del Partido Popular, arropado por Rajoy en muchos de sus mítines, se opone a la tónica general seguida hasta ahora por la derecha española: frente a los “tres pianos de Aznar” que decía Enric Juliana, el liderazgo único y regional. 

 

Sin embargo, no todas las aguas siguen igual su curso. El tablero político gallego empieza a transformarse; así en las aguas de la izquierda, la caída en picado de Podemos y el resurgir del histórico BNG, que se sitúa en las últimas encuestas en empate técnico con el PSdeG, se muestran como otras certezas que de confirmarse, arrojarían nuevas perspectivas y la posibilidad de explorar otros caminos. El BNG, con el liderazgo de Ana Pontón promoviendo una cierta renovación, como contaba Moisés Pérez desde el País Valencià, aparece como el antagonista natural del PP y la  fuerza de oposición mejor posicionada. Aunque tal vez, algunos exageran cuando hablan de que Pontón pudiera convertirse en la primera mujer presidenta de la Xunta, sí, las izquierdas consiguen la ansiada “competición virtuosa”. 

 

¿Cuales han sido a nuestro entender las claves, en que se han movido los actores políticos en esta campaña atípica? 

 

Ya de por si las elecciones autonómicas suelen ser el momento de hablar de los temas propios de cada comunidad, aunque en esta ocasión se retroalimentan dos razones: por un lado la evaluación que hace la ciudadanía del gobierno de coalición ante la Covid19 y por otro, las fase de “rebelión provincial” [1] en la que ha entrado la política española. Lo primero es evidente. Sobre lo segundo vale la pena comentar algunos aspectos. 

 

No es casualidad que el despegue del BNG en las encuestas se produzca en esta coyuntura, de rebelión, ante el centralismo neoliberal encarnado en el Madrid de las élites. En definitiva, una situación de crítica anti-centralista y revalorización de las opciones políticas no-estatales. Además, es lógico pensar que dado el contexto y el lugar-Galiza es una nacionalidad histórica-, la contienda electoral lleve a favorecer aquellas opciones políticas que aparezcan ante la ciudadanía como “autocentradas” en los problemas del lugar en cuestión.

 

Esto lo ha sabido leer a la perfección Alberto Núñez Feijóo, basta ver la campaña que ha hecho el PP gallego; por un lado ocultar las siglas del partido, algo que no es de extrañar y que otros candidatos del PP como el vasco Borja Semper han hecho. La marca en este caso, es el candidato, puesto que Núñez Feijóo significa Galicia. Los carteles con la cara de Feijóo alternados con otros en los que simplemente sale “Galicia” en letras grandes con color blanco bajo fondo azul o los que salen con el lema de campaña “Galicia é moito”, o la aparición de la  imagen con la silueta de Galicia,  nos dan una clara muestra de este objetivo bastante logrado, de conseguir una identificación plena entre los intereses de Galicia y Feijóo como su valedor.

 

Es fácilmente identificable el regionalismo del candidato conservador, que como nos recordaba Maceda, tiene ya pretendidos imitadores en el territorio valenciano. Este regionalismo conservador, que algunos analistas han sabido leer como una clara voluntad gramsciana capaz de identificar el sentido común del pueblo gallego [2], ha demostrado ser tremendamente exitoso. Discursivamente el PPdeG, ha sido capaz de proyectar un horizonte de certezas y seguridades para el pueblo gallego, a la vez que presentaba a las fuerzas políticas de izquierda como el desorden. Por otro lado, la capacidad del candidato conservador para “bailar” en los discursos de Vox y Ciudadanos, mientras marca su perfil propio, impone un tapón a la fuga de votos hacia las otras derechas.

 

Además, el discurso que Feijóo dirige al BNG, dibujando al adversario mediante la acentuación de su componente izquierdista y minimizando el galleguista, situándolo como el antagonista principal-resuenan las enseñanzas de Fraga-, ha provocado cierta comodidad del espacio nacionalista para superar los encasillamientos en los que se les sitúa. 

 

Aunque ahora los galleguistas gocen de un espíritu de renovación, queda lejos la capacidad de realizar aquello que el incansable Beiras señalaba como indispensable para devenir hegemónicos: “ir más allá de los lindes del propio espacio social e ideológico peculiar y propio[3]. Si bien, parece innegable que el nacionalismo gallego vive uno de sus mejores momentos, con un liderazgo como el de Ana Pontón, levantando el entusiasmo en la ciudadanía gallega, e intentando disputar al PP de Feijóo la hegemonía sobre el significante “Galicia”. Los galleguistas han demostrado en campaña una gran versatilidad a la hora de promover medidas bien estudiadas y con amplio consenso en la ciudadanía gallega, evitando los núcleos más duros del pensamiento nacionalista y centrándose en la cuestión de los derechos sociales, como la defensa de Alcoa o la sanidad pública. En su campaña, hemos visto también la preferencia por la imagen de la candidata con un fuerte personalismo.

 

Los últimos sondeos nos confirman el ascenso de o Bloque, que en pocas semanas ha ido situándose en el empate técnico con el PSdeG. Los trasvases de voto podrían ser en parte “voto castigo” por la gestión del gobierno de coalición de la crisis de la Covid19, robando algunos votos a los socialistas. Queda por ver si esta nueva “transversalidad” de los nacionalistas-que como decíamos, también es observable en Bildu- podrá dejar atrás los años de cierre de filas dogmático y si su pragmatismo no derivará en el moderantismo anterior, que la formación adoptó a partir del año 2003 [4].

 

Pero sin lugar a dudas, la fragmentación de aquel embrión de un nuevo soberanismo gallego que aglutinara a fuerzas nacionalistas y federalistas a la izquierda del PSOE, que tras la irrupción de Podemos dio lugar a En Marea; capaz de plantear sin titubeos la necesidad del derecho a la autodeterminación de Galiza, estaría beneficiando al BNG. 

 

La marca con la que acuden algunas partes de aquel embrión, bajo el mando de Unidas Podemos, “Galicia en Común-Anova-Esquerda Unida-Mareas” da una muestra de la pérdida de sedimentación de esa identidad y la opción por coaliciones de siglas sin una clara implementación y despliegue sobre el territorio. Queda lejos la experiencia de En Marea, la cual pudo representar con bastante éxito un partido frentepopulista que conjugaba la reivindicación nacional gallega y la transformación de España, caminando hacia un sujeto político que trascendiera la simple fórmula de coalición de partidos. Por otro lado, las otras partes de ese sujeto, que representan su vertiente más soberanista, se encuentran en la Marea Galeguista que a día de hoy no conseguiría ningún escaño.

 

Este espacio ha venido a ser conocido como el “rupturismo gallego” debido al conflicto ya casi permanente entre las diferentes familias y tradiciones políticas que lo integran. Algunos pensaron que tras las elecciones del 10-N y la entrada del BNG, cabía la posibilidad de que el resultado de de las autonómicas arrojara un hemiciclo como el del año 1981, con seis grupos políticos. Lo que favoreció la división del espacio. Sin embargo, a día de hoy, parece claro que será como el de los años noventa y dos mil, con un tablero político donde habrá tres fuerzas principales: el PP,  que busca su cuarta mayoría absoluta, una fuerza de centro-izquierda como el PSdeG y la novedad de que el BNG podría situarse como la principal fuerza de oposición. A falta de saber el resultado que tendrán finalmente los morados.

 

La campaña de Galicia en Común, ha seguido las líneas generales del argumentario del partido a nivel estatal, es decir, ha seguido la inclinación de Unidas Podemos de anteponer el eje social al eje nacional, intentando reivindicar una especie de patriotismo de los derechos sociales frente a los nacionalismos periféricos. A pesar de que el discurso de los morados en Galiza siga haciendo referencia al “país”-referido en este caso a la tierra gallega- e incluyan algunos restos del soberanismo de Beiras, no se atisba el soberanismo galleguista anterior, que con el impulso del 15-M y la reivindicación de las peculiaridades nacionales propias gallegas, consiguió el sorpasso al PSdeG. 

 

La tónica general ha sido tirar del prestigio de figuras como Yolanda Díaz, presente en muchos actos de campaña o incluso de Ada Colau que apareció en el cierre de la misma. Los morados siguen aprovechando el empujón que ofrece estar en el gobierno central, pero queda por ver si eso servirá para algo más que salvar los muebles. Los sondeos sitúan a los de Pablo Iglesias como la última fuerza del Parlamento Gallego, con unas horquillas que van de 3 a 6 escaños. 

 

En definitiva, el resultado del domingo puede corroborar la tendencia de auge de fuerzas nacionalistas y/o regionales, con Feijóo anteponiendo-en sus palabras- “Galicia, al Partido Popular” y el BNG en ascenso. Sin embargo, de esta forma el tablero político vuelve a las posiciones anteriores al 15-M, y finaliza-de momento- la experimentación tan rica que produjeron las mareas municipalistas y los Beiras Boys [5].

 

Conclusiones. Lecciones para el País Valencià

 

De estas elecciones se pueden extraer algunas lecciones, que para el caso del País Valencià pueden ser importantes. Por un lado, los liderazgos que el PNV y el PPdeG han consolidado bajo formas más o menos regionalistas, parece que es el modelo que los socialistas valencianos aspiran a conseguir. 

 

Por otro, en el campo progresista se ha producido una suerte de “transversalización” de los nacionalismos de izquierda, que en el caso de EH Bildu y BNG se han traducido en colaboraciones más estrechas con el gobierno de coalición y la capacidad de ofrecerse a su electorado como fuerzas decisivas en el futuro de España. Compromís hace tiempo que está en esas, aunque dadas las particularidades valencianas, hasta ahora ha tenido poco éxito a nivel estatal. Eso, a pesar de la gran labor de su único diputado, Joan Baldoví, que ha conseguido grandes avances en materia de financiación autonómica. 

 

En el caso de Unidas Podemos, tras la victoria de Pilar Lima y el triunfo de las tesis más hostiles hacia la colaboración con los valencianistas se puede producir una debacle similar a la que se espera en Galicia en Común o en el mejor de los casos un resultado mediocre. Repasar al respecto los debates estratégicos de En Marea y valorar cómo ha afectado la fragmentación a ese espacio puede ser útil para repensar fórmulas frentepopulistas, que conjuguen la reivindicación nacional propia con posturas federalizantes de España. 

 

La más que esperable “ola” de reivindicación en clave ya sea autonomista, regional o nacional puede coger a los morados a pie cambiado. Pero esta situación, podría ser aprovechada por aquellos que entiendan la necesaria colaboración orgánica en clave plurinacional.

Notas

1. Recuérdese que en las Cortes Españolas hay un total de 43 diputados pertenecientes a fuerzas de ámbito no estatal.

2. Calvo Varela (2020) “Feijóo, el PPdeG y la hegemonía” en El Salto https://www.elsaltodiario.com/politica/feijoo-el-ppdeg-y-la-hegemonia 

3. Beiras, X.M (2010) “La doctrina de los dos mundos en el nacionalismo gallego actual” en Sin Permiso https://www.sinpermiso.info/textos/la-doctrina-de-los-dos-mundos-en-el-nacionalismo-gallego-actual

4. Para una comprensión de la deriva moderada del BNG- que llegó a entenderse antes que con los otros nacionalismos de izquierda con el PNV o con la antigua CiU- véase Pastoriza, X. (2016) “Aproximación a los orígenes y evolución del nacionalismo gallego” en Viento Sur https://vientosur.info/IMG/pdf/aproximacio_n_a_los_ori_genes_y_evolucio_n_del_nacionalismo_gallego.pdf

5. Pastoriza, X. & Fernandez, B. (2020) “Una breve radiografía crítica de las elecciones gallegas” en El Salto https://www.elsaltodiario.com/opinion/analisis-posibilidades-izquierda-derrotar-feijoo-elecciones-gallegas   


 

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