Consecuencias del Covid-19 en el turismo ¿Un nuevo paradigma?

Diego Domenech

Difícil se nos hace imaginar el mundo en el que vivimos sin turismo, pero ¿puede este desaparecer por culpa de la actual crisis?, ¿se verá resentido el sector?, ¿hasta cuándo?, ¿a qué segmentos de la población afectará? 


Preguntas y más preguntas abordan a la población durante el actual período de cuarentena. Preocupaciones que nos consumen y desgastan sumado de una falta de quehaceres que nos resquebraja la mente y agota. Algo hay que hacer, pues las preguntas no tienen respuesta y ahora es tiempo de reflexión. 

El turismo se ha consolidado como una de las principales industrias en España y muchos países del mundo, por lo que su desaparición total o parcial sería catastrófica para la economía de los países. La actividad turística tal como la conocemos, se ha ido gestando desde el siglo XX debido a diferentes cambios en la mentalidad de las personas, nuevos medios de transporte e infraestructuras óptimas, poder adquisitivo mayor y vacaciones pagadas. Esto, junto con la globalización y la interconectividad, ha hecho del turismo su democratización y/o popularización. 

Pero el turismo siempre fue muy flexible y debe adaptarse a cualquier circunstancia, como lo ocurrido el 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington. Tras el atentado terrorista, la conmoción fue inmensa tanto para la población norteamericana como para la mundial; el miedo imperó y se adueñó de gran parte de la población, hasta tal punto que, según afirman expertos, el turismo nunca antes había pasado por una situación de tanta conmoción y debilidad. La situación se tornó tan seria que, hasta el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, comunicó a la población su apoyo al turismo y les animó a volver a viajar. Esto no solo lo hizo para reactivar el sector, sino también con un trasfondo social, una necesidad de que la sociedad entienda que todo sigue igual, que todo va bien. 

A principios de 2003, aparece el “síndrome respiratorio agudo”, que en inglés se conoce como SARS. Este se apodera de parte de la población de China y Vietnam, entre otros países. En esta tragedia, al igual que en el atentado de Estados Unidos, altos cargos políticos y personajes locales famosos instaron, una vez pasado el peligro, a reactivar el turismo nacional e internacional. 

Podemos observar que, en ambos casos impera el mismo pensamiento final: “que todo vuelva a la normalidad”. Así nos damos cuenta de que el turismo no solo se ha convertido en una industria con unos beneficios altísimos, sino que también tiene un factor sociopolítico enorme. Este sector se debe situar en el centro de los modelos de comprensión de la sociedad. No se puede entender cualquier ciudad sin tener en cuenta al turismo y, por lo tanto, debe ser estudiado desde las diferentes disciplinas que engloban a la población. Solo así entenderemos el turismo y los beneficios y consecuencias que puede tener.

Volviendo al punto de partida y expresando ya mi opinión, el turismo, tan importante y presente, se ha situado como una necesidad imperante para las personas. Generalizando, todo el mundo quiere viajar, quiere hacerse fotos con escenarios simpáticos, conocer otras culturas, aprender, disfrutar y un largo etcétera. Esta es una crisis a nivel mundial en comparación con la limitación de las anteriores analizadas, pero, bajo mi punto de vista, es una necesidad que seguirá existiendo hasta que una mayor o transformada la consuma. Afrontando la probabilidad de que se resienta y que el número de viajeros se reduzca drásticamente, ¿tal vez no es el momento perfecto para preguntarnos si nos interesa el tipo de turismo que consumimos?, de reflexionar acerca de ¿será mi viaje responsable con el medio ambiente?, ¿favoreceré con mi reserva en Airbnb a un proceso de gentrificación de los barrios?, ¿comprando en esta tienda de suvenires perjudico al comercio local tradicional?, ¿cuál será la huella de carbono de este viaje?, ¿puedo contribuir de alguna forma en la economía local?, ¿puedo utilizar transporte público en vez de alquilar un coche?, ¿la excursión que he contratado es responsable con el medio ambiente? Y un sinfín de preguntas para tener la voz de la conciencia calmada. Pero ¿nuestros esfuerzos individuales son útiles para el cambio, o es necesaria la participación y regulación activa de entes públicos y privados para la consolidación de un turismo sostenible? 

La sostenibilidad del turismo comporta, a grandes rasgos, el bienestar de la sociedad, la economía y el medioambiente. Entendiendo a su vez el gran poder sociopolítico que tiene y augurando que el turismo puede que se resienta considerablemente, podríamos realizar y extender nuestras reflexiones a otros sectores que participan en él. Solo así, aceptando que los países se rigen, en parte, por este y entendiendo el turismo no como un “qué le pasa al turismo” sino como “qué pasa en torno al turismo” podremos apreciar los efectos y posibles cambios que el turismo generará en la sociedad, gracias o por culpa de esta nueva crisis. 


 

Bibliografia

 

Larrinaga, C. (2015). De las playas frías a las playas templadas: la popularización del turismo de ola en España en el siglo XX. Cuadernos De Historia Contemporánea, 37, 67-87. https://doi.org/10.5209/rev_CHCO.2015.v37.50987

 

Jafari, J. (2005). El turismo como disciplina científica. Política y sociedad, 42(1), 39-56.

 

Russo, A. P. (2016). Las nuevas fronteras del estudio del turismo: retos conceptuales y epistemológicos. Revista CIDOB d'Afers Internacionals, 113, 15-32.

 

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