Los memes y la militancia política

@neuraceleradisima

Sabemos desde hace tiempo que buena parte del poder en la sociedad se disputa en aquellos espacios donde se produce y reproduce cultura, entendiéndola como el mundo de significados sociales desde los que damos sentido al mundo. La política, desde esta perspectiva, es una disputa por volver mayoritarias interpretaciones particulares -y por ello, siempre ideológicas- de los acontecimientos que nos afectan como sociedad, nombrando a la vez que produciendo los sujetos colectivos a movilizar en tal disputa, y prescribiendo ciertos principios de ordenación social y no otros. Las comunidades existentes en Internet, igual que las que existen presencialmente, son espacios ricos en producción y difusión de dispositivos culturales que instituyen sentidos desde los que pensarnos, algo especialmente visible en los memes. Al compartir un meme que señala como problemáticos determinados aspectos de la sociedad patriarcal, o que ridiculiza a través del cliché el comportamiento de los ricos, nos adherimos a sus propuestas de sentido y contribuimos a volverlas reales, esto es, les concedemos la potencia de describir los acontecimientos de nuestra sociedad. Con una comunidad que se mide en el orden de los millones de usuarios y una frecuencia de consumo que ya querrían para sí los medios de comunicación tradicionales, el trabajo político en redes sociales podría ser una trinchera digna de disputarse para una fuerza política dispuesta a pensar España como patria progresista movilizando los símbolos y relatos que puedan convertirla en una idea con tracción social efectiva. 

 

    La comunidad memética en redes sociales, integrada por un público de cientos de miles de usuarios y con presencia notable de contenidos progresistas podría ser considerada una de esas trincheras gramscianas que convendría asaltar, como ya comienza a entender parte de la extrema derecha juvenil. Son varios los rasgos de afinidad entre la lógica memética y la lógica política. El primero, que buena parte de los memes exitosos lo son bien por su carácter relatable -esto es, generadores de identificaciones colectivas a partir de experiencias cotidianas individuales- o bien por su potencia humorística, en buena parte de los casos sostenida a través de exclusiones y señalamientos -reírse de alguien, o de algo que hace alguien-. Estos dos elementos resuenan con la conceptualización schmittiana de la frontera amigo vs. enemigo como rasgo fundamental de lo político, y por ello convierten el meme en un formato especialmente afín a la producción de discurso conflictual: plantillas meméticas como el virgin vs. chad operan políticamente porque trazan fronteras discursivas que separan identidades colectivas antagónicas. 

 

En segundo lugar, la difusión viral del meme que tiene éxito garantiza un potente mecanismo para la transmisión masiva de discurso político, permitiendo no sólo la llegada a públicos notablemente más amplios que formatos de corte académico, sino también su mutación adaptativa de forma autónoma: un meme exitoso suele producir réplicas moduladas, bien porque otros creadores de memes hacen suya por simpatía la línea discursiva ajena desde códigos propios, o bien porque los seguidores, al compartirlo, agregan contenido que modula el significado del meme para aumentar su potencia de significación política en nichos específicos, no accesibles desde el discurso pensado por el creador original del meme. El potencial viral del meme, por esto, podría ayudar a derribar una de las limitaciones propias del patriotismo progresista en España: una producción discursiva enfocada a círculos académicos, eficaces en la producción de herramientas analíticas, pero impotentes para crear dipositivos de intervención con arraigo general, fugados de la endogamia teoricista. 

 

Tercero, pero no menos importante: la creación de memes tiene unas barreras de entrada mucho menores que producciones audiovisuales como las que se ven en YouTube. Para hacer memes no hace falta dominar programas de edición de vídeo, sólo tener una idea potente y echar mano de cualquier programa simple de edición de imagen. Paint o el editor de stories de Instagram bastan si la idea funciona. Tampoco es necesaria la exposición sistemática y fundamentada en bibliografía seria que sí es requerida en los ámbitos académicos. Los memes exitosos no son los que tienen más horas de trabajo detrás, sino aquéllos capaces de tocar una tecla que produce una cascada de identificaciones colectivas eficaces que se reproducen a sí mismas. Esto, por supuesto, no quiere decir que la creación de memes exitosos sea tarea fácil. A mi parecer, existe el riesgo de plantearse la creación de memes militantes desde los mismos vicios esencialistas desde los que otros enuncian todo discurso político: pensar que la cosa va de “señalar verdades” que uno ha leído en la teoría, juntarlo con referencias visuales a la iconografía pseudorreligiosa izquierdista de turno y regodearse en los 20 likes recibidos de tus compañeros de secta. No va de eso hacer memes políticos porque no va de eso la política. Identificar un afecto masivamente compartido -las angustias de la cuarentena, las charlas familiares en la cena de navidad, el estado mental en el mañaneo post-fiesta…- y encuadrarlo discursivamente para transformar esos afectos dispersos en afectos conflictuales que produzcan identidad política sin parecer un marciano es un ejercicio complicado, porque es un ejercicio complicado hacer política con aspiraciones ganadoras. Por otra parte, como tampoco se hace política es desde la endogámica teórica en la que muchos hemos estado acomodados, analizando lo que otros hacen para criticarlo por esencialista, o pensando cómo se podría intervenir desde marcos abstractos sin hacer nunca ninguna propuesta de intervención concreta. En mi opinión, la militancia nacionalpopular en España ya ha pensado lo suficiente por qué estamos en las tesis adecuadas. Toca ponerlas a prueba de verdad, buscando señales de reconocimiento más amplias que las palmaditas en la espalda que nos damos entre nosotros por una charla sobre Laclau o una reseña de un libro de Stuart Hall. Son ésas tareas necesarias, pero hay otras que tenemos profundamente desatendidas. La militancia en redes no agota estas posibilidades de intervención política desatendidas, pero desde luego podría ser un buen comienzo dado el tiempo que nos encanta dedicar a estar delante de un teclado escribiendo artículos como éste.

 

Junto a la de amenazar con dejar de seguirme -y finalmente no hacerlo- cada vez que la palabra España aparece en una de  mis publicaciones, la otra rabieta izquierdista más habitual presente en los comentarios de mi cuenta de Instagram es la que me advierte de que soy ingenuo si creo que militando en redes estoy militando “de verdad”. Me parece que sobre este tema hay que evitar dos extremos. El primero, pensar que la militancia en redes soluciona la incapacidad de una fuerza política para volverse relevante en los espacios clásicos de militancia presencial. Es el caso de la militancia joven nacional-popular: sindicatos estudiantiles y asociaciones juveniles siguen estando copadas por el esencialismo que se llama a sí mismo marxista o por nacionalismos periféricos progresistas que aún miran con sospecha la posibilidad de adherirse a un proyecto que tenga en España su marco de actuación. El segundo, magnificar esa carencia como si tuviera un carácter absoluto, esto es, como si fuera posible separar una militancia “real” -presencial- de una militancia “virtual” -en redes sociales-. Esto es falso tanto por los efectos políticos indiscutiblemente reales que tiene el seguimiento por parte de miles de personas de discursos nacionalpopulares a través de Internet -¿no son incalculables los efectos políticos reales del surgimiento de La Tuerka?-, como por la negación de vínculos de retroalimentación y sinergia que existen entre la política en redes y la política presencial. En definitiva, militancia presencial y militancia en redes no son realidades excluyentes, sino parte de una misma disputa en diferentes campos.

@Neuraaceleradísima es uno de los influencers memeticos del momento y quizá el mejor memero nacional-popular de España

 

  • Blanco Icono de Instagram
  • Twitter Icono blanco
  • Blanca Facebook Icono
  • Telegram-White-PNG

ReconÈIXER la tradició 

plurinacional i emancipatÒria

del nostre país 

és la condició de possibilitat

per A poder governar-nos

VOLS PUBLICAR

A AGON?

Publicacions

recomanades

© 2020 Agón, Cuestiones políticas