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Entrevista a Antonio Estañ

«Estar en el gobierno es la herramienta para hacer cambios, para transformar la vida de la gente, pero el objetivo es cambiar la visión de la propia vida.»

Las movilizaciones contra la Ley de Plurilingüismo han suscitado, grosso modo, tres posturas: una primera que pretende atentar contra los derechos de los valencianoparlantes; una segunda que prefiere ignorar y despreciar las realidades del sur del país; y una tercera, dentro e la cual encontraríamos a gente como Carlos Bernabé, Marta Guillén o Antonio Estañ, que pretende partir de las condiciones de desigualdad existente para afrontar un debate honesto que ponga en diálogo diferentes posturas en pos de una solución que cohesione al conjunto del país.

 

Antonio Estañ es filósofo de formación y fue secretario general de Podem-País Valencià. Conversamos con él acerca de su trayectoria biográfica y política, del debate teórico en torno al populismo, del gobierno valenciano y, como no, de su visión de país desde el sur.

Entrevista a cargo de Xavier Granell Oteiza

Bloque I. Biografía política

Has estudiado la carrera de filosofía, estuviste en el 15-M e incluso has pasado por la PAH. Los “lugares” donde podríamos situar las canteras más importantes de dirigentes de Podemos ¿Cómo se vinculan, en tu caso, esas experiencias vitales con acabar siendo el secretario general de Podem en el PV?

Parece evidente que hay algunos lugares comunes entre la gente que se ha ido politizando en mi generación y que empezó formando parte de Podemos. Añadiría, aparte de los dos que has nombrado, el movimiento estudiantil.

Creo que el formar parte del partido o tener cargo público en muchos casos tiene un componente casi de azar, pero también de interpretar que el momento que se abría para nuestra generación y en nuestro contexto político estatal requerían de una herramienta como Podemos. Esa participación y politización posterior tiene ya que ver con un nuevo ciclo marcado por lo institucional, si bien se empezó con un “No nos representan” y una movilización constante se pasó a  un bloqueo sistemático por parte de las instituciones, por lo que se entendió que buena parte de ese cambio que debía producirse tenía que pasar por ocupar espacios  institucionales.

 

La cuestión orgánica tiene que ver también con otros factores, como tratar de pensar cuál era el mejor proyecto para Podem en un terreno complicado como era la Comunitat Valenciana y quizá del cómo representar a esa generación que se había politizado y había sufrido un tapón de 40 años también dentro del partido. 

Fuiste la cara visible de un nuevo proyecto para transformar y adaptar Podem a la coyuntura específica del País Valenciano. Ese proyecto recibió el nombre de “Una marea per aprofundir el canvi” y obtuvo casi el 42% de los apoyos en las elecciones primarias que se celebraron en mayo del 2017. ¿Crees que cumplisteis los objetivos que os propusisteis? ¿Que herencia crees que habéis dejado al actual Podem?

Cumplir todos los objetivos es siempre muy complicado. Diría que nos acercamos a lo que queríamos pero donde creo que deberíamos haber hecho más hincapié es en lo municipal. Pensamos que era el tiempo de estar en el territorio, de implantarnos territorialmente, que es uno de los déficits del partido y teníamos el reto de montar una organización con pocos recursos en un contexto político complicado como es el de la Comunitat Valenciana. Empezando en una posición política que no era ni la de gobierno ni la de oposición, con un competidor directo en el espacio electoral como Compromís. Y hacer esto contando con mucha militancia que quiere no solo figurar sino tomar decisiones, pero a la vez con la falta de una “institucionalización interna” por la que no se acaba de tener un partido estructurado porque no ha habido tiempo material y porque los esfuerzos han estado siempre en la máquina de guerra electoral. 

Creo que la herencia que se deja es que, pese a todo, la situación en la que estamos a partir de las elecciones nos permite hacer política, estamos dentro del gobierno,  en una situación que comparativamente es mejor que con el resto de comunidades. Pero que por supuesto también tiene riesgos, porque estar en el gobierno no implica que puedas marcar la pauta o evitar ser en muchos casos superado por el PSPV y Compromís. La “herencia” creo que permite seguir trabajando en un proyecto que sigue siendo necesario.

Con la llegada de Podemos a la escena política, se popularizaron los debates intelectuales acerca de términos como “populismo” o “hegemonía”. Como filósofo especializado en filosofía política ¿Cómo valoras la “estrategia populista” que siguió Podemos? ¿Qué límites señalarías?

Primero he de decir que la estrategia populista depende de que haya un momento populista. Creo que esto a veces no ha sido atendido y se piensa que puedes intervenir en la política desde un punto de vista únicamente populista todo el tiempo, y diría que eso no es así. Necesitas un momento populista que creo que Podemos supo aprovechar y supo marcar los debates y dibujar las líneas deliminatorias, que es uno de los elementos fundamentales en esa estrategia de construcción que es el populismo.

Creo que hay un cambio sustancial a partir de las primeras elecciones de 2015 cuando se entra en el congreso. Por una parte, porque ya es mucho más difícil desde dentro seguir apelando a que eres “gente normal haciendo política”, la gente ya te ve como uno más, y luego porque se cae mucho más rápido en categorías que estábamos rechazando todo el tiempo. Por todo esto no sé hasta qué punto era inevitable que con la repetición electoral, con cómo se dio la negociación de gobierno, la unión con IU , insisto,  el momento ya no era el mismo, pero creo que se podría haber enfatizado el paso a la construcción de un movimiento popular. Creo que eso se quedó más en palabras que en una intención real por parte del partido.

Una vez pasado el 2015 y esa gran carrera electoral,  se dio además un fuerte debate interno (Vistalegre II) aunque muchas veces no fue todo lo honesto intelectualmente que queríamos. Ahora estamos en un momento donde se tiene que seguir “construyendo pueblo”, pero eso igual no implica seguir usando las mismas herramientas. Vamos a tener que hablar mucho de lo que pasa fuera de Podemos y cómo Podemos es capaz de empujarlo.

Académicamente has tratado bastantes cuestiones sobre el populismo desde una óptica de filosofía política, de hecho, nos han chivado que tu TFM iba sobre Laclau. Siguiendo en la línea que comentabas, ¿definirías el populismo más como momento que como forma?

El TFM me habría gustado hacerlo más desarrollado y con más calma, porque lo entregué cuando ya era diputado. Estaba planteado como algo de carácter instrumental para entender el que yo pensaba que era el debate en ese momento que, simplificando mucho, es el debate entre Laclau y Negri. Yo lo que pretendía era ir contra la tesis fuerte del populismo, que es, más o menos implicar que populismo es igual a construir hegemonía y eso es equivalente a la política. 

Esto vendría a decir que la única forma de hacer política tiene que ver con construir sujetos políticos y aglutinar demandas. Yo creo que no, que muchas fases y muchos contenidos de lo político se escapan a esa lógica. Y cuando entras a diferenciar entre procesos populistas necesitas otras referencias que no te vendrían dadas desde las herramientas conceptuales del populismo, como diferenciar entre populismo de izquierdas y de derecha, o entre los procesos poshegemónicos que no tienen que darse en torno a construir una unidad que esté basada en las demandas, sino que cada sujeto sigue manteniendo su propia autonomía.

Además debe tenerse en cuenta el contexto histórico, que a veces se daba una impresión cuando se debatía de populismo, incluso académicamente, de que era alguien en su habitación uniendo demandas con una pizarra para articularlas. Aunque suene “ortodoxo”, necesitas unas condiciones materiales que te permitan articular este sujeto en unos momentos determinados. El objetivo de mi TFM era desmontar eso, aunque tampoco era demasiado difícil (ríe).

Dentro del debate en torno al término “populismo”, está el papel que juegan los liderazgos. Existen diferentes lecturas al respecto de la inevitabilidad o no de la encarnación en un nombre propio de una identidad. ¿Qué lectura realizarías de esta cuestión, tú que lo has trabajado desde la filosofía política y también te has encontrado estas cuestiones en la práctica?

El hiperliderazgo es fundamental para una estrategia populista para ponerle rostro y por cómo opera el significante vacío. El caso más arquetípico sería Perón. En la práctica, que me interesa más, es fundamental tener caras visibles a la hora de hacer política, porque siguen operando dinámicas de representación y evidentemente, por cómo se articula el contexto mediático es fundamental tener interlocutores reconocibles. Ahora bien, el problema que se da en el populismo con los hiperliderazgos es qué pasa con estos cuando ya no están, ¿qué queda después? No se trata solo de construir un relevo, sino también una cierta institucionalidad de lo que representa ese proyecto, que es otra parte del debate, ¿después del populismo, qué? ¿Una fase de republicanismo para consolidar y poner bases institucionales de lo que se ha construido en ese período donde no tenía que haber nada entre el líder y el pueblo?.

Creo que sí que hemos visto que es posible y que ha habido diferentes tipos de liderazgos, no sólo por lo democráticos que puedan ser, sino también por sus rasgos distintivos . Ahí han influido mucho dos elementos que hemos ido incorporando al proyecto  como son el feminismo y la plurinacionalidad. Eso es algo que va incluyendo Podemos que chocaba, en parte, (o así se creía) con una estrategia populista pura. Estos liderazgos se han podido ver más en liderazgos de corte municipal porque parece que desde el municipio se plantea una visión política más de cercanía, de cuidados, etc. Esto genera que los liderazgos duren más en el tiempo e incluyan a más actores, pero ya digo, a la hora de aumentar la escala  parece que es más difícil incorporar esas cuestiones. Lo de plurinacionalidad lo digo por una cierta visión de federalismo, de permitir autonomía y actores corales y no plantear un liderazgo de corte jacobino. Eso es a lo que tenemos que aspirar porque son elementos centrales del proyecto que estamos defendiendo.

Bloque II. El Botànic y el papel de Podem en el cambio valenciano

En un artículo que publicaste en eldiario.es, titulado “Podem, el Botànic y Juego de Tronos”, apuntabas que la tarea fundamental de Podem era convertirse en “el catalizador de un nuevo proyecto valenciano que nos permita construir una alternativa social y cultural de bienestar y riqueza”. Y que “esa función no se podía abordar con una receta redactada en Madrid, ni con una visión puramente institucional.” Concluías haciendo un llamamiento a tomarse en serio la participación de la sociedad civil valenciana para construir un movimiento popular y señalando que ahí entraba ese rol de Podem como partido-movimiento, un rol que ni Compromís ni el PSPV podían asumir. ¿Crees que esto sigue vigente?

Debe seguir vigente, quizá ahora es más complicado porque estamos en posición de gobierno. Lo que trataba de apuntar es algo que creo que se podría haber profundizado en el Botànic I, que es el fortalecimiento de la sociedad civil. Porque explicar los 20 años del PP se explican con corrupción, con condiciones materiales fruto de la burbuja inmobiliaria, de proyecto de promesa de riqueza, etc., pero también se explican con la destrucción o parasitación de la sociedad civil. En la sociedad civil valenciana ha habido núcleos de resistencia, pero no se ha dado una incorporación política de la sociedad valenciana a lo que estaba ocurriendo. Esto implica que posibilitemos que la gente sea consciente de la política, darle a la participación un cariz importante del proyecto, incorporar rendición de cuentas, nuevas formas de gobernabilidad, etc., después de 20 años donde las instituciones habían sido chiringuitos. Y luego, fuera, se planteaba el reto de cómo potenciar espacios que permitan que esa hegemonía de derechas que todavía existe, marcada por lo competitivo y los valores neoliberales, no lo sea tanto y tengan contrapesos. 

Ahí pensaba que Podemos podía, por un lado, estirar los límites del botànic en sus horizontes, en lo programático, en cambios de modelo que no se estaban viendo, y también el hecho de que, al no estar tan burocratizados nos daba esa ventaja: plantear más contacto con sindicatos, organizaciones vecinales, etc. Tenemos que seguir siendo quien apunte más lejos, siempre en contacto con la realidad social para no ir tú solo como un iluminado. Como en la metáfora famosa de Maquiavelo del arquero, que apunta muy alto para que la flecha llegue más lejos. Tenemos que tomarnos muy en serio el fortalecimiento de la sociedad civil. Igual yo aquí porque lo vivo más por la comarca concreta, pero en muchos casos o no existe un tejido social o es del PP, es decir, marcado por especios competitivos o reaccionarios.

 

En otro titulado “Auditar el Botànic: hacer tangible el cambio valenciano” señalabas un poco en la misma línea que el Pacte del Botànic no era solo un pacto entre partidos, había un cuarto actor que era la propia sociedad valenciana y que se debían buscar los mecanismos necesarios para implicarla en la evaluación del gobierno. Esta tesis, si quieres movimientista, parece que ha perdido peso en favor de una vuelta a la política de notables. ¿Cómo reclamar protagonismo de ese “cuarto actor” cuando el neoliberalismo precisamente destruye las condiciones de articulación en el ámbito de la sociedad civil?

Lo de la vuelta a la política de notables creo que se ha visto muy claro en la repetición electoral. El mensaje que se lanzaba era “la gente ya ha votado, ahora la tarea es de los políticos”. Esto implica centralizar la política en los notables, en el paso institucional o “gobernista” en algunos casos. En esa primera legislatura del Botànic “el cuarto actor”se empleaba como discurso, pero había que darle concreción. Además, la cuestión de la auditoría la planteamos a mitad de legislatura porque pensábamos que aún había tiempo para rectificar. Gran parte del rechazo que hubo por parte del PSPV y Compromís era el momento electoral. No obstante, creo que hay que darle a tu votante, y también a tu votante de castigo que venía de votar al PP, “enganches políticos” para acudir a votar, me parece que es lo que teníamos que haber hecho tanto desde una visión cortoplacista como largoplacista.

Sobre las consecuencias del neoliberalismo, me gustaría poner el énfasis en qué puede hacer la administración para que eso no ocurra y revertirlo. Evidentemente no se trata de controlar ningún tipo de proceso, sino de generar cauces. Esa participación que se genera que, por supuesto, se puede volver contra ti, pero no se trata de controlar o parasitar. Porque si no se generan espacios, esperar que, en un contexto totalmente mercantilista, de destrucción de las ciudades y de los espacios de convivencia, se generen cosas porque sí, es un poco utópico. Eso pasa por cuestiones tan básicas como la facilitación de espacios o como gestionar situaciones de conflicto, de ocupación, de centros sociales, etc. Sin eso no podemos hablar de democracia. 

Siempre que hablamos de lo que era el proyecto político de Podemos, se tenía un parte  claramente institucional, pero que partía de un análisis de que necesitábamos “cambiar el alma”. Esto que decía Thatcher de que “la herramienta es la economía y el objetivo es el alma”, pues estar en el gobierno o intervenir en espacios institucionales es la herramienta para hacer cambios, para transformar la vida de la gente, pero el objetivo es cambiar la visión de la propia vida. Si no se facilitan esos espacios, si no se ponen esfuerzos y recursos desde la administración para hacerlo, hay mucha gente que está arrojada a espacios de competitividad diarios por servicios públicos, empleo, elementos de valor personal, etc.

Aquí me gustaría plantearte la problemática de la desarticulación de la sociedad civil en España. ¿Reconocerías el vínculo existente entre identificación nacional no estatal y sociedad civil articulada?

Por supuesto, lamentablemente por lo que me toca, sí. Alrededor de la defensa, por ejemplo, de la lengua, se ha articulado mucha sociedad civil que tenía que operar en algunos casos necesariamente al margen de la sociedad hegemónica o del Estado, y han construido sus espacios y lugares de sociabilización que son muy difíciles de construir desde la visión de la España más reaccionaria. Obviamente no tiene por qué ser siempre así, de hecho hay espacios como el deporte, las fiestas populares, la música, etc., que no responden a esto. En esta visión que se articula alrededor del rechazo a esta idea, digamos, homogénea de España, también ha sido más fácil que cale, por motivos obvios, el antifascismo.

La cuestión es cómo establecer puentes desde una visión plurinacional, federal o confederal, entre unos imaginarios y otros. Tienen que haber cauces de comunicación entre diferentes contextos. Tampoco cayendo en la visión según la cual toda la sociedad civil está a favor del progreso, ni en una visión comunitarista de que la comunidad es virtuosa por sí misma (en mi pueblo se ha generado comunidad alrededor de la defensa de una cruz fascista, por ejemplo). Deben establecerse cauces, que uno de esos puede ser el antifascismo o la defensa de la democracia. Por ejemplo, en territorios donde no se generan estas visiones nacionales alternativas,  le pasaba mucho a la izquierda tradicional que acababa teniendo una suerte de fascinación por lo que pasaba en el País Vasco o Cataluña (aunque a veces no implique una visión progresista). Eso creo que también se daba por la falta de un proyecto propio identitario que defender a nivel territorial que represente esos valores de diversidad y democracia.

En otro artículo que escribiste hace poco, “El Botànic ‘sophomore’: suelo o techo”, parece que tú mismo notas un cambio de ciclo político que requeriría la entrada de Podem en el gobierno de la Generalitat para impulsar las transformaciones necesarias más allá de lo que se había conseguido. Que debía ser un suelo para avanzar pero no un techo de lo máximo que se podía alcanzar. ¿Hasta qué punto Podem puede ejercer ese papel de impulsor de los cambios más avanzados si ha sufrido eso que Maceda llamaba “moquetización”? 

Lo escribo porque esta legislatura me parece mucho más complicada que la anterior, porque en la anterior, a pesar de no tener una sociedad civil estructurada, sí que había una visión general de que se había echado al PP y de que no se podían hacer las cosas igual. Existía esa presión en el ambiente político y mediático, era algo que todo el mundo tenía en la cabeza y creo que ahora no lo está. Esa presión a la hora de tomar decisiones políticas se nota, incluso en la negociación del gobierno, tanto a la hora de acordar el “programa” como con cómo se planteaba. Pienso que puede darse un cierto conformismo a la hora de tomar decisiones, al PSPV lo veo muy cómodo,  apostaron aquí por ocupar todo el centro -también hay que decir que el PP y C’s se lo pusieron fácil- y se han interesado por vincularse a grupos empresariales que antes estaban con el PP. Esto se ha visto en cuestiones como la infrafinanciación, el corredor mediterráneo o en cómo ellos interpretan  el diálogo social. Se ve sistemáticamente como espacios de debate, foros, etc. Hay una descompensación brutal en espacios ocupados por representantes empresariales con el resto de actores, no te digo ya sindicatos, sino movimientos ecologistas, asociaciones etc. 

Luego, además, al entrar nosotros al gobierno, Compromís ha pasado de un gobierno a dos, prácticamente con casi el 50%, a un gobierno a tres. Nosotros con Compromís, para evitar esa “desacomplejización” del PSPV en aspectos conservadores, teníamos que tirar conjuntamente pero esto también se complejizaba al entrar en una disputa por espacios de poder, que es por supuesto parte de una negociación. Lo que me preocupa es que no  se haga esa reflexión de que somos tres espacios políticos que electoralmente somos importantes y nos necesitamos. 

El Pacte del Botànic no debe ser entonces un techo de propuestas, debe marcar la pauta de la legislatura pero luego debe abrirse a que se planteen más cosas. Y el papel de podemos debe ser asegurar que esto ocurre.

Por supuesto hay un elemento nuevo de complejidad con Podemos en el gobierno pero también da más capacidad para plantear horizontes y reformas, porque ya no lo haces como fuerza externa sino como gobierno que está en la gestión. En vivienda, por ejemplo, se están haciendo más cosas (con todo lo que queda por hacer) de lo que se hizo la legislatura anterior. Y, más allá de la gestión, se trata de tener la capacidad de ampliar la visión política y no quedarse en el mero cumplimiento.

Otra cuestión es que plantear la estabilidad por encima de todo solo se entiende después de los años de gobierno de PP, con un imaginario del tripartito que se tiende a tener en mente el tripartito catalán... Eso lleva al anterior gobierno a apostar por “estabilidad” como idea fuerza y apelar a la infrafinanciación, pero ¿qué pasa ahora si se resuelve la cuestión de la financiación y no estás planteando nuevas líneas políticas? Como por ejemplo el cambio de modelo productivo que siempre se habla pero que no se concreta en toma de medidas potentes.

Con ese artículo quería señalar algunos peligros que veía en esta legislatura, incluyendo una parte que debió estar en la anterior, como es la ecologista, pero con aspiración de no ser una rama más, sino la manera de pensarlo todo, sobre todo en la economía. Y veo riesgos, cuando no retrocesos, en muchas decisiones del PSPV (puerto de valencia, puerto mediterráneo,etc). 

Te voy a lanzar una frase tuya y te voy a pedir que la comentes. En la entrevista que te realizaron el Ara.cat alertas del peligro de "canviar el centralisme conservador per un centralisme progressista".-y sigues- "Hi ha comarques que s'han quedat despenjades del projecte autonòmic, i probablement el Baix Segura és la que més. La política i el poder econòmic al País Valencià estan centralitzats a València, i la realitat és que hi ha una bicapitalitat [València i la seva àrea metropolitana i l'eix format per les ciutats d'Alacant, Elx i Torrevella] que no està reconeguda políticament. No podem construir un projecte d'esquena a quasi la meitat de la població”.

Al final, la cuestión es cómo conseguimos crear un proyecto colectivo que nos garantice más derechos y cohesione la sociedad alrededor de esa expansión de derechos. Ese sería el objetivo rector. Ahí surge algo a lo que “agarrarnos” que es el valencianismo cívico como defensa del territorio y la gente que lo habita. Pero si ese nuevo proyecto de cohesión va vinculado a un valencianismo cívico, aunque se plantee como “cívico”, seguimos teniendo el problema de que no se está mirando lo que ocurre de València hacia abajo, sobre todo de Biar-Bussot para abajo.

Ahí se dan cuestiones que tienen que ver con la distancia geográfica, pero también la distancia cultural. Una tiene que ver con infraestructuras muy necesarias, pero la otra tiene que ver con políticas de descentralización y, a veces, también de gestos que impliquen esa construcción colectiva. Yo por ejemplo no he aprendido tanto de València ciudad como siendo portavoz. Hay una centralización del poder que puede tener su punto lógico pero es que el gobierno, les corts y la mayoría de instituciones están allí, el contexto mediático autonómico también está allí, entonces hacer política autonómica que tenga ecos en el territorio es muy complicado.

Esa parte de bicapitalidad sí que se enuncia pero a la hora de la verdad no es real en casi ningún sentido. También tiene que ver con cómo se articula esa segunda zona de influencia. Demográficamente existe, pero políticamente no, porque luego cuando ves lo que ha sido el “alicantonismo”, eso tiene que ver sólo con la ciudad de Alicante, que tampoco se ocupa del resto. Cuando hablamos de la Vega Baja creo que también nos falta el pensarnos dentro de un proyecto colectivo, porque muchas veces la reacción parece que es más la de “dejadnos en paz” y reclamar deudas, pero también tenemos que pensar qué papel queremos jugar en un proyecto común, sobre todo cuando parte de ese valencianismo te ha tenido como algo a soportar o algo ajeno (si lees a Fuster hablando de aquí, decía “no tiene nada que ver Orihuela con Crevillent, en Orihuela empieza Murcia”).  Esto no es una cuestión simbólica solamente, es una cuestión que implica servicios públicos y derechos. Por ejemplo, ahora se elimina el peaje de la AP-7, pero aquí seguimos teniendo peaje, y se podría aprovechar para plantear quitarlo desde una visión de vertebración, pero no se hace. 

La cuestión es esa,  cómo se va a construir ese proyecto de cohesión que tenemos que generar. Creo que Puig también le da muchas vueltas a esa idea pero creo que lo hace a un nivel muy “trajeado”, desde una visión muy institucional. Por tanto, si uno de esos elementos de cohesión va a ser el valencianismo cívico, si va a ser el “tren” de progreso, estamos en el furgón de cola, cuando no fuera.

Bloque III. Voces desde el sur

Alguna vez has comentado que antes del 15-M, tu politización se dio en parte por las luchas ecologistas que había en tu zona, durante la época en la que el PP de Rita y Camps lanzaban los megaproyectos urbanísticos ¿Podrías contarnos más sobre esta experiencia y las particularidades de su emergencia en el sur del país?

El proyecto del PP basado fundamentalmente en la depredación del territorio, aquí se puede ver en su máxima expresión. En algunos casos esa falta de elementos sociales de contrapeso, sumado al estar tan lejos de la administración (lo cual indica que muchas veces no se lleguen a aplicar multas, no se lleguen a investigar o denunciar algunas cosas, etc.), forma un cóctel donde el sujeto político por excelencia era el promotor.  Llegamos a un punto donde el juzgado de Orihuela contaba con un tercio de los delitos por corrupción de toda la Comunidad Valenciana junto con las tasas de suelo artificial más altas. Lo poco que se podía mover a nivel ciudadano era alrededor de la defensa de estas cuestiones porque era la zona cero de ese modelo de destrucción del territorio. La centralización y la falta de contrapesos de la que hablabámos antes también se vio en la destrucción de la huerta que comparte muchas similitudes con la de València en términos de zona urbana y de calidad paisajística pero no ha tenido ninguna protección, ni hay tampoco un sector social al que se le haga caso en defensa del territorio. En Valencia esta Per L’horta, por ejemplo, y también tienes una influencia desde la Universitat de València, y ahí se genera una alianza entre conocimiento técnico y movilización que creo que aquí, por varios motivos, no se ha dado. 

Este modelo se ha dado también en la destrucción del litoral donde solo nos queda un kilómetro de playa sin construir (cala Mosca), y también en la gestión de residuos con la corrupción del caso Brugal... En fin, todo con lo que te podías identificar y sentir orgulloso de una tierra, yo creo que muy rica sobre todo paisajísticamente, con zona de huerta, de playa, de sierra..., la oportunidad de construir una identidad colectiva alrededor de eso, se va a la mierda porque se pone en venta con todo a favor. Por eso creo que la gente que estuvo allí y que sigue estando en esa defensa son héroes, pero no se les ha reconocido como tal, y ahora gobernando “los tuyos” tampoco les has dado ninguna bandera de enganche. 

Prácticamente, todas las demandas ecologistas de aquel momento siguen estando vigentes, y eso al final genera sensación de estar desamparado, como si esto fuera el lejano oeste donde se experimenta un poder más en bruto, porque si alguien quiere roturar una zona para construir, lo hace y ya luego, con suerte, pagará una multa que va a ser muchísimo más inferior a los beneficios que obtenga. Si le añades el tema del trasvase y todo el comercio de agua, se da una situación de destrucción del territorio que explican que los mayores movimientos en su momento y que perviven a día de hoy son alrededor de la defensa del territorio.

¿Crees que a través del ecologismo se pueden construir referentes identitarios vinculados al territorio que se conjuguen con otras identidades como, por ejemplo, la lingüística?

Sí creo que es una buena forma de construir puentes y generar identidad basada en la defensa del territorio. La cuestión de la huerta sí que cala antropológicamente, pero tampoco se experimenta, es un significante vacío más. Algunos defienden la huerta defendiendo únicamente el trasvase cuando este ha generado más sequía en muchos casos o la urbanización salvaje. Esta defensa del territorio tiene que ser una pata fundamental pero, como siempre, nos hace falta un trabajo mayor de articulación, ahora también con lo de la DANA ha habido un cierto repunte de preocuparse por el estado del río, pero es necesario concretarlo en algo. Se requiere un trabajo de producción, me atrevería a decir que de corte intelectual que unifique y conceptualice diferentes luchas y demandas, si no, por sí mismas siguen siendo satélites contra el sentido común. Tiene que venir de ahí esa construcción de identidad colectiva.

A pesar de que Compromís se ha alejado del primer valencianismo fusteriano y adopta cada vez más un nacionalismo de corte cívico, parece que tiene muchas dificultades al penetrar en las comarcas del sur. Rafael Castelló señalaba que no se trataba de una cuestión lingüística sino más bien de tradición política. ¿Crees que es un tema de rémoras pasadas o de dificultades para canalizar el malestar en el presente?

Es un poco lo que decía antes acerca de la etiqueta alrededor de la cual se debe definir el proyecto. El valencianismo cívico creo que es de lo mejor que tenemos, pero no creo que sea esa, o al menos solo esa. Porque aquí le dices a alguien que es valenciano y no saben de qué les estás hablando. No interpela en ese sentido. Planteando un paralelismo con lo que hizo el PP, tampoco construyeron su proyecto sobre lo valenciano. Sí establecía ciertos elementos regionalistas pero a la hora de confrontar con Cataluña o con Zapatero en Madrid,  para pedir el trasvase del Ebro, etc. Era una identidad española dentro de la cual se podían sentir cómodos diciendo “Visca Valencia” mayoritariamente frente a otros. 

Y tiene diferentes modulaciones, claro, no es lo mismo que ser blavero. Aquí en el sur, por ejemplo, no hay blaveros como tal, simplemente porque la batalla de València no existe, la gente no sabe lo que es esa batalla de símbolos o por el Estatut. Eso es algo que yo también debato con valencianistas que se preocupan del sur, porque algunas veces plantean una suerte de recuperación histórica basada en que “en el siglo XVIII era oficial el valenciano”, sí, muy bien, todo eso lo tienes que conocer, pero no opera como motor identitario. Es importante que esa historia se reivindique y sirva para conectar zonas, pero hablas aquí de Ovidi Montllor y para la gente es “valenciano” como algo ajeno, y lo mismo pasa al revés, por ejemplo, cuando no se asimila a Miguel Hernández como también cultura valenciana, entonces ¿qué es la cultura valenciana? Pues si es algo que nos deja fuera por cuestiones idiomáticas o porque no hemos vivido esos debates, está complicado construir una identidad colectiva alrededor del “valencianismo cívico”. 

Si hablamos de si la Comunidad Valenciana va a ser un lugar donde vas a obtener los libros gratis, se va a proteger el territorio, vamos a apoyar a los ayuntamientos, a descentralizar las decisiones, etc., creo que todo eso sí puede ayudar. 

Con el valenciano y el “conflicto”, lo que yo explicaba, como una fórmula de enfoque, era que partimos de dos desigualdades, la de los valencianoparlantes respecto a los castellanoparlantes, que en la Vega Baja es algo que hay que aceptar y que no se reconoce porque no se ha vivido y se pone en segundo lugar pero tiene que ser atendida, a la cooficialidad se le tiene que dar contenido real o, si no, que los partidos digan que están en contra de la cooficialidad del valenciano y de los derechos de los valencianoparlantes. Esa desigualdad existe y tiene que abordarse políticamente.

Pero luego hay otra desigualdad, de los monolingües respecto a los bilingües, por contexto social o de nacimiento, entonces, ¿cómo la corriges? A veces ha habido una falta de enfoque porque se ha centrado todo más en fetiches como es el de los títulos, en la derecha el tema de la exención, los requisitos, etc., que por supuesto son necesarios pero no son el foco fundamental. Lo fundamental para mí es que aquí se perciba que hay un esfuerzo de la administración para que se aprenda valenciano sin que te cueste dinero, sin que tengas que ir a una academia porque el valenciano que se da aquí en el colegio es muy malo... Creo que se empieza desde ese enfoque y, por supuesto, tiene que darse ese doble reconocimiento, que también tenemos que trabajar desde el territorio, tenemos que respetar la diversidad de la comunitat valenciana y ver qué papel queremos en ella.

Cojamos la exención, por ejemplo, pienso que se podría (o se debería) plantear eliminar la exención “a cambio” de políticas de transición en selectividad o políticas de transición en la administración pública (que tengas un año para sacarte el título que corresponda como en otros territorios), y así se podría seguir. Todo no se puede solucionar con leyes, hay que romper una barrera identitaria que se puede hacer con políticas de transición y escucha que aborden las desigualdades que nombraba antes. Abordar esto fuera de la perspectiva dogmática es complicado pero es necesario. Lo que me preocupa no es que no formemos parte identitariamente, sino cómo se va a generar ese proyecto de cohesión para que aquí tengamos la administración más presente y eso implica también mejores hospitales, mejores estructuras, etc.

¿Crees que Podem debe configurarse como una fuerza política que aspire a implantarse en el conjunto del territorio o, por el contrario, crees que debe reconocer en Compromís un aliado imprescindible y construir un frentepopulismo?

Siempre nos debatíamos en dos análisis: ¿somos Compromís y nosotros complementarios territorialmente? ¿Somos coincidentes? Lo que se ha visto en las últimas elecciones es que en algunas zonas hay cierta complementariedad, porque Compromís no está o porque no se percibe una sensación de valencianismo o al contrario, donde ellos son muy fuertes. Pero también hemos podido ver que si bajamos nosotros bajan ellos también, quiero decir, era analizar por qué vota la gente más a Compromís donde lo hace ¿por esta visión de nueva izquierda, por una visión nacional o por la unión de ambas? Yo diría que esto último cuando opera esa visión nacional.

Creo que se debería haber investigado y debatido esa propuesta de espacio amplio que es lo que nosotros siempre hemos planteado. De hecho, llegamos a plantear sentarnos, tener el debate y ver qué conviene para ser una fuerza mayoritaria si se deban las condiciones, porque es lo que hicimos con “És el moment” y luego con “A la valenciana”, aunque esa fue una construcción marcada simplemente por lo electoral y nada más.

Sin matices y debate no podemos plantearnos tomar esa decisión, hay que entender qué ocurre en Alicante, qué explica el voto dual y qué representa en términos de implantación o de conformar un actor estatal...

Creo que el problema que teníamos respecto a otros territorios como Galicia o Cataluña es que ahí sí se configura un sujeto político nuevo del que Podemos forma parte, del que la gente que a nivel estatal se veía vinculada a Podemos y a nivel territorial se veía vinculada también. Aquí se dan otros factores, como que Compromís ya existía previamente, y que la identidad nacional no está tan delimitada como en Cataluña, por ejemplo. Es decir, hay suficientes elementos de debate que poner encima de la mesa que no se han abordado, también por las decisiones que han tomado ambas fuerzas políticas de manera legítima, porque Compromís cuando ha podido apostar por esto tampoco lo ha hecho. Creo también que en algunos casos Compromís y nosotros seguimos sin compartir imaginario y sin apelar a la misma gente, por eso no sabría decirlo. Sí que merece la pena el debate y la posibilidad de esa construcción.

¿Cómo crees que afectará el gobierno PSOE-UP a la interna del Botànic?

En principio debería servir para fortalecer, porque es añadir una alianza ya en el plano Estatal. La cuestión será cómo se consigue lanzar un proyecto de país, porque nos toca a nosotros. Ahí coincido con el análisis de Pablo iglesias cuando decía que quien va a ser el encargado de dirigir el estado es el bloque de la moción de censura. 

Otra cosa es lo que temía Compromís, que se fortaleciese la relación PSOE-UP y ellos quedaran al margen, pero creo que a ellos les puede dar más capacidad de referenciarse como los que defienden a València en Madrid, aunque esto tiene límites.  El problema que le puedo ver es que, si se va, como parece, a una reformulación del modelo de la financiación, eso no va a solucionar todos los problemas pero sí va a romper parte del relato fundamentalmente de Puig, pero también de Compromís. Ahí nos tocará o bien servir de punta de lanza y que la Comunitat Valenciana sea el espejo donde se tenga que mirar España con el nuevo gobierno, o bien que aquí haya cierto decaimiento y congelación y lo que se consolide a nivel estatal sirva aquí para acomodar posiciones.

Salió un artículo hace poco de Roy Cobby que hablaba de algo que he comentado también, y es que se necesitan puntos de enganche materiales para la gente, ampliando derechos, mejorando servicios públicos, pero si solo dibujas tu agenda valenciana por la infrafinanciación es un límite claro. Esto además no ha llegado a calar en la gente. Ahora creo que hay que ser capaces de construir una “agenda valenciana” más centrada en cambiar el modelo productivo y en defensa del territorio.

Por último, las recomendaciones. Un libro.

Que haya leído hace poco… Al menos tienes trabajo, de Naiara Puertas.

Una película.

La última que vi en el cine casi por militancia fue “Star Wars: Episodio IX” (2019) aunque realmente no me gustó mucho. Otra que vi hace poco y sí recomendaría es “Room” (2015)

 

Una canción. 

Fearless, de Pink Floyd.

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