Entrevista a Carlos Bernabé

«En la Vega Baja, interesadamente, las fuerzas reaccionarias hablan mucho del “problema valenciano”, que es un problema real, hay un problema de encaje identitario de la Vega Baja en el resto del territorio, pero hablan mucho del problema valenciano para no hablar del “problema alicantino”»

 

 

 

 

 

 

 

Hui us portem una entrevista al portaveu de Cambiemos Orihuela, Carlos Bernabé. Carlos és psicòleg de formació, militant d'Esquerra Unida i regidor a l’Ajuntament d’Orihuela per Cambiemos des del 2015. Juntament amb altres activistes del Baix Segura, ha mantingut un discurs reivindicatiu de la singularitat del sud del país com una forma de valencianitat, un discurs que pretén partir de les condicions de desigualtat existents al sud per a afrontar un debat honest que pose en diàleg diferents postures darrere d'una solució que cohesione al conjunt del País Valencià. 


En aquesta conversa amb Carla Monleón, va posar damunt de la taula un bon grapat de qüestions que el conjunt de les forces que es reclamen de l’espai del valencianisme progressista haurien de debatre. Entre altres, mereixen especial atenció, el municipalisme com a mecanisme més eficient per produir transformacions socials i com a necessitat real de l’espai del canvi polític per ampliar-se i arribar a més gent, la qüestió del plurilingüisme al Baix Segura i les diferents expressions identitàries existents, la capacitat de les forces de dreta per hegemonitzar eixes identitats o el cantonalisme reaccionari de la província d’Alacant. 

 

Entrevista a càrrec de Carla Monleón

I Bloque. Cambiemos Orihuela y el cambio político

Pregunta: Comenzamos por el principio, ¿qué es Cambiemos Orihuela? Vosotros os definisteis como “un grupo político y plural que es más que una coalición de partidos porque pueden participar todos los ciudadanos comprometidos con el cambio social” ¿Por qué?

Respuesta: Era un poco el intento de tomarse en serio las tesis municipalistas que venían del 15-M para recuperar el municipalismo transformador. La idea es que en el ámbito local, evidentemente, los grandes partidos y grandes estructuras comprometidas con el cambio político, tenían que participar y tienen que ser parte activa pero no pueden subordinar sistemáticamente los espacios locales en base a las estrategias autonómicas y estatales, como si estos fueran una especie de correa de transmisión de escalas que están más arriba.

Entonces, la idea es que construimos un espacio pensado para que en él puedan participar los partidos políticos, cuyos idearios, programas y ADN casan con los nuestros, pero que fuera capaz de desbordar esas identidades y llegar a más gente. A día de hoy creo que la estrategia ha funcionado, por ejemplo, la mayor parte de la gente que participa con nosotros no está afiliada a ningún partido pero sí que quiere participar en Cambiemos Orihuela.

Se trata, por resumir, de entender que el espacio local no puede ser tan ingenuo como para obviar la lógica autonómica, estatal y europea pero que tenemos el derecho y la necesidad de tener lógicas, estrategias, discursos y espacios organizativos autónomos.

De hecho, podríamos decir que la vuestra es una de las pocas fuerzas municipalistas que vienen de plataformas ciudadanas que quedan hoy en día en el País Valenciano, ¿no? No hay demasiadas.

Sí, un poco lo que intentamos, que yo creo que ha salido bien, es intentar dejar fuera dinámicas internas, conflictos y guerras internas de cada organización e incluso reconocer que nosotros tenemos derecho a matizar, corregir y cambiar elementos discursivos de los partidos que participan en Cambiemos Orihuela que quizá no se ajustan bien a las lógicas propias del municipio. Creo que sería bueno que en todos los municipios se pudiera ensayar esto, puesto que, al final, así puedes interpelar a mucha más gente.

¿Qué relaciones tenéis con otras fuerzas políticas del Botànic, como Unides Podem y Compromís?

En el caso de Podem y Esquerra Unida, son parte de Cambiemos Orihuela. Por ejemplo, yo soy afiliado a Esquerra Unida, y otra concejala, María, es afiliada de Podem y hay mucha gente de estos dos partidos que participa en Cambiemos Orihuela, así que podríamos hablar de que hay una relación orgánica con estas fuerzas. Respecto a Compromís, la relación con el partido a nivel autonómico no es orgánica pero sí que es excelente y es de cooperación y de un diálogo muy activo. A nivel local las cosas se dieron de otro modo pero también entiendo que deberían ir a mejor en el corto plazo.

El cambio político iniciado en 2015 tuvo en el País Valenciano como uno de los sujetos protagonistas a la coalición valencianista Compromís, pero a pesar de sus éxitos, parece que todavía no ha encontrado una forma exitosa de hablar a los ciudadanos de las comarcas del sur, como la Vega Baja. ¿Cómo lo ves tú? ¿Crees que la expresión del cambio político aquí es diferente?

Sí, y de hecho es algo que reconoce el propio espacio político asociado a Compromís. Cuando uno analiza cómo se han comportado ellos mismos en las comarcas del sur y especialmente en la Vega Baja… no sé cómo será en otros lugares, como por ejemplo Requena, pero imagino que habrán actuado parecido. Sistemáticamente, Compromís ha actuado castellanizando su marca, haciéndose cargo de la realidad sociolingüística de nuestro territorio e incluso en algunos momentos desmarcándose de políticas de su propio partido, como puede ser en materia lingüística (aunque esto fuera quizá un desmarque puramente simbólico). Por lo tanto, creo que eso es una intuición que el mismo espacio tiene. 

Creo que es evidente que en la medida en que Compromís quizá bebe o recupera el hilo del valencianismo progresista de la Transición, eso es una identidad que no es capaz de operar, por lo menos en la Vega Baja, así que aquí necesitamos otro tipo de sujeto político. Pero es más, se suele presentar a la Vega Baja como una anomalía respecto a esta cuestión, como si el resto del territorio fuera homogéneo. En realidad, incluso en muchas comarcas valencianoparlantes y donde hay un fuerte componente de identidad valencianista, son comarcas muy heterogéneas donde Compromís, o mejor, la construcción del valencianismo político tal y como lo hemos conocido, no es capaz de interpelar a muchísima gente. 

En la Vega Baja eso es algo mucho más mayoritario y por lo tanto se hace evidente que aquí se necesita otro sujeto, otra identidad. Nosotros hacemos evidente un problema que debe interpelar a la totalidad del territorio valenciano.

Por matizar y concretar esto que comentas. Entonces no sería una cuestión exclusivamente lingüística, sino que habría otros elementos que pondrían de manifiesto la incapacidad que ha tenido el valencianismo para acercarse a otros sectores. Como has dicho, en otras comarcas y municipios, valencianoparlantes, el propio valencianismo político no es capaz de aumentar sus resultados, de hecho en muchos casos son superados por el PSPV.

Sí, y un poco porque estamos hablando del caso de Compromís como el intento más elaborado y más conseguido de articular políticamente el valencianismo progresista, pero también es algo que afecta a otras fuerzas políticas. Primero que a nivel territorial se reproduce un cierto centralismo, entonces se piensa mucho en y desde el Cap i Casal y el entorno pero no desde las periferias. El efecto negativo de esto se multiplica en la Vega Baja debido a nuestra singularidad y porque el componente lingüístico no lo es todo pero importa. Pero sí, estoy de acuerdo contigo. 

Creo que no es un buen punto de partida pensar que somos una sociedad como la vasca o la catalana donde tienes un cuerpo social bien formado en torno a una identidad nacional, radicalmente distinta a la de otros territorios, lo que te permite trabajar políticamente sobre eso. Históricamente, en el territorio valenciano hay, ciertamente, un conjunto social de personas que se sienten principalmente valencianas y beben de esa historia, esa herencia y esa manera de sentir, pero hay muchos otros sectores que no, que su manera de sentirse valenciana es: o más atenuada respecto la identidad española hegemónica o incluso puede ser algo que ni siquiera se evidencia. Con lo cual tu actuación política tiene que ser de otra manera.

Los encuentros entre Podem y Compromís en el 2015, y posteriormente sumando a Izquierda Unida en el 2016, propiciaron candidaturas como “És el Moment” y “A la Valenciana”. El éxito de estas coaliciones les hicieron llegar a quedar por encima del PSPV en lugares como la provincia de Alicante. En Orihuela en concreto se consiguieron casi 4.800 votos. ¿Cómo valoras la construcción de un sujeto político amplio, específicamente valenciano? ¿Habría más capacidad de interpelar en el sur del país de este modo?

Esta cuestión forma parte de muchos de nuestros debates internos, yo todos los días dudo con este tema… A ver, el éxito, relativo pero importante, de És el Moment y A la Valenciana, creo que se inscribe en un contexto muy específico donde cotiza al alza la ilusión del cambio, donde en buena medida se vota también en una clave estatal y un momento en que la cuestión territorial estaba muy soterrada en la social, y puede que ahora sea justo al revés, no lo sé. Lo que quiero decir es que hay que contextualizar bien el éxito de estas candidaturas e intentar ver las dificultades de extrapolarlas a otros casos.

Otra cosa es que planteemos un sujeto político estable, que no sea una mera coalición electoral y temporal. A mí esta cuestión me genera dudas, no tengo claro cómo podremos construir un sujeto que interpele por igual a un valencianismo progresista, donde hay un componente soberanista muy asociado al ámbito territorial (con el cual no tengo ningún problema, siempre he defendido que es una parte inevitable y necesaria del cambio) pero cómo se construye algo que interpele a ese sector, sin que a su vez genere un efecto rebote de rechazo, por ejemplo en la Vega Baja, donde la identidad valenciana se vive de otra manera y donde opera mucho más otro tipo de identidad que, insisto, también se da en otras comarcas como en parte del Comtat o en parte del Alt Millars.

 

"No tengo claro cómo podremos construir un sujeto que interpele por igual a un valencianismo progresista, donde hay un componente soberanista muy asociado al ámbito territorial sin que a su vez genere un efecto rebote de rechazo, por ejemplo en la Vega Baja"

 

Entonces, tengo dudas de si esto tiene más lógica en tanto que sujeto político como organización o en tanto que organizaciones distintas que tengan espacios, lógicas y estrategias cooperativas bien asentadas que sean capaces de interpelar cada una donde pueda hacerlo para después colaborar en otros espacios. Tengo dudas de cómo articular esto.

Por el contrario, fuerzas políticas como el Partido Popular han mostrado una gran resiliencia en las comarcas del sur. ¿Cuáles dirías que son las particularidades del neoliberalismo en lugares como la Vega Baja?

Yo diría que la Vega Baja sufre una espacialización del neoliberalismo muy típica del territorio valenciano, en cuanto a turistificación, el salvajismo inmobiliario, la destrucción del territorio, la gentrificación, no ha sido diferente. Sí que creo que esta lógica del neoliberalismo aquí ha actuado de forma mucho más acelerada y mucho más salvaje que en otros territorios. Por ejemplo, la turistificación inmobiliaria de nuestro litoral, la depredación del territorio y el empobrecimiento que ha generado, ha sido absolutamente salvaje, como creo que tampoco es casual que Orihuela fuera uno de los puntos calientes, sino la zona cero, de la corrupción de toda la Comunidad Valenciana. Es decir, que era una lógica muy similar a la que se vivió en el resto del territorio durante la hegemonía del PP, pero más acelerada. 

Mi sensación es que la desinstitucionalización ha sido también mucho más salvaje, que la destrucción de la sociedad civil mínimamente contestataria fue, en su momento, bastante más dura y que, digamos, eso nos ha debilitado más, dado que hemos heredado una mayor potencia de las redes clientelares y del dominio socioeconómico de las fuerzas reaccionarias que nos cuesta más revertir a nivel político. Y si además añadimos el tema identitario, es decir, que siempre pueden agarrarse a la bandera de rechazo a la identidad valenciana progresista que va asociada al cambio político.

Yo diría entonces esta doble particularidad del neoliberalismo en la Vega Baja: mucho más bruto en términos cuantitativos y de grado. Y luego con el factor identitario operando de ese modo a su favor.

A menudo te hemos leído, pero también a otras personas, el término “alicantonismo”. ¿Qué es y cómo os afecta a vosotros esto?

Sí, esto lo han dicho muchos otros compañeros antes que yo, a Antonio Estañ también se lo he oído un par de veces. Estamos recuperando un concepto que no hemos inventado, vamos, es que hubo un partido político llamado “Partido Cantonalista del País Alicantino (ALICANTON)” que se presentó a las elecciones en los años 80-90. Fue un movimiento que cuando se articuló de forma electoral no tuvo mucha relevancia pero buena parte de lo que ha hecho la derecha en Alicante ha bebido de esa lógica, que es utilizar a Alicante como un cantón reaccionario frente a cualquier política de progreso, avance en derechos sociales, diversidad identitaria, territorial o lingüística que reconociera una parte de nuestro territorio y su identidad o que fueran políticas que se articularan desde València.

"Utilizar a Alicante como un cantón reaccionario frente a cualquier política de progreso,  (...) o que fueran políticas que se articularan desde València."

 

En ese sentido, creo que en la Vega Baja, interesadamente, las fuerzas reaccionarias hablan mucho del “problema valenciano”, qué es un problema real, hay un problema de encaje identitario de la Vega Baja en el resto del territorio, pero hablan mucho del problema valenciano para no hablar del “problema alicantino”. Es decir, que no es casual que una parte de las patronales asociadas al ladrillo, asociadas a la turistificación del territorio y una parte de los sectores que se han llevado todo por delante, no es casual que su discurso muchas veces tenga en la diputación provincial de Alicante uno de sus puntos neurálgicos y uno de los grandes altavoces. No es casualidad que desde Alicante se defienda a Ribera Salud, no es casualidad que desde Alicante se defienda al lobby del gran agronegocio, no es casualidad que desde Alicante se promuevan muchas políticas, digamos, asociadas a lo peor de lo que sucede en la Vega Baja.

Y eso se nota también en buena parte de los políticos que gobiernan la Vega Baja, que no tienen un discurso autónomo, que son muy subordinados a lo que ordena y dice el presidente de la diputación de Alicante. Ahí creo que eso nos subordina mucho y en un mundo ideal la provincia de Alicante como provincia no existiría, aunque se que eso implica un cambio legal y constitucional que no se va a dar.

 

En cambio, sí que tenemos a nuestro alcance una comarcalización del territorio que permita que la Vega Baja tenga un discurso propio absolutamente separado e independiente de las lógicas de poder de la provincia de Alicante que no nos están haciendo ningún bien.

II Bloque. La Vega Baja y la cuestión del sur

Queríamos hablar ahora concretando un poco más del tema político-cultural de la Vega Baja. Antonio Estañ definió la problemática y la disputa contra València como el fruto del “centralismo”. Estañ añadía que "hay comarcas que se han quedado descolgadas del proyecto autonómico, y probablemente la Vega Baja es la que más. La política y el poder económico en el País Valenciano están centralizados en València. No podemos construir un proyecto de espaldas a casi la mitad de la población”. ¿Cómo lo ves tú? ¿Estás de acuerdo?

Sí, sí, es un diagnóstico que siempre hemos compartido. De hecho, lo que comentaba antes del Alicanton, no es casualidad que tuviera a uno de sus primeros enemigos o sacos de pelea a Lerma. Es decir, cuando se dio la oportunidad de vertebrar el territorio y que una cierta prosperidad inclusiva y sostenible nos pudiera homogeneizar e incluir, se optó por no vertebrar y eso fue regalar la Vega Baja a lo más reaccionario del territorio. Y creo que se evidencia eso, incluso ahora que hay un gobierno progresista con algunas patas transformadoras (y otras evidentemente no tanto), pues ves que a veces se peca de un pensamiento centralista que vuelve a regalar la Vega Baja a estas fuerzas.

Pongo un ejemplo muy concreto. Hace unos años se presentó un plan de modernización de cercanías y de trenes que se presentó como un gran avance. Si no recuerdo mal, este plan lo presentó ya Ábalos como ministro de fomento y lo avaló Ximo Puig. Cuando veíamos el plan no lo podíamos entender, apostaba por modernizar la infraestructura ferroviaria vinculada al AVE del Aeropuerto del Altet y poco más en la provincia de Alicante, cuando una de las grandes demandas históricas de la Vega Baja es “qué narices pasa con el Cercanías Murcia-Alicante que utiliza la gente trabajadora y la gente común”.

 

Esto que puede parecer anecdótico actúa como síntoma: se valora más la idoneidad de una inversión según criterios muy pensados desde València y desde una visión de cuál es el papel geopolítico del territorio valenciano desde València. Eso nos deja muy debilitados.

 

Sucede lo mismo con la cuestión hídrica. Por ejemplo, aquí tenemos una especulación brutal asociada al trasvasismo que está destrozando el Río Segura, pero si no se ofrece un proyecto alternativo y un modelo socioeconómico capaz de blindar la huerta y proteger el regadío tradicional, sistemáticamente todo el horizonte de supervivencia de la gente se te va al trasvasismo y al modelo de las élites alicantinas. Ahí creo que se evidencia que hay también un centralismo en la parte progresista al que tenemos que empezar a darle la vuelta.

Te has convertido en el primer regidor de la historia de Orihuela que utilizó la lengua valenciana en un pleno municipal, con una intervención que se hizo viral en las redes. En esta intervención, donde hiciste una reivindicación del valenciano sin ningunear el castellano y el bilingüismo, decías que “amb aquesta llengua -el valencià- jo puc gaudir d’Ovidi Montllor, emocionar-me amb Raimon i llegir a Joan Fuster, i açò és el que no vull que els furten als meus fills”. ¿Cómo se ha llegado a que el valenciano se encuentre en una situación tan grave? ¿Las fuerzas de izquierda de Orihuela antes que vosotros no utilizaron el valenciano en los plenos?

Diría que el problema del valenciano en la Vega Baja no es tanto de uso, como de reconocimiento. Es decir, creo que aquí hubo una lectura en algunos casos errónea a raíz del debate que se produjo en torno a esa intervención. Lo que yo estaba reivindicando no era que la gente utilizara el valenciano en las calles de la Vega Baja, esto, salvo en el municipio de Guardamar y una pequeña pedanía de Orihuela, que es Barbaroja, tenemos un predominio sociolingüístico del castellano y eso creo que nadie quiere que cambie, eso es fruto de los avatares y azares históricos, es la realidad que tenemos.

Era más una cuestión de reconocer el valenciano como una lengua que es propia, en tanto en cuanto es la lengua de buena parte de la gente con la que compartimos una comunidad, y es que si, por ejemplo, estuviéramos hablando de esto en Murcia, el valenciano debería ser conocida como la lengua de una buena parte de la gente con la que compartimos un Estado, lo digo porque eso también opera para el euskera u otras lenguas cooficiales.

Entonces, creo que no es un problema de uso, sino que hay un problema de reconocimiento institucional, de que la gente no conozca el valenciano. Esto es un problema porque, principalmente, no es solo que conocer el valenciano sea útil sino porque nos convierte en buenos compañeros de la ciudadanía que tiene otra lengua y

con la que tenemos que poder trabajar y relacionarnos en muchos momentos de nuestra vida.

No sé si antes de esa intervención lo había usado alguien en el pleno, alguien castellanoparlante quiero decir, porque es verdad que tuvimos una concejala de cultura del PSOE en 2011, Ana Más, que es valencianoparlante y fue una concejala excelente. Pero bueno, lo que quería reivindicar no era tanto que la gente lo usara sino que la gente entendiera que lo que hay que reivindicar es que se necesitan más herramientas, más facilidades y más recursos para aprender el valenciano y luego cada uno usará la lengua que quiera. 

Hemos llegado a una situación en la que aquel video se hace viral y se convierte en polémica, precisamente por el grado de enajenación con el que hemos vivido respecto al valenciano, se ve como algo que no tiene nada que ver con la Vega Baja y eso genera un impacto. Deberíamos naturalizar que cualquier concejal de Orihuela conozca el valenciano porque se ha educado en un sistema educativo y en un entorno cultural que le hace conocerlo, aunque luego ninguno de ellos luego lo hable como su lengua habitual. Es así que esta situación es fruto de un proyecto identitario que se ha construido poniendo una frontera para convertirnos en un bunker de las derechas, y con eso trabajamos.

Siguiendo con el tema lingüístico, la aprobación del decreto de plurilingüismo del Gobierno del Botànic - la Ley 4/2018- que marcaba que un mínimo de la enseñanza tendría que vehicularse en valenciano, provocó manifestaciones multitudinarias en su contra. En un artículo titulado “Plurilingüismo: Cuidar la Vega Baja más allá del ruido” apuntabas claves muy interesantes para pensar este conflicto, señalamos una que nos parece especialmente importante: la incomprensión de muchos de sectores de la izquierda valenciana ante lo que estaba sucediendo en la Vega Baja. ¿Qué querías decir con esto?

La idea era intentar reivindicar que no caricaturizásemos ni fuéramos reduccionistas con lo que estaba sucediendo ante aquel rechazo. Por supuesto que la derecha y la extrema derecha llevaban toda la vida introduciendo bulos, acelerando y buscando la indignación de la ciudadanía en términos emocionales, pasionales e identitarios en torno a esta cuestión, era evidente, y que la derecha estaba jugando en este terreno y además se sentían muy agusto, también lo era. Ahora bien, quería decir que era un error pensar que la mayoría de gente que estaba participando en las manifestaciones o que mostraba su rechazo ante el decreto de plurilingüismo formaba parte de esas derechas. 

Pongo de nuevo otra anécdota. El día de la manifestación masiva en Orihuela, me di una vuelta por las calles y vi a muchos de nuestros votantes rondando esta manifestación, y gente nuestra diciéndonos abiertamente que empatizaban con muchos de los motivos que llevaban a la gente a manifestarse. Claro, yo no compro que haya un gran consenso y unanimidad en el rechazo al plurilingüismo (de hecho, hay muchos sectores educativos que ven como algo positivo conocer el valenciano), pero creo que es un error caricaturizar el movimiento del rechazo como que son solo “cosas de las derechas”. No, no, esto es mucho más complejo.

Por lo tanto, las medidas en clave de defensa del valenciano como la manera de explicarlas y desarrollarlas, debían intentar hacerse cargo de algunos de los motivos que había en esa manifestación, para desactivar la fuerza que tenía e incluir a otros sectores sociales y así hacer un poco más mayoritaria la defensa del valenciano. Pongo algunos ejemplos. Era un poco absurdo entrar por la vía de las cuotas que tiene cada lengua en la enseñanza, y no abordar la cuestión de la exención del valenciano que sigue vigente en la Vega Baja, porque eso genera una situación un tanto absurda de que se puede vivir de espaldas a la otra lengua y que así es más fácil para el futuro académico. O cómo abordar cuestiones como el hecho de que a muchas familias y a muchos opositores y opositoras les cueste mucho dinero sacarse la titulación del valenciano porque estamos condenados a pagar academias privadas muy caras porque el sistema educativo no blinda que el título se asocie al curriculum. Es decir, que había mil motivos y mil historias que, si se abordasen, podrían hacerse cargo de esto.

 

"Por lo tanto, las medidas en clave de defensa del valenciano como la manera de explicarlas y desarrollarlas, debían intentar hacerse cargo de algunos de los motivos que había en esa manifestación, para desactivar la fuerza que tenía e incluir a otros sectores sociales"

Un poco por resumir: pensar que la reacción contra la normalización del valenciano es solo cosa de las fuerzas de la derecha en la Vega Baja… ¡pues ya me gustaría a mí que así fuera! Pero no es el caso. Entonces, de ese punto de partida hay que hacerse cargo a la hora de intervenir y no debilitar más el espacio del cambio en la Vega Baja.

Has comentado que en las manifestaciones había gente muy diversa, incluso votantes de Cambiemos Orihuela o de sectores progresistas, porque tienen múltiples razones para rechazar el decreto de plurilingüismo ¿Podrías resumir parte de estos motivos? ¿Qué motivos hay para que un votante progresista rechace el decreto?

Por ejemplo, había una razón que sirve muy bien como prueba del algodón para saber por qué te manifiestas. Una razón que era pedagógica y que tiene que ver con el plurilingüismo en sí. Primero, hay dudas sobre el efecto pedagógico que puede tener educarse en una lengua que no es la propia, con eso hay un debate abierto, pero es que además hay dudas con que eso realmente sirva para que la lengua se fortalezca fuera de los centros educativos, creo que aquí también hay un poco de fetichismo, ¿o es que la gente en Bélgica habla inglés simplemente porque estudian muchas horas en esta lengua? Bueno, seguramente tenga que ver con otras cuestiones como que la televisión no la doblan y otras historias.

 

Entonces, había muchas dudas con eso, había una reacción de rechazo que se expresaba con dudas acerca del criterio escogido, del tipo “esto de medir o poner cuotas a la cantidad de horas que mis hijos e hijas pasan estudiando una lengua que no es la suya… no lo veo”. Claro, esto cuando lo decía alguien que rechazaba la ley por puros criterios políticos, le decías “oye y qué pasa con el inglés”, ponía los ojos en blanco y se iba silbando para otro lado, pero había otro tipo de gente que te decía que le pasaba lo mismo con el inglés, entonces introducías un elemento nuevo en el debate, un elemento que es pedagógico. Yo no estoy en contra de las medidas en favor del valenciano pero ahí ya tienes un argumento que no es identitario o de estrategia política. 

Había otra cuestión que en este caso sí tiene que ver con una cuestión identitaria, como decía, el valenciano se vive como algo ajeno y es como el típico  “y para qué lo necesito”. Bueno, ahí lo que tenemos es que buena parte de la identidad nacional española se ha construido así, que ve a las otras lenguas del Estado como una especie de capricho que está muy bien para el museo pero que no tiene que tener carta de naturaleza institucional, y eso no solo tiene que ver con la derecha, ahí hay gente que bebe un poco de esa identidad pero cuando la pregunta ya no es en clave identitaria sino social, está claramente de tu lado. Entonces pues ahí a la hora de explicar las medidas y a la hora de articular, hay que ofrecer algún tipo de salida discursiva a esos sectores para intentar atraerlos y no perderlos del todo.

Me gustaría seguir por este tema, me parece interesante que podamos seguir contextualizando la realidad de la Vega Baja. ¿Crees que en este caso a la Conselleria d’educació o al Botànic en conjunto, le faltó más diálogo social y pedagogía a la hora de implementar el decreto en determinadas zonas como la Vega Baja (aunque no solo, hay otras comarcas castellanoparlantes)?

No conozco la antesala de la cocina de la ley, donde se decide mucho, y en ese momento no estaba muy vinculado a la comunidad educativa, hago una crítica pero sé que aún me falta información para hacerme el cuadro completo. Creo que la Conselleria d’ Educació, cuando vemos lo que ha hecho con el Pla Edificant y en materia de infraestructuras para la comunidad educativa, hace cosas muy bien hechas, pero ahí sí que creo que hubo un punto en que se decidió que había que proteger y normalizar el valenciano, algo con lo que yo estoy de acuerdo, y en la medida que eso era lo correcto y hay una razón ética y política para hacerlo, un poco parece esta lógica de “hay que hacerlo y ya convenceremos como se pueda”, y se generó este patrón que se quiso aterrizar en el territorio de golpe.

Creo que el error es no entender que hay comarcas que por su singularidad, como el caso de la Vega Baja, necesitaban un tratamiento más específico y muy singular a la hora de preparar la ley, yo eché en falta algún tipo de espacio de debate previo para ver qué argumentos afloraban. Para resumir, si hubiera habido espacios deliberativos previos al anuncio y desarrollo de medidas normativas, hubiéramos sido capaces de identificar qué argumentos operaban en rechazo a eso y haber podido adaptar más parte de la normativa a nuestra realidad.

 

Otro ejemplo concreto: cuando se aprobó el decreto de plurilingüismo que implicaba los porcentajes de enseñanza en cada lengua, hubo un rechazo fuerte en la Vega Baja y un movimiento interesante por parte de la Conselleria fue “no, no, oiga, ustedes podrán hacer proyectos piloto -digamos que cada centro educativo debía hacer un proyecto lingüístico- en los que se rebajen las cuotas mínimas de enseñanza y si se cumplen cierto requisitos se dará por bueno el proyecto”. Es decir, que luego la Conselleria demostró cierta flexibilidad a la hora de interpretar la norma, si esto se hubiera planteado a priori como un elemento de reconocimiento a la Vega Baja, el mensaje que se hubiera mandado sería otro. Se hace una ley que incomoda a muchos sectores castellanoparlantes pero es que se tiene que hacer, pero se hace teniendo en cuenta la condición de la que parte tu territorio.

 

Y cierro con esto, una cosa que se ha dicho mucho pero quizá no se tiene en cuenta, y es que si en nuestra comarca los valencianoparlantes han sufrido discriminación, también se tiene que tener en cuenta que a los castellanoparlantes se nos ha privado de una lengua que también debe ser nuestra y, por lo tanto, se nos ha privado de oportunidades, y a ese agravio debemos de darle la vuelta para que la gente reivindique más valenciano y no menos. Eso implica un trabajo de deliberación previo que yo entiendo que no es fácil pero que hay que tenerlo en cuenta cuando se interviene tanto legislativamente como discursivamente en comarcas como la nuestra.

¿Crees que después del paso del tiempo desde la aplicación del decreto de plurilingüismo, se ha normalizado un poco más la situación o el rechazo sigue existiendo?

Tengo la sensación de que el tema está más difuminado, también porque creo que algunas partes de la ley no se han llegado a aplicar debido a la situación que ha generado la pandemia. Evidentemente, que algunas medidas aplicadas podrán ser normalizadas, pero creo que siempre va estar ahí como elemento que debilita o bloquea a las fuerzas progresistas y que facilita la acción a las derechas, es decir, que sacan la cuestión cultural o identitaria y con eso tiran, que aquí con “trasvase, lengua, y qué bien el turismo” hay gente que puede hacer política durante mucho tiempo. Claro, es un elemento que va ser importante y va a facilitar o va a dificultar que la gente de la Vega Baja se sienta parte del proyecto del cambio valenciano que esperemos que se sostenga mucho más en el tiempo.

Volviendo al tema de la identidad. En ciertos núcleos y comarcas del País Valenciano nos encontramos mucha gente que se siente "tan valenciana como española" o en algunos casos "más valenciana que española". Me gustaría que tratases de describir un poco cuál es la identidad predominante dentro de la Vega Baja, y cual es la relación que ellos tienen con el resto del territorio valenciano y con Murcia.

Yo creo que uno de los elementos que resume bien la construcción identitaria de la Vega Baja es el chascarrillo ese que decimos mucho de “Ni Murcia, ni València. Vega Baja Independencia”. Es la sensación de que desde luego no somos murcianos, pero tampoco somos del todo valencianos, y diría que eso de ser alicantinos opera incluso menos, entonces es una especie de identidad desde el “no ser”.

 

No somos murcianos, no somos valencianos exactamente, sino que somos algo distinto que está a caballo de todo eso. Y que, por lo tanto, aquí se experimenta y se vive eso de ser “sobre todo, valenciano” pero de una manera muy singular, un poco como por contraste a la identidad valenciana oficial que nos llegaba, asociada a las Fallas, a la lengua, etc. Cuestiones que aquí no operaban y con un componente muy fuerte de cariz territorial de nuestra huerta y de una parte de otras tradiciones. 

Es una manera de sentirse valenciano distinta a la identidad oficial que hemos conocido, sin embargo, creo que muchas de las lógicas que se dan aquí suceden en muchas otras partes del territorio valenciano pero que algunas lógicas o claves de esas identidades se explican más en clave de cuál es la identidad española mayoritaria, la forma de sentirse español, que no solo la forma de sentirse valenciano. Creo que ahí como que se diluye un poco más el valencianismo y, por lo tanto, opera mucho más la identidad española que tengamos.

"Creo que muchas de las lógicas que se dan aquí suceden en muchas otras partes del territorio valenciano pero que algunas lógicas o claves de esas identidades se explican más en clave de cuál es la identidad española"

Esto se ha hablado mucho, hay cosas que hace la derecha que suceden en València que uno las puede rastrear hasta el blaverismo, aquí hay cosas que hace la derecha donde uno puede retrotraerse hasta el posfranquismo, no se rastrean en el blaverismo, puede haber algún reflejo pero aquí se bebe más de cuál es la identidad española en cada momento y creo que también por eso es importante el nacionalismo español progresista que, por suerte, estamos reconstruyendo y reformulando, porque esto que nos pasaba antes de regalarle España a la derecha era un poco un absurdo que nos hacía perder demasiado.

Por eso aquí los espacios transformadores y progresistas nos alineamos más con espacios políticos que se explican en clave española más que en clave valenciana. Por resumir, una manera de sentirse valenciano distinta a la oficial, pero sobre todo una manera propia de sentirse español.

Hablando del blaverismo. Así como la polarización de la Comunidad Valenciana con Cataluña la ha explotado el PP durante muchos años y ha tenido mucho impacto en la provincia de Valencia, ¿esta confrontación o este miedo a que nos "catalanicen", se vive con la misma fuerza o con el mismo miedo en el sur de Alicante?

No lo tengo del todo claro porque me falta información de cómo se vive la política en València, pero mi sensación es que va bajando de nivel, es decir, si en València había un sentimiento de miedo a un supuesto catalanismo agresor, en la Vega Baja eso también se dice, pero aquí ya no está la sombra del catalanismo, aquí la sombra es directamente Marzà, la sombra es el valencianismo. 

El discurso no es tanto reivindicar que el valenciano es una lengua distinta al catalán (el absurdo ese), sino reivindicar el derecho a hablar castellano. Sí que veo que la derecha rechaza el plurilingüismo en todo el territorio, da igual si es castellanoparlante o no, pero modula su discurso en función del lugar en el que esté, así, modula ese rechazo de diferente forma, o en base a que estás “catalanizando” el valenciano o en base a que estás “valencianizando” una zona castellana que es lo que parece que sucede un poco más aquí en la Vega Baja.

¿Qué papel podrá tener Cambiemos Orihuela en la política local en los próximos años?

Ampliar el espacio político del cambio a nivel local, mucho más de lo que podrían hacer por sí solas las grandes siglas y los grandes partidos que lo forman. Lo ideal sería conformar un gobierno progresista que con los números y la sociología encima de la mesa, sabemos que será un gobierno con el PSOE o no será, e intentar desplegar políticas municipalistas que normalicen un poco la protección del territorio, frenar el neoliberalismo salvaje que todavía predomina aquí en materia urbanística y territorial e intentar un poco, también, normalizar las relaciones entre Orihuela como una de las grandes capitales del sur con el resto del territorio, hacer de ellas unas relaciones cooperativas y solidarias y no de confrontación como están haciendo ahora los dirigentes de Orihuela.

 

Yo espero conseguirlo, y para esto lo que va ser importante para que nos salga bien en nuestro municipio es que nuestras propias fuerzas políticas se crean el municipalismo, que hay un municipalismo muy de boquilla pero a la hora de la verdad las ciudades son el medio o el instrumento o la correa de transmisión de la estrategia pensada a escalar superior.

 

Hace falta entender que si a los municipios se les deja tener una lógica propia y una autonomía política mayor, las cosas pueden salir mucho mejor de lo que han venido saliendo, y aunque habría que estudiarlo científicamente, la mera intuición me dice que los municipios que han seguido ese camino les ha ido un poco mejor en esta segunda parte o final de ciclo electoral en el que ha habido tanta debacle en algunas ciudades.

 

Recomendaciones

Un libro.

Recomiendo El Tratado de la servidumbre liberal, de Jean-Léon Beauvois, que mola mucho porque es un psicólogo social que trata de deconstruir la trampa de la libertad de elección en las democracias liberales y con esto de la educación y la cuestión lingüística, viene muy al caso.

Una película.

Por reciente y porque es un puntazo, Parásitos, para el que no la haya visto.

Una canción.

La Maza porque es un clásico, pero la versión de Mercedes Sosa y Shakira que la mejora mucho.

Pues ya acabamos. Nada Carlos, no sé si hemos dejado algo que te interesaría tocar.

 

No, no, la verdad que hemos hecho un buen repaso y me lo he pasado muy bien.

 

Me alegro, ha sido un placer. Muchas gracias.

 

¡Igualmente, me alegro mucho de volverte a ver, Carla!

  • Blanco Icono de Instagram
  • Twitter Icono blanco
  • Blanca Facebook Icono
  • Telegram-White-PNG

ReconÈIXER la tradició 

plurinacional i emancipatÒria

del nostre país 

és la condició de possibilitat

per A poder governar-nos

VOLS PUBLICAR

A AGON?

Publicacions

recomanades

© 2021 Agón, Cuestiones políticas