Entrevista a Joan Romero (Parte I)

«El epicentro estaba en las plazas, pero el hipocentro evidenciaba un profundo malestar de la sociedad española»

 Las raíces urbanas de la crisis han puesto de manifiesto hasta qué punto la producción del espacio se ha tornado central en el modelo neoliberal surgido de la crisis de los 70. No es casual que la cuestión/gestión urbana haya sido una de las polémicas que más debate han suscitado en torno a los diversos 'Ayuntamientos del Cambio' surgidos de las elecciones de 2015. 

   Joan Romero es catedrático de Geografía en la UV y  es miembro del Instituto Interuniversitario de Desarrollo Local. Recientemente ha publicado diversos artículos conjuntos abordando la cuestión del neoliberalismo urbano, con especial atención a la ciudad de València, y sobre las posibles soluciones. Esta entrevista se realizó en su despacho de la Facultad de Derecho de la UV. Agradecemos su disposición.

Pregunta: Tendemos a pensar que el espacio es un elemento pasivo dentro del conjunto de relaciones sociales, como un lugar donde las cosas pasan. Henri Lefebvre diría que cada sociedad produce su espacio, ¿qué implicaciones tuvo este giro tanto en Geografía como en Ciencias Sociales? 

Respuesta: Tuvo, o más bien diríamos tiene. Las ciencias sociales y, por tanto, la geografía, que es una ciencia social, aporta distintas perspectivas y enfoques sobre esta cuestión, anclados en ideologías distintas. Yo, personalmente, me ubico en aquella corriente de la geografía que entiende la ciudad como un producto social, sin que haga falta describirlo mucho más. Pero no todo el mundo piensa así. Yo entiendo que la ciudad es un espacio político y además entiendo que las ciudades y sus áreas metropolitanas en el siglo XXI han crecido como actores políticos relevantes, en la medida en que la globalización ha reducido el margen de maniobra de los estados, de manera que son los mejores laboratorios para imaginar alternativas al hoy hegemónico pensamiento neoliberal. Es la escala más adecuada. 

P: Teniendo en cuenta esta comprensión del espacio como producto social, ¿cuál ha sido su configuración durante el periodo fordista? ¿Qué modelo de ciudad generó este periodo? 

R: Hay ritmos diferentes, en cuanto a que por razones de tipo histórico la realidad de muchos países europeos y la de países mediterráneos son diferentes, de modo que cuando las ciudades europeas ya estaban “equipadas” y ya era una realidad la concreción en el espacio de las políticas keynesianas (30 primeros años posteriores a la posguerra), la realidad española todavía estaba en el inicio, de modo que la configuración de las ciudades españolas tiene dos etapas, una primera etapa que yo defino como reparadora (primera década de la democracia), en el sentido de que los gobiernos locales intentan reparar y restañar aquello que durante 40 años de dictadura no se había podido hacer, ya que la ciudad franquista era una ciudad improvisada, una ciudad sin servicios, sin equipamientos, y una segunda etapa más propositiva, siguiendo caminos distintos, aunque en el caso español ha prevalecido durante casi dos décadas, salgo excepciones muy contadas, una hoja de ruta más basculada hacia enfoques de tipo neoliberal que poskeynesianos.

P: En los límites de este periodo se desarrolló la noción de “Derecho a la ciudad”. ¿Cuál es su significado? ¿En qué consistía?

R: Derecho a la ciudad es, para mí, entiendo la ciudad como la ciudad real (centro urbano más área metropolitana) la concreción en la escala local de la generación clásica y nueva de derechos sociales, porque es ahí donde se concretan, más allá de la etapa keynesiana. Es la concreción de derechos universales, derechos sociales y el espacio donde se van concretando nuevas políticas públicas que se ocupan o intentan ocuparse de procesos más recientes. Por tanto, derecho a la ciudad para mí es todo eso y abarca 4 pilares: la actividad económica y el empleo, el capítulo de derechos sociales, la dimensión medioambiental de los procesos y formas de gobernanza que se ocupen de la escala real de la ciudad. Para mí todo eso, desplegado, es un abanico extenso de derechos, entendidos como espacios en los cuales la ciudadanía puede acceder plenamente a aquellas cuestiones a las que tiene derecho, en la medida en que desde las políticas públicas llevadas a cabo se han reducido esos derechos, teniendo como ejemplo paradigmático el caso español. 

 P: A partir de los setenta las ciudades dejan de ser meras gestoras dependientes del Estado-nación y pasan a relacionarse directamente con el capital financiero desterritorializado, comportándose como agentes económicos de primer orden y ocupando una posición política fundamental. ¿Qué implicaciones ha tenido dicho proceso? ¿Cuáles son sus características principales? 

 R: Si miramos a la realidad española, incluso valenciana, las características son la concreción en esta escala de una agenda neoliberal muy agresiva. Esta es mi conclusión con perspectiva, una agenda muy agresiva con las características que todo el mundo conoce: producción inmobiliaria de promotor, legislación urbanística e hipotecaria al servicio de intereses específicos, legislación facilitadora básicamente de la actividad de promotores; una agenda orientada a la promoción de vivienda libre en detrimento de la vivienda social, nula atención a la vivienda de alquiler para grupos de población desfavorecidos, una clara orientación hacia la ciudad espectacularizada, abandonando la otra cara de la ciudad, la de provisión de servicios básicos y de espacio público, la ciudad de los eventos, siendo Valencia un ejemplo paradigmático; privatización del espacio y de los servicios. Esta serie de políticas se llevan a cabo bajo la rara aplicación de la agenda neoliberal siguiendo principios por los cuales aquello que es negocio se le entrega a la empresa privada, mientras que aquello que arroja pérdidas vuelve de nuevo al ámbito del Estado. Es una peculiar lectura de la agenda neoliberal: el estado debe hacerse pequeño en aquellas partes que son negocio y debe hacerse muy grande en aquellas partes que arrojan pérdidas. Esto es lo que algún colega ha definido como capitalismo de amiguetes. 

P: Recién llegada la democracia a España, el mundo occidental, con especial relevancia en los gobiernos de Reagan y Thatcher, se encuentra inmiscuido en un giro brutal hacia el neoliberalismo, y una preparación, en forma de pisada de acelerador, para la globalización que viene. ¿Cómo se afronta esto desde el punto de vista de las ciudades, en un país que comienza a construir su Estado del Bienestar mientras en otros se intenta desmantelar? 

R: En el caso español, como he comentado antes, apreciamos lo que podríamos denominar una arritmia histórica ya que, cuando en la mayoría de países europeos ya se discutía de fatiga fiscal, de crisis del estado del bienestar, en países latinos como España el Estado del bienestar ni siquiera había comenzado. Para este periodo, que es la consolidación de las primeras fases de la etapa democrática, encontramos un periodo exclusivamente reparador. La primera década del urbanismo, de la construcción de la ciudad democrática, es un conjunto de políticas públicas básicamente reparadoras. Echo la mirada atrás y veo, por ejemplo, la ciudad de Valencia, donde los primeros alcaldes democráticos como, por ejemplo, Pérez Casado, tenían como prioridades equipar físicamente los barrios, no metáforicamente, sino físicamente , porque el modelo de ciudad de la última fase del franquismo tiene que atender a grandes corrientes migratorias y es una ciudad realmente improvisada, acogiendo a miles de personas que se trasladaban del campo a la ciudad y donde, como aquel que dice, se dejaban caer bloques de fincas en medio del campo. Entonces esta primera etapa es una etapa muy reparadora, de la ciudad improvisada hay que pasar al urbanismo reparador. Y en el caso de la ciudad de Valencia ya se apuntan algunas señales de futuro, especialmente en la redacción del plan que impulsa Ricard Pérez Casado, a cuya alcaldía le concedo una gran importancia, porque las bases que sienta marcan un poco el camino para el futuro, aunque sin duda lo más destacado de esta época es como decimos la labor de reparar y restañar los trozos de ciudad que habían quedado desgajados de la ciudad central y dotar de equipamientos básicos a la ciudad real legada del franquismo, es decir, la consolidación de una primera etapa socialdemócrata a partir de las posibilidades que en ese momento existían.

P: ¿Qué cambia con la entrada del Partido Popular a los gobiernos, tanto del Ayuntamiento como de la Generalitat, que se prolongarán durante prácticamente 25 años? ¿Cuáles son las políticas clave que conforman a Valencia como una ciudad que se construye bajo una perspectiva neoliberal?

R: Cambian dos cosas, fundamentalmente. Cambia, naturalmente, la concreción de las ideas neoliberales y cambia completamente el enfoque en la formulación de políticas públicas. Valencia y Madrid fueron básicamente los dos laboratorios de aplicación de la agenda neoliberal en España, yo siempre lo he defendido así, tanto en la escala regional como en la escala local. Con este cambio de gobierno, el Estado debe volverse de nuevo más pequeño, hay que eliminar el mayor número de obstáculos para que la iniciativa privada progrese, hay que reducir la fiscalidad progresiva, la agenda clásica llevada al ámbito local, y un poco más allá. Por eso decía yo que era una agenda agresiva, porque en el caso español (Comunidad Valenciana o Madrid), las élites políticas del Partido Popular estaban especialmente fanatizadas por la parte más agresiva del pensamiento neoliberal, siendo Esperanza Aguirre el ejemplo más claro, en el sentido de que en el caso de Madrid y Valencia, con el apoyo inestimable de la iglesia, fueron muy lejos en materia de inversión para darle la vuelta al sistema educativo en favor de la red concertada en detrimento de la red pública. No era necesario, pero llevaron el pensamiento neoliberal hasta el final. Te recuerdo que fue Valencia la que inaugura la experiencia de privatizar parte de la red pública de hospitales mediante la introducción de capital privado en su gestión. Realmente llegaron al extremo de lo que es el pensamiento neoliberal más radical, como se llegó en ciudades que yo siempre pongo como ejemplo de ciudad neoliberal, Santiago de Chile, por ejemplo, pero Valencia y Madrid las élites políticas del PP se aplicaron bien, porque han estado 20 años intentando darle la vuelta al sistema educativo, redujeron el espacio en la provisión de servicios públicos a la dependencia a la mínima expresión. Allí donde había el más mínimo atisbo de negocio, se le entregaba a la esfera privada. Podríamos decir que tuvieron éxito en la formulación de sus políticas, políticas que implantaron la cultura política del negocio y el saqueo. Por eso digo que las élites políticas del Partido Popular estaban especialmente fanatizadas, llegaron en materia educativa mucho más lejos que gobiernos conservadores de muchas ciudades europeas. Es una agenda neoliberal, pero muy llevada al extremo. 

P: Desde 2015, tanto la Generalitat como el Ayuntamiento de Valencia, cuentan con gobiernos distintos al Partido Popular. ¿Qué ha significado la entrada de estas fuerzas políticas al gobierno de sendas instituciones para el diseño y la construcción urbana de la ciudad de Valencia y su área metropolitana? ¿Advertimos un cambio de rumbo en las políticas llevadas a cabo hasta el momento?

R: Yo me atrevería a decir que yo personalmente percibo un cambio de orientación muy importante, tanto en la escala regional como local. [Aquí me quiero extender un poco, si es posible] Primero quiero decir que el 15M cambia muchas cosas en España. Ahora con perspectiva alguna gente se ha dado cuenta, ¿no? Yo ya dije cuando escribí sobre aquello que el 15M era mucho más que un movimiento social efímero, que el epicentro estaba en las plazas, pero el hipocentro evidenciaba un profundo malestar de la sociedad española. Y parte de aquello se concretó luego en movimientos sociales que finalmente tuvieron un rostro en forma de alternativa política, especialmente en la escala local (Barcelona, Zaragoza, Santiago, Valencia, Madrid). En forma de primer cambio, encontramos gobiernos plurales, rostros distintos de las izquierdas que deciden gobernar una ciudad en conjunto. Esto me parece un cambio histórico que es muy positivo, porque creo que la democracia ha salido ganando. En segundo lugar y yendo a lo que planteas, veo un cambio muy importante, sin salir de la ciudad, porque a mi me parece que los nuevos gobiernos (del cambio), por ejemplo, en Valencia, lo que intentan es quemar etapas. Yo he llegado a afirmar en público, incluso en presencia de actuales dirigentes muy criticados por la prensa valenciana ultraconservadora, que lo que en Valencia parece significar un cambio revolucionario no es más que poner en práctica lo que ciudades con gobiernos conservadores llevan haciendo ya algún tiempo, por ejemplo, en movilidad. Y el concejal tiene que asentir con la cabeza porque el pobre solo puede hacer lo que en se hace en decenas de ciudades europeas conservadoras. Veo un cambio de orientación, lo que intentan yo creo es quemar etapas, situar a la ciudad de Valencia en una senda distinta de aquella agenda neoliberal tan radical, pero no es sencillo. Primero, en materia de promoción económica, un asunto delicado pero que toda ciudad debe abordar. Hace poco decía un joven urbanista valenciano que ahora es responsable de la gestión de la Marina: “Valencia tiene que crecer, el problema es cómo”, y yo creo que tanto el gobierno local como el regional intentan que crezca de otra manera. Creo que están intentando buscar una agenda distinta en materia de política social, teniendo en cuenta el estrecho margen de maniobra que hay porque la recesión sigue estando ahí, y todavía el margen de maniobra presupuestario es muy estrecho. En tercer lugar, el modelo de ciudad: ¿Qué hacemos con la huerta? ¿Qué se hace con la revisión del plan? Tened en cuenta, por ejemplo, que el ayuntamiento de Valencia es un ayuntamiento que ha desclasificado suelo urbano y que lo ha devuelto a la huerta, lo que me parece importante. Ha desbloqueado también todo el proceso que ha hecho posible la legislación de protección de la huerta de Valencia. He de decir que en la época del Partido Popular hubo un intento bienintencionado por parte de un dirigente de llevar a cabo una legislación de la huerta, pero fue bloqueado por la entonces alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, literalmente. En cuarto lugar, yo creo que este gobierno esta trabajando bien, en la medida de sus posibilidades, en lo que tiene que ver con movilidad, que me parece un elemento central, llevando a cabo mecanismos de coordinación con otros actores del gobierno multinivel. Yo creo que el gobierno local, que es plural, intenta ver la realidad de la ciudad de Valencia en un contexto metropolitano, lo que me parece histórico. Había costado mucho en España que las élites políticas locales tuvieses una visión metropolitana de los procesos. Me parece que ahora existe una visión compartida de que hay que trabajar en esa escala.  

¿Esto es revolucionario? Obviamente, no. Me parece que es una línea correcta, que será mucho más visible en 8 años (4 años es poco para ver cambios perceptibles) ya que necesitamos algo más de recorrido para que los cambios comiencen a hacerse perceptibles. De momento, veo un modelo distinto, veo una agenda de políticas públicas completamente distinta, aunque obviamente queda mucho por hacer en materia de reciclaje, de gestión de residuos, de transición energética, en materia de política social. Aun así, hay un intangible muy importante, relativo a esta pregunta tan importante que haces y es que, para mí, tanto a escala regional como local, el hecho de que cuando yo llego a mi casa cada noche desde hace tres años sé que mis responsables políticos no me están robando, esto ya para mi justifica una legislatura completa, todo lo que me den de más ya será para mí un añadido, y esta percepción la tengo. Han llegado a los equipos de gobierno, locales y regionales, gente honesta que lleva una agenda clara en su cabeza y que llegaran hasta donde las circunstancias y el contexto les permitan, pero sé que están administrando lo mejor posible los escasos recursos públicos con los que cuentan. Esto es muy importante, porque esto ayudará a reconciliar la ciudadanía con los responsables públicos, disociación muy peligrosa en esta época, digamos, posdemocrática. Cuanto más estrecha es la distancia entre ciudadanía y gobernantes, mejor nos irá.

 

Entrevista a cargo de Raúl García Carro y Xavier Granell Oteiza.

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