Fake news y posverdad. Desinformación en tiempos de COVID-19

Marc Torres

El pasado martes 7 de abril, la compañía Facebook anunció que pondría en marcha una herramienta para su aplicación de mensajería instantánea WhatsApp, la cual, anulará de forma automática los envíos masivos de mensajes “altamente reenviados”. Este mecanismo se ha creado con el objetivo de acabar con las fake news, los bulos y demás contenido orientado a la desinformación, que durante la actual pandemia provocada por el COVID-19 han aumentado de manera exponencial (solo en nuestro país la Policía Nacional ha detectado más de 200 bulos relacionados con el Coronavirus). Tras la medida, no fueron pocas las voces que salieron tachandola de un instrumento orientado a perseguir la disidencia política y en favor de la la censura, algo inadmisible en democracia. Entre el grupo de los indignados se encontraba la agrupación política Vox, que acusó al gobierno de Pedro Sánchez de estar detrás de la decisión tomada por Facebook.

Cabe destacar que Vox es uno de los partidos políticos que más rédito le han sacado a las redes sociales como instrumento de comunicación política, donde sus diferentes canales de WhatsApp han sido una fuente fundamental a la hora de captar nuevos seguidores así como mantener su fidelidad. Una vez adoptado esto por esta red social, que lejos de practicar la censura lo único que cambió fue su política de reenvío de mensajes virales (no se podrán reenviar los mensajes que hayan sido enviados más de cinco veces), la organización política de extrema derecha decidió hacer una migración masiva a la red social Telegram, para así (según ellos), acabar con la censura puesta en marcha por el Gobierno de España, el que además, cuenta con la complicidad de los propietarios progresistas de las empresas de redes sociales ubicadas en Silicon Valley.

Hay que destacar el hecho de que Facebook, en España, tiene contratados a empresas como Newtral y Maldita.es como verificadores de su plataforma (en otros países tiene a otras empresas encargadas de dicha verificación), hecho que utilizó Vox en pro de reforzar su teoría de la conspiración. Si bien la mentira y la posverdad han existido siempre, es preciso subrayar que no ha habido ningún otro momento en la historia de la humanidad en la que tanta gente haya tenido un acceso tan fácil y masivo a los medios de información, ya sean a la prensa escrita, radio, televisión o cualquiera de las nuevas fuentes que ofrece internet. Por lo que teniendo en cuenta este hecho, en el presente artículo se ha realizado una reflexión sobre las Fake news (relacionado también con el auge del fenómeno de la posverdad) y los procesos políticos actuales, los cuales, están más que nunca influenciados por estas dos variables.

Para ello, se ha llevará a cabo una revisión bibliográfica sobre el cambio de modelo que ha supuesto la expansión de las redes sociales en la información, así como el alcance que tienen las noticias faltas en la política. En este sentido, se expondrá uno de los casos más relevantes y paradigmáticos, como es el de las elecciones a la presidencia americana del año 2016, donde Donad Trump se hizo con la victoria derrotando a Hillary Clinton.

 

Fake news y posverdad.

 

Tal y como exponen López-Burrull, Vives-Gracia i Isidre Badell (2018), en el estudio La irrupción de las Fake news en el ecosistema informacional, ¿oportunidad o amenaza para el profesional de la información? Los profesionales de la información ofrecían unas fuentes de la información que por lo general se consideraban fiables, ya que a priori, estaban sometidas a una serie de controles y validaciones, siempre con el objetivo de asegurar una cierta calidad y veracidad.

En el contexto actual, con la irrupción de internet, el clásico monopolio de la información que ostentaban los editores de revistas, diarios, libros, etc. ha quedado obsoleto. Dicha cuestión ha transformado completamente el acceso a la información, tanto desde el punto de vista del informante como del informado. Esto, que se ha visto reforzado gracias a la consolidación de redes sociales como Facebook o Twitter, ha permitido que proliferen por la red una gran cantidad ingente de noticias falsas, o como mínimo, de certeza dudosa (López-Burrull y otros, 2018). Si tenemos en cuenta el estudio del Pew Research Center realizado en Estados Unidos durante el año 2017, que expone que un porcentaje muy elevado de usuarios de Facebook utiliza esta red para informarse en lugar de las actividades clásicas por el cual se diseñó Facebook, como puede ser ver fotografías de amigos o familiares, no cabe duda que este hecho es un fenómeno a tener en cuenta, ya que las consecuencias de las noticias falsas que la sociedad percibe como ciertas, pueden acabar siendo reales.

En virtud de ello, Facebook se ha convertido en un medio de comunicación fundamental en la sociedad contemporánea (López-Burrull y otros, 2018). Si adoptamos la definición que hace Rolchin (2017), Fake new es aquella noticia que se publica a través de un titular o historia deliberadamente 2 falsa con la intención de parecer veraz, ésta puede ser toda ella mentira o tan solo alguna de sus partes. También tienen la particularidad de no cumplir con unos mínimos periodísticos en sus contenidos, además no ceñirse a la ética periodística ni a la utilización responsable de la información. Con estas características es evidente que se podría concluir que las noticias falsas han existido a lo largo de la historia, pero hay que tener en cuenta que jamás han sido tan numerosas y habían generado tanta repercusión y capacidad de difusión como en la actualidad. Además, esto se acentúa por el presente modelo informativo, en el que se combina la información continua durante 24 horas y las redes sociales.

Tales circunstancias obligan a la generación constante de noticias de última hora, creando así un escenario prolífico para las fake news (López-Burrull y otros, 2018). Un estudio de la revista Science expuso que las Fake news tenían un mayor alcance además de un recorrido más rápido que no las noticias comprobadas como ciertas. Dicho fenómeno aumenta en las noticias relacionadas con la política (López-Burrull y otros, 2018). También Vasouqui y otros (2018) llegaron a la conclusión que las noticias falsas gozaban de una velocidad de difusión superior. Uno de los mecanismos más novedosos y eficientes que acentúan la proliferación masiva de este tipo de noticias, tanto en la cantidad como en la velocidad de difusión, son los bots, robots y los perfiles falsos (de redes sociales como Facebook y Twitter), que son creados con el objetivo de difundir Fake news en las redes para así provocar confusión y favorecer a un determinado político o creencia ideológica.

De acuerdo con esto, un estudio realizado por Shao et al (2017) ultima que los social bots actualmente tienen un papel fundamental en la difusión de la desinformación, por lo que ya se puede observar que la proliferación de nuevos actores en este ámbito dificulta su erradicación. Si tenemos en cuenta que la comunicación impregna cada vez más la vida social, política y económica, no se puede obviar el concepto de la posverdad, que todo y no ser exactamente lo mismo que el fenómeno de las fake news, sí que están estrechamente relacionados. En virtud de ello, los medios de comunicación pueden llegar a crear una realidad paralela que en muchas ocasiones se la puede considerar la “auténtica realidad” (Alsius, 2017). Según expone Salvador Alsius (2017) en su obra De la postveritat a la postètica, el concepto posverdad se refiere al “ambiente o el contexto en el que los hechos objetivos influyen menos en la opinión pública que las apelaciones a las emociones y a las creencias personales” (Alsius, 2017).

Teniendo en cuenta el contexto actual donde el advenimiento de las redes sociales ha creado una nueva manera de entender tanto la comunicación como la realidad, se puede entender que la difusión de las Fake news, especialmente en segmentos de la población que por su juventud o nivel de formación tienen una mayor dificultad de distinguir lo que es real de lo que es falso, sea un fenómeno creciente. Asimismo, hay que destacar que “posverdad” fue la palabra del año 2016 según el diccionario británico de Oxford, con lo que no cabe duda de su crucial importancia. Tal y como muestra Salvador Alsius (2017), la palabra “posverdad” se utilizó por primera vez durante en conflicto de la Guerra del Golfo, por el dramaturgo serbioamericano Steve Teich, debido a que la información que llegaba en aquel momento sobre el conflicto era muy confusa, dificultando claramente la información objetiva y veraz.

Por otro lado,  Enric Alterman, relacionó la posverdad con la política, entendiéndola como un arma utilizada para crear desinformación.  Alterman mostró cómo la administración de George Bush utilizó el miedo creciente en la sociedad americana tras los atentados del 11 de septiembre en New York para la aplicación de políticas que buscaban crear una mayor sensación de seguridad, en detrimento de recortes de algunas libertades de los ciudadanos (Alsius, 2017). De cualquier manera, la utilización de la mentira no es una novedad de los tiempos posmodernos, ya que Goebbels, ministro de propaganda del III Reich, ya en esos años dijo que “una mentira repetida mil veces se convierte en una gran verdad”. Hay que tener en cuenta el hecho de que los políticos mientan no es ninguna novedad, a lo largo de la historia existen infinidad de casos donde políticos han mentido deliberadamente para tapar escándalos o ganar votos.

En este caso, la principal novedad radica en la construcción de una realidad virtual, donde la verdad y la mentira son la misma cosa (Alsius, 2017). La otra novedad es la capacidad de expansión masiva de la falsedad que permiten las redes sociales, al igual que el gran número de personas que pueden ser 4 partícipes. Gracias a estas redes, todo el mundo puede ser un potencial emisor de mensajes, lo cual puede ser muy positivo, sobre todo para sectores de la población con “poca voz”. No obstante, también presenta los inconvenientes de la posverdad y las Fake news. Es destacable cómo las mismas personas que pueden llegar a denunciar las mentiras de los medios de comunicación a la vez son partícipes de la divulgación compulsiva de noticias no contrastadas.

Fake news y Donald Trump.

 

En relación con la política, tal y como muestran López-Burrull, Vives Gracia i Isidre Badell (2018), las Fake news y la posverdad se han convertido en una herramienta política y de combate ideológico. Es a partir del año 2016, durante la carrera electoral por hacerse con la presidencia de los Estados Unidos que mantenían Hilary Clinton y Donald Trump, que el fenómeno de las mentiras distribuidas de forma masiva a través de internet con la intención de favorecer o desprestigiar a uno y otro candidato se convirtió en una nueva arma de propaganda.

A este hecho hacía referencia recientemente en una entrevista en el diario El País el filósofo, lingüista y activista político Noham Chomsky, el cual exponía que ''el neoliberalismo ha creado las condiciones del desencanto y la polarización que producen las fake news y permiten que personajes como Donald Trump pongan en riesgo las estructuras de la democracia […] El resultado es una mezcla de miedo y escapismo. Ya no se confía ni en los mismos hechos. Hay quien le llama populismo, pero en realidad es descrédito de las instituciones''' (Chomsky, 2018). La campaña electoral de Donald Trump estuvo marcada por las noticias falsas, las medias verdades y el relativismo. Entre sus declaraciones con mayor calado estuvo las que mencionaba que Barak Obama y Hilary Clinton fueron los fundadores del ISIS, o que esta última en caso de perder las elecciones llamaría a la guerra civil.

También puso en duda de que Obama hubiera nacido en los Estados Unidos, llegando a declarar que lo había hecho en Kenia. Incluso aseguró que el Papa Francisco apoyaba su candidatura, cuando esto nunca sucedió (Benton, 2016). Hay que señalar que todas estas mentiras, además de muchas otras, fueron ampliamente difundidas por las redes sociales, donde el actual presidente americano tiene 16’3 millones de seguidores en Twitter, mientras que en Facebook acumuló 15’6 millones de “me gusta”. En este sentido, contrasta con los 9’7 millones de seguidores en Twitter y los 11’4 millones de “me gusta” de Hilary Clinton (Pereda, 2017). 5 Donal Trump instauró a nivel mundial una nueva forma de hacer política. Se creía portador de la palabra de la mayoría, evidenciando que para él los hechos carecían de importancia. En su lugar los rumores y las mentiras descaradas fueron invocadas como reales (Muñoz, 2017).

En la centralidad del discurso del actual presidente norteamericano también estuvo las arengas de odio hacia inmigrantes, mujeres o minorías étnicas, haciendo de la posverdad, un arma arrojadiza contra estos colectivos con el objetivo de atraer al electorado más radical. Según algunas entregadas por los sitios de fact-checking, para la verificación de las afirmaciones que se realizaron durante la campaña presidencial del 2016, el 70% de las declaraciones de Donald Trump fueron falsas (Salas, 2016).Según expone Hofseth (2017): ''Trump hasta hoy está explotando a los medios de comunicación para obtener beneficios y para ello ha utilizado una serie de herramientas: La atención, que es la pantalla de humo y sus desviaciones, las que afectan la cobertura política de la prensa; la relatividad, que es la verdad a medias y el uso de las falsas noticias; la incertidumbre, hay muchas versiones alternativas; y el juego de la víctima, que es cuestionar la credibilidad y objetividad de los medios”.

También es de menester destacar el hecho de que, durante el año de la campaña electoral, es decir, el 2016, se crearon 46 sitios web que publicaron más de 750 noticias falsas solo en los Estados Unidos (Silverman y Singuer Vine, 2016), por lo que el éxito del republicano en cuanto a la utilización de las nuevas plataformas de la información es evidente.

Algunas consideraciones finales.

Tal y como se ha expuesto, la utilización de las fake news y la posverdad tienen un gran peso en los procesos políticos actuales. En este caso, se ha mostrado una situación en la que su utilización por parte de unos actores concretos se han hecho con el objetivo de favorecer unas posturas políticas determinadas.

El mecanismo utilizado por estos ha sido la mentira y la difamación, lanzando Fake News a través de internet, concretamente las redes sociales Facebook y Twitter. En todo momento han intentado sesgar la opinión de gran parte de la población haciendo de la desinformación y la posverdad su principal arma. Teniendo el cuenta el momento excepcional que nos está tocando vivir, como es el de una pandemia mundial provocada por un virus completamente desconocido, además de las severas medidas de confinamiento que se están aplicando para combatirlo, es fundamental hacer frente al grave problema que nos concierne a todos. Para ello, los periodistas y demás trabajadores del sector de la información deben de hacer del código deontológico una máxima, ya que, como cuarto poder, tienen el deber de ser garantes de la veracidad así como de la rigurosidad informativa.

Pero no solo estos, todos y cada uno de los ciudadanos de diferentes disciplinas y sectores, tenemos la responsabilidad de hacer un uso comprometido y correcto de las redes sociales, ya que solo con una ciudadanía responsablemente activa, podemos favorecer a que los actores políticos tengan un mayor compromiso con la sinceridad y la honradez, que en tiempos de Coronavirus, es más necesario que nunca.

Bibliografía

Anderson, R. (2017). Fake news and alternative facts: five challenges for academic libraries, Insights

Benton, J. (2016). The forces that drove this election’s media failure are likely to get worse. Nieman Journalism

 

Hofseth, A. (2017). Fake news, propaganda, and influence operations

 

López, B. Vives, G. i Isidre, B. (2018). La irrupción de las Fake news en el ecosistema informacional, ¿oportunidad o amenaza para el profesional de la información?

 

Keyes, R. (2004). Posth-truth era: dishonesty and deception in contemporary life

 

Muñoz, P (2017): Medios de comunicación y posverdad; Análisis de las noticias falsas en las elecciones presidenciales de E.E.U.U. de 2016

 

Rochlin, N. (2017). Fake news: belief in post-truth", Library Hi Tech

 

Pereda, C. (2017). La victoria de Trump inspira una reflexión colectiva del periodismo estadounidense.

 

Salas, J. (2016). La posverdad está en tu cerebro.

 

Salvador, A. (2017). De la posverdad a la postética

 

Vosougui, S.; Roy, D.; Aral, S. (2018). The spread of true and false news online. Science, vol. 359, núm. 6380

 

El País (2018). Entrevista a Noam Chomsky. [Online] Recuperado de: https://elpais.com/cultura/2018/03/06/babelia/1520352987_936609.html

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