El sujeto feminista. Interseccionalidades y el rol del hombre en la lucha feminista

Alejandro Caamaño

                                                                         John Olson. The LIFE Picture Collection. Getty Images

La socióloga australiana de la Facultad de educación y trabajo social de Sidney, Raewyn Connell, ha sintetizado el desarrollo de la investigación sobre masculinidad, que, desde los estudios de carácter etnográfico de los años 80, ha puesto en el centro del debate el concepto de nuevas masculinidades desarrollado por la propia autora en su obra de 2007 Southern Theory. En esta obra se abría la puerta a una amplia amalgama de estudios y debates sobre las masculinidades y el cambio social, dando origen a la concepción de unas masculinidades múltiples y cambiantes de carácter transformativo que generarían un cambio en las definiciones anteriores de los hombres como grupo homogéneo. Así, la masculinidad pasaría de ser vista desde una perspectiva tradicional, proyectándose ahora como una figura moderna entendida como más expresiva, igualitaria y pacífica.

Eso abre la posibilidad de comprender la investigación sobre los hombres y las masculinidades como una ramificación más de un feminismo radicalmente plural en su expresión a escala mundial (Bulbeck, 1998), que permite reconfigurar el orden de los roles de género. En la vida social, esto significa que el hombre debe emprender un camino hacía una postura corresponsable y activa relativa a la consecución de la igualdad, tal y como se plasma en el documento de la Comisión de Naciones Unidas sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer: «El Papel de los hombres y niños en el logro de la igualdad de género». Pero la apertura del campo de estudios y sus implicaciones políticas no finaliza aquí.

A su vez, nos permite generar un análisis complejo de las relaciones de poder ejercidas desde las diferentes masculinidades. Tengamos por caso la masculinidad en las estructuras coloniales, donde se ha sostenido contra los pueblos indígenas un conjunto de violencias sexuales con una «retórica oficial de civilización y educación, e incorporación racial», ocultando una autentica «exhibición ritualizada del dominio colonial», impulsada por un Estado que ejercía violentamente el privilegio masculino blanco (Lara Putnam, 1999).

En este caso, es necesario hablar de las aportaciones trascendentales del psiquiatra y revolucionario caribeño Frantz Fanon, que en sus estudios poscoloniales desde la teoría crítica marxista y la psicopatología de la colonización nos dota de una perspectiva que permite comprender la existencia de una masculinidad hegemónica a nivel local como, por ejemplo, la masculinidad negra, marcada por emociones divididas y una enajenación masiva de la experiencia original. Esto genera una lucha por encontrar una posición y reconocimiento en una cultura que los definía como biológicamente inferiores, convirtiéndolos en objeto de ansiedad/miedo; siendo estas significativamente diferentes a la masculinidad hegemónica de carácter global, aunque generalmente se encuentren superpuestas (Connell y Messerschmidt, 2005).

Esta riqueza analítica que venimos exponiendo abre la puerta a nuevos análisis que se centren en la globalización neoliberal. Puesto que al problematizar las masculinidades desde diferentes enfoques y complejidades afloran las contradicciones existentes en el orden del género, así queda expuesto el concepto de masculinidad hegemónica enfocado más allá de la identidad y vida íntima, alcanzando estructuras a gran escala que incluyen la estructura económica neoliberal, los poderes económicos y militares que configura; y la pobreza y la angustia social que institucionaliza políticamente. O lo que es lo mismo: las luchas por la identidad y el reconocimiento no son meras “guerras culturales” sin efectos políticos, bien planteadas impactan directamente en las estructuras económicas del neoliberalismo.

En la actualidad, el debate se ha extendido entre diferentes corrientes feministas y se enfoca en torno a las llamadas nuevas masculinidades, la participación del hombre en la lucha feminista o el rol de las personas no binomiales. En definitiva, parece que el debate en curso tiene que ver con quien puede componer el sujeto feminista. Como mínimo, esto ha generado una problematización del feminismo esencialista, así que más allá de la evidencia de la mujer como principal sujeto de opresión patriarcal, los debates se focalizan en quién es el sujeto de resistencia.

En este sentido, la antropóloga y feminista argentina Rita Segato (2016), afirmaba que «el feminismo no puede y no debe construir a los hombres como sus enemigos naturales», en el sentido en que el enemigo es el orden patriarcal, una estructura social configurada al igual que la estructura capitalista, en línea a lo reivindicado por autoras como Silvia Federici (2004; 2009), que apuntan también a la idea remarcada por Segato de que la estructura de opresión patriarcal puede estar también configurada por mujeres. Tal y como apuntaba la escritora, profesora parisina, activista y filósofa feminista, Simone de Beauvoir al sentenciar que «el opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos.»

Esto obliga a comprender (con la promoción de las nuevas masculinidades) al sujeto masculino como aquel capacitado no para la toma de decisiones relativas a la emancipación patriarcal, pero sí como sujeto activo con la capacidad de participar en la resistencia y transformación feminista. Así cobran validez los principios atribuidos a las olas del feminismo, como aquellos referentes al feminismo marxista, o revolucionario, y al feminismo dialógico fuertemente influenciado por las ideas del educador brasileño Paulo Freire, y su concepción de la pedagogía crítica como aquella que invite a las partes involucradas a construir sociedad desde la conciencia de los problemas sociales que se viven a diario y que afectan de manera directa e indirecta. De tal modo que el sujeto masculino también se problematiza: deviene, por un lado, en un reproductor de las relaciones de opresión desde la óptica de la masculinidad hegemónica, pero por otro se convierte en un “aliado” para la instrucción y toma de conciencia entre iguales de las relaciones de opresión.  

Así, se abren diferentes ventanas de oportunidad en torno a la configuración de otras masculinidades no violentas, dialogantes e igualitarias que confluyan en un espacio de lucha compartida y rompan con sus pares, con sus compañeros hombres que se sitúen en el campo de la reproducción de la violencia masculina.

La aparición de la Tercera Ola Feminista en la década de los sesenta puso sobre la mesa una toma de conciencia sobre la diversidad de las propias mujeres. Su interseccionalidad determinada por cuestiones sociales, étnicas o de nacionalidad, clase social, orientación sexual o religión, hizo que tomaran relevancia mujeres fuera de la órbita blanca, burguesa y occidental, como ​la activista, profesora y militante del Partido Comunista de los Estados Unidos y del Black Panther Party, Angela Davis, que en su crítica al feminismo hegemónico reivindicaba el concepto de “interseccionalidad” alejado del esencialismo y las definiciones de feminidad basadas exclusivamente en las experiencias de la clase media-alta de raza blanca norteamericana y asumidas en ocasiones como universales.

Es en este punto clave (configuración política y académica de la interseccionalidad) en la que la Cuarta Ola Feminista vivida en nuestra contemporaneidad y el activismo presencial y online cobrarán gran protagonismo, donde se plantea otra vez el fin de los privilegios de género establecidos históricamente en un sistema capitalista patriarcal. Si María Julia Bertomeu (2019), recordando a Rosa Luxemburgo, nos invitaba a pensar el feminismo junto con el anticapitalismo, hoy bajo la Cuarta ola del feminismo interseccional tenemos la oportunidad de unir las luchas diversas, ampliando la propia concepción del anticapitalismo. Así, premisas como “todo lo personal es político” y viceversa, el concepto de sororidad como eje central de la solidaridad entre mujeres y la cuestión de los derechos, obligan a pensar una mayor unión entre el movimiento LGTBI, queer y de liberación sexual.

Es en este punto donde la idea de las nuevas masculinidades toma una mayor relevancia confluyendo con los principios interseccionales que cuestionan la masculinidad de carácter hegemónico desde los movimientos LGTBI y de liberación sexual. Mientras, se expone de manera radical la configuración de un feminismo inclusivo e interseccional que deje atrás el feminismo liberal, poniendo así de relieve la necesidad de un feminismo que ponga en tela de juicio todas las diversas estructuras de opresión que abarcan el sistema capitalista, sobre todo en su fase neoliberal.

Finalmente, me gustaría resaltar la idea radical que subyace en el Feminismo decolonial como ruptura con la visión hegemónica, eurocéntrica, racista y burguesa de diversas corrientes feministas y que cuenta con figuras de relevancia como Yuderkys Espinosa Miñoso, que da origen a un feminismo que fija su mirada en los movimientos de los colectivos gitanos, árabes, africanos y de trabajadoras sexuales, que toman especial relevancia desde su histórica posición periférica.

Este 8 de marzo pandémico, reivindiquemos un feminismo interseccional que sirva de puente entre diversas luchas.

Bibliografía

BEAUBOIR, Simone De. 1949. El Segundo Sexo. Madrid: Catedra.

BERTOMEU, María Julia. 2019. Gleichheit. Rosa Luxemburgo y las mujeres. Sin Permiso

BULBECK, Chilla. 1998. Re-orienting Western Feminisms: Women’s Diversity in a Postcolonial World. Cambridge: Cambridge University Press.

CONNELL, Raewyn. 2012. Masculinity Research and Global Change. Masculinities and Social Change, 1(1), 4-18.

CONNELL, Raewyn. 2003. Masculinidades. Ciudad Mexico: Programa Universitario de Estudios de Género, Universidad Nacional Autónoma de México.

CONNELL, Raewyn; MESSERSCHMIDT, James. 2005. Hegemonic masculinity: rethinking the concept. Gender and Society, 19 (6), 829-859.

FEDERICI, Silvia. 2009. On capitalism, colonialism, women and food politics, Politics and Culture (2) - Special Issue on Food (&) Sovereignty

FEDERICI, Silvia. 2004. Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria. Madrid: Traficantes de Sueños

HOWSON, Richard. 2006. Challenging Hegemonic Masculinity. London and New York: Routledge.

PUTNAM, Lara.1999. Ideología racial, práctica social y Estado liberal en Costa Rica. Revista de historia, (39), 139-186.

RITA, Segato. 2016. Crítica de la colonialidad en ocho ensayos. Prometeo Libros.

Alejandro Caamaño

Doctorant en Sociologia a la UB. Expert en Anàlisi Urbana al costat de l'Observatori DESC i la Cooperativa Hydra.