Parásitos ¿Quienes?

Adrián Iglesias García

La recién galardonada con 4 premios Óscar –incluido el de mejor película– Parásitos (2019), ha llevado a la gran pantalla de forma cruda y tremenda lo que entendemos por consecuencias últimas de la desigualdad y la explotación en el capitalismo.

Para aquellos que no han podido disfrutar de su visionado, la película que dirige Bog Joon Ho trata sobre cómo una familia surcoreana procedente de los suburbios se infiltra, parasita, a modo de supervivencia, a una familia de clase alta. La familia vulgar, los pobres, viven en el barrio más bajo de la ciudad. Su hogar es una casa subterránea donde, lejos de cumplir las condiciones mínimas de habitabilidad, son frecuentes las plagas de insectos, además de ser el lugar habitual donde los borrachos orinan. Por su parte, la familia acomodada se caracteriza por su educación, su belleza y su presupuesta bondad, en definitiva, una familia exitosa que pertenece a la clase social rectora, con una gran mansión, un buen coche y una trabajadora interna que se ocupa de las labores del hogar.

Los primeros minutos son ya esclarecedores de la crítica social de la que está cargado todo el largometraje. En ellos se observan problemas propios relacionados con la clase social a la que pertenece cada familia.  La familia Kim, de clase trabajadora, se aloja en una infravivienda plagada de insectos y sin conexión a internet. Los cuatro integrantes de la familia se ganan la vida en trabajos temporales y mal remunerados (como doblar cartones de pizza), hasta que un amigo de Ki-Woo, el hijo varón de los Kim, le ofrece una sustitución de profesor particular de una joven de la familia acomodada, y para ello debe hacerse pasar por universitario.

Una vez el joven consigue el puesto, la siguiente en infiltrarse en la familia de clase alta es su hermana Ki-Jeong, que se hace pasar por terapeuta musical. Una vez los dos hijos están dentro, consiguen, haciendo creer al padre de la familia rica que su chófer mantiene relaciones sexuales en el coche familiar, que lo despida y que contrate a Ki-Taek, su padre. La siguiente será la madre, Chung-sook, que sustituirá a la sirvienta tras hacer creer a la madre de los Park, la familia adinerada, que la actual ama de llaves sufría de tuberculosis tras provocarle ataques alérgicos, al descubrir que ésta era alérgica a la piel del melocotón. Todo ello sin mostrar que existe entre ellos relación familiar.

 

 

 

 

 

 

 

Más allá de esto, los detalles gráficos con los que se explicita esta distancia social se repiten a lo largo de todo el film. Mientras que las vistas desde el salón de la infravivienda en la que viven los Kim son a un callejón repleto de basura, desde el gran ventanal del salón de la mansión de los Park se observa un gran y verdoso jardín con frondosos árboles. Asimismo, los planos en los que aparece la casa de los Park, siempre se ve desde la parte inferior de la calle, de abajo hacia arriba, puesto que es la parte alta de la ciudad –y de la sociedad– al contrario que con el semi sótano de los Kim. El propio director trata de hacer más evidente esta divergencia social más allá de lo geográfico. Los planos iluminados de la casa de clase alta frente a los planos escasos de luz cuando se trata del apartamento de la zona pobre. Otro de los elementos que se repiten son las escaleras. A modo de metáfora, hace referencia en diferentes momentos de la película a la movilidad social utilizando este recurso arquitectónico. Esta evidencia se encuentra presente en los cuadros pintados por Da Song, el más pequeño de los Park, en los que retrata al marido de la antigua ama de llaves que le causó el trauma, se aprecia la referencia. Debajo a la derecha una mancha negra, la oscuridad, la pobreza, y una flecha que apunta hacia arriba, en la que vemos un cielo despejado. En términos estrictamente cinéfilos, en un hilo de twitter[1], @lucvalli llega a conjeturar acerca de los distintos planos en los que los personajes ricos y pobres aparecen separados por líneas verticales transversales a todo el plano. Esta cuestión se hace firme si atendemos a lo que en repetidas veces menciona el padre de la familia Park acerca de sobrepasar la línea, en relación con las actitudes y los comportamientos de sus trabajadores.

Sin embargo, no es del todo fácil posicionarse con la familia pobre. En un determinado momento, en el que los Park, la familia rica, abandona el hogar para disfrutar de una excursión, el ama de llaves timbra pidiendo acceder a la casa con mucha urgencia alegando que había olvidado algo, esto desconcierta a los Kim. Es aquí cuando descubren que la ama de llaves escondía a su marido de los usureros en un búnker secreto. Ante esto, se produce un conflicto en el que, en un primer momento, la madre de los Kim se debate entre atender las plegarias de la mujer y dejar vivir ahí al marido o hacer saber a los Park de la situación. Pero es cuando el ama de llaves descubre que la madre de los Kim había invitado a toda la familia a pasar la noche cuando tiene lugar un giro en la negociación, en la que ahora es la familia la que suplica. Esto pone de relieve que para mantener lo que hasta el momento habían conseguido, conseguir vivir de la familia Park, serían capaces de delatar a otras personas que estaban en la misma situación, parasitando a la clase alta. Siguiendo la idea de la metáfora del ascensor social, estas secuencias ocurren en las escaleras hacia el búnker, con una ligera iluminación verde. Podría ser que el director utilizara este recurso para simular el intestino, lugar en el que viven literalmente los parásitos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ahora bien, ¿son exclusivamente parasitarias las familias pobres? La respuesta es clara, no. Los ricos son parásitos incapaces de realizar por sí mismos las más básicas tareas cotidianas. Así, los destellos de superioridad son una muestra por parte de los Park en varios momentos de la película, sobre todo haciendo referencia al olor propio de la familia. No es la ropa, no es el detergente, no es el perfume. Es, como llegan a decir, el olor que se percibe en el metro. Es ese olor inherente a gente pobre y que el sr. Park se encarga de señalar que lo percibe en Ki-Taek, padre de los Kim. La misma noche en la que descubren al marido de la antigua ama de llaves tiene lugar un temporal con lluvias torrenciales. Esas lluvias asolan la zona baja de la ciudad, el barrio de los Kim. Para llegar a su infravivienda, tras escapar por la mínima cuando los ricos llegan a casa, se suceden los descensos de escaleras. Esto se inscribe en lo que mencionaba antes sobre la escalera como metáfora de la movilidad social. Al llegar, se encuentran su casa inundada y todas sus pertenencias destrozadas, por lo que se ven obligados a pasar la noche en lo que parece un polideportivo con todos los demás afectados. Por su parte, la familia Park disfruta en el salón mientras pueden permitirse que el hijo pequeño pernocte en su espléndido jardín cobijado en una tienda de campaña. De esta manera, la película refleja hasta que punto un idéntico fenómeno meteorológico puede afectar en función a la clase social a la que uno pertenezca, un mismo hecho que tiene consecuencias muy diferentes por cuestiones intrínsecamente materiales.

Al día siguiente, los Park, la familia de clase alta deciden celebrar el cumpleaños del hijo pequeño, alegrándose por el magnífico día que han dejado las lluvias. Esas mismas lluvias que han dejado a gran parte de la ciudad sin un lugar en el que pasar la noche. Llaman de urgencia a Ki-Taek quien, tras pasar una pésima noche, debe interpretar a un nativo americano en la fiesta. Horas extra pagadas a muy buen precio, según le dice la madre de los Park. Llegamos así al clímax de la película. El marido del ama de llaves sale del sótano y tras dejar inconsciente al hijo de los Kim, se dirige al jardín donde se encuentran todos los invitados. Allí, el hombre ataca a la hija de los Kim, esto provoca un ataque epiléptico del pequeño de la familia de clase alta. Frente a eso, el padre de los Park exige a Ki-Taek que ayude a su hijo, en lugar de atender a su propia hija. Es en ese preciso instante en el que el padre de familia explota mientras observa que todos los invitados, de clase alta, reaccionan tapándose la nariz, haciendo referencia a ese olor característico de la gente pobre. Se produce así una venganza, ya no familiar, sino de clase.

Al final de la película el espectador se da cuenta de que el relato narrado por Ki-Woo acerca de la movilidad social ascendente con el propósito de comprar la casa de los Park y poder vivir con su padre (quien ha quedado encerrado en el sótano) es una ilusión que no sucede: la escena grabada desde el interior de la casa donde se observa la ventana en la que se acostumbra a ver mear a los borrachos (misma escena que al principio de la película) se encarga de recordárnoslo.

Parásitos no es una película que trate de realizar una crítica moral sobre el bien y el mal, ni tampoco una receta revolucionaria. Muestra como la pertenencia a una clase no tiene que ver únicamente con la posición en las relaciones de producción, sino que involucra el conjunto de la vida: las expectativas, los propósitos, el gusto, el olor, las prioridades e, incluso, el instinto de supervivencia. Parásitos es, simplemente, un reflejo social. Una fuerte crítica de la realidad de un sistema que provoca una división tan severa en función de los recursos a los que se tenga acceso en una sociedad ultra capitalista como la de Corea del Sur. Así que, aunque pueda parecer que los parásitos son aquellos que viven, al estilo del Lazarillo de Tormes, de las migas de los amos, es del trabajo de la mayoría del que se nutren las ingentes fortunas que acumula la clase dominante.

Notas:

[1] https://twitter.com/lucvalli/status/1225181141617053706?s=08

Plano de la casa de la familia rica, los Park. Fotograma de Parásitos (2019).

Cuadro pintado por Da Song. Fotograma de Parásitos (2019).

Lineas divisorias entre los personaes Fotograma de Parásitos (2019).

Adrián Iglesias García

Politòleg per la UV. Membre del consell editorial d'Agon

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