© 2020 Agón, Cuestiones políticas

Renta Básica y Ecofeminismo: Una conjunción transformadora

Nadal Perales Oliver

La renta básica (RB a partir de ahora) suele presentarse como una medida de política económica cuya justificación teórica y política se apoya, en aquellos casos en los que se enmarca en una propuesta socio-política de tipo transformador más amplia,  sobre los principios del republicanismo.  En un planeta al borde de la sexta extinción masiva y en el que buena parte de los recursos que permiten la reproducción de la vida planetaria se ven menguados a diario, resulta imprescindible encontrar alternativas teórico-políticas que justifiquen la necesidad de implementar una renta básica universal y complementen los planteamientos republicanistas[1]. Ello no significa que la tradición republicana sea teórica e ideológicamente insuficiente, pero cabe reconocer su escaso alcance para conectar tanto con la crisis ecológica que estamos padeciendo y las inquietudes que esta genera, así  como con las personas que no frecuentan el embotado aire de la academia. Parece ser que el republicanismo actúa, cuando se trata de justificar esta propuesta y la necesidad de implementarla, como una condición teórica necesaria, pero no suficiente.

En 2009 un grupo de científicos internacionales propuso, en una investigación llevada a cabo por el Stockholm Resilience Center,  un conjunto de indicadores para medir la capacidad del planeta para absorber el impacto de las actividades humanas, imposibilitando así el afán de crecimiento económico indefinido, uno de los mantras que configuran la forma de nuestras sociedades modernas y del cual cualquier individuo habrá escuchado alusiones. Este grupo marcó nueve límites planetarios que se corresponden con el estado de nueve procesos fundamentales para el sostenimiento y la estabilidad de la Tierra, de los cuales, según la organización World Wildlife Fund,  cuatro (entre los que se encuentran el cambio climático y la pérdida de biodiversidad) han sido ya superados, mientras que  nos vamos aproximando a los cinco restantes, entrando en una fase de 'translimitación'.  Otro elemento sensible a tener en cuenta es la irreversibilidad que acompaña a la superación de alguno de estos límites, concretamente en el caso del aumento de la temperatura global. Estos límites planetarios constatan que el crecimiento económico es una idea absurda sin un planeta en el que habitar y que es necesaria una transición hacia modelos energéticos y productivos que no sean perniciosos para la salud del planeta.

Toda esta coyuntura debe entenderse atravesada por multiplicidad de factores (sociales, económicos, políticos, energéticos, tecnológicos, etc.) que lo convierten en un problema político al que debe darse respuesta. Algunas de estas respuestas -en el caso de este trabajo el ecofeminismo pero también otras voces, como las que apuestan por un Green New Deal- pretenden actuar como palancas para transformaciones más profundas que sienten las bases para sociedades justas y equitativas. Si todo ello debe articularse alrededor de un proyecto nacional o, en cambio, desde una perspectiva capaz de recoger identidades más extensas es una pregunta que surgirá en otro momento, pero aun así necesaria ya en la actualidad.

Trasladada al plano de la vida humana, esa lógica del sostenimiento de la vida planetaria y los procesos fundamentales de los que esta depende es la misma que plantea el ecofeminismo: la naturaleza de la vida humana es ecodependiente e interdependiente, es decir, las personas son dependientes de su entorno y de sus congéneres. Es esta misma lógica la que economía ortodoxa prentende silenciar, organizando y analizando los procesos económicos desvinculándolos (“desincrustando”en términos de Karl Polanyi) de las bases materiales que los posibilitan. Los orígenes de esta economía ortodoxa se remontan, por su parte,  a la despolitización de la ciencia económica que se produjo con  el llamado 'giro marginalista' a partir de la década de 1870 y que, desde entonces, ha producido el grosor de los análisis, teorías y planes económicos en el mundo.

Es a partir de este giro que se empiezan a ofrecer explicaciones del funcionamiento del mundo fundamentalmente psicológicas, extraídas del contexto en el que el individuo interactúa. Con la teoría de la utilidad marginal como eje del análisis económico, el individuo es reducido a un conjunto de preferencias en un contexto en el que estos conjuntos de preferencias que son las personas conviven sin conflicto. Fue este el primer paso que,a  nivel teórico,  se efectuó para desincrustar a la economía del contexto (relaciones políticas, sociales, culturales, medio ambiente, esfera doméstica, etc.)  en el que esta tiene lugar. Para este autor, la economía (concebida sustancialmente como aquel conjunto de procesos de intercambio entre el mundo natural y el social mediante el cual se proveen los humanos de medios materiales para subsistir) está incrustada e integrada tanto en instituciones de tipo económico como en instituciones de tipo extraeconómico: en un hábitat concreto, con un determinado nivel tecnológico y en contexto socio-político y cultural dado. Lo que sucede  hoy día es que la economía se separa y, con los mercados financieros como núcleo que asegura el buen funcionamiento de aquella,  domina el resto de la sociedad obviando por completo su naturaleza ecodependiente e interdependiente. El siguiente apartado se dedicará a exponer los aspectos centrales de la RB, así como estas dos dimensiones de la vida humana para , posteriormente, justificar la introducción de una renta incondicional que funcione como garante de la sostenibilidad de la vida. Al tratarse de un doble diálogo (entre feminismo y ecologismo y entre ecofeminismo y renta básica) es importante tener en cuenta que las cuestiones que plantea este trabajo pueden abordarse y responderse desde múltiples posiciones.

La renta básica incondicional

La propuesta de la renta básica universal o incondicional hace referencia a una asignación monetaria que se daría incondicionalmente a toda la población, independientemente de su situación profesional, su sueldo o su género. De los distintos elementos que incluye su definición, se puede afirmar que la incondicionalidad de esta renta marca la diferencia con las prestaciones monetarias que existen hoy día, como pueden ser las prestaciones por desempleo o aquellos subsidios que el Estado ofrece en función de la situación familiar de los beneficiarios. Cabe señalar que la RB es una medida de política económica, no un marco completo de recetas económicas, y que lo idóneo (para los defensores de la RB desde la izquierda del espectro político) sería que viniera acompañado de un paquete de medidas que protejan a las personas en materia de sanidad, educación y vivienda, que cubra un mayor abanico de necesidades humanas. 

La creciente popularidad de la RB debe buscarse, al menos, en tres elementos: primero, es una propuesta que viene instalándose en el debate público sobre todo a partir del inicio de la recesión económica de 2008, cuando gran parte de la población sufrió las consecuencias de las políticas económicas que se llevaron a cabo entonces, básicamente el desempleo, como es normal que ocurra en una sociedad estructurada a partir del empleo. En segundo lugar,  desde que ocurrió esta crisis parece que el disponer de un empleo ya no asegura a los individuos una existencia tolerable, tal y como apunta el fenómeno moderno de 'los trabajadores pobres'[2]. En tercer lugar, en un mundo cada vez más robotizado y digitalizado y en donde el nivel de la técnica ha permitido que los seres humanos sean prescindibles en muchas actividades y procesos económicos, parece normal que muchas personas vean peligrar sus puestos de trabajo y, consecuentemente, su existencia[3]. He aquí la primera gran ventaja de la RB: desvincula parcialmente (puesto que puede que la prestación sea insuficiente para cubrir todas las necesidades, sobre todo en materia de cuidados) la existencia de las personas de la necesidad de tener un trabajo asalariado.

La fundamentación de la RB se basa en la asunción de que es esta una medida justa y, además, viable técnicamente. La justicia de la RB ha sido ampliamente debatida por liberales y republicanos, dos corrientes de pensamiento contemporáneas que se ocupan del fenómeno de la justicia. Desde la perspectiva republicanista histórica, en donde se incluyen el republicanismo oligárquico y el democrático (Arcarons,Raventós, Torrens, 2016), esta renta incondicional entronca con la noción de libertad republicana: la libertad solo es alcanzable a través de la independencia material y  una vez se tengan la existencia asegurada y las necesidades básicas cubiertas. Para la perspectiva oligárquica, solo los propietarios pueden ser libres al ser ellos los que disponen de independencia material; para la tradición democrática, no obstante, es vital asegurar los medios materiales necesarios a todas las personas para que estas sean materialmente independientes y, por ende, libres. Por su parte, el neorepublicanismo académico  (con autores como Philip Pettit) conceptualiza la libertad republicana como ausencia de interferencia arbitraria de otros particulares o instituciones y no cree que “la ausencia de independencia material sea la fuente fundamental de vulnerabilidad e interferencia arbitraria” (Arcarons, Raventos, Torrens, 2016).

Lo que comparten todas estas tradiciones es que para ser libre la existencia de un individuo no puede depender materialmente de otro. Es por ello que la independencia material que otorga la propiedad, en este caso representada por la RB, es una condición necesaria para que los individuos ejerzan su libertad. La RB garantizaría de esta manera la existencia material a toda la población, confiriendo una base material de existencia mucho más amplia que la que disfruta buena parte de la población hoy en día. Esta propuesta arremete, tal y como se puede observar, contra el núcleo de las sociedades actuales: el trabajo remunerado o empleo, el cual parecía haber fagocitado a los otros tipos de trabajo existentes (el trabajo realizado en los hogares y el trabajo voluntario) hasta hace unas cuantas décadas. Si del empleo de la clase trabajadora se nutre la explotación capitalista, una RB actuaria como una medida que “erosiona” (en palabras de Erik Olin Wright) al capitalismo al librar buena parte del sostenimiento de la vida del empleo, concediendo a la población trabajadora mucho más poder de negociación frente a los patronos y  abriéndose la posibilidad de acceder a empleos más gratificantes y con mejores condiciones laborales. Sería también una propuesta que contribuiría a erosionar la cultura del trabajo remunerado y desplegar horizontes en los que las personas puedan elegir libremente sus proyectos vitales. Este artículo pretende añadir,a la justificación republicana de la RB, la justificación ecofeminista por considerar que esta puede aportar nuevos elementos clave para comprender la naturaleza humana y vindicar la necesidad de la RB.

Una aportación ecofeminista: la sostenibilidad de la vida

El ecofeminismo debe entenderse a partir del diálogo entre los movimientos ecologista y feminista, como una combinación de los postulados de la economía feminista con los del ecologismo, con la multitud de corrientes y miradas que surgen de la unión de propuestas de cambio tan amplias. Así, existen ciertas corrientes tanto del feminismo como del ecologismo comparten el diagnóstico que señala que detrás de la subordinación y dominación que sufren las mujeres y detrás del desastre ecológico se encuentran la economía capitalista y, en palabras de Murray (2012),  la ideología del crecimiento económico. De esa confluencia nace el ecofeminismo, que emerge a mediados de los años 70 al calor de la segunda ola del feminismo y el surgimiento del movimiento verde y asume que el desastre ecológico y  el socioeconómico se pueden abordar en clave de género y huyendo de las formas neoliberales de organizar la economía y la sociedad. Las raíces de este movimiento (feminismo y ecologismo) están profundamente ligadas a través de la “plena consciencia de la materialidad de la existencia humana”: los humanos deben alimentar su cuerpo desde que nacen y este cuerpo se inserta en un medio natural (Herrero, 2015). Este análisis material ecofeminista conduce a pensar en el carácter ecodependiente e interdependiente de la naturaleza humana y a cuestionar el modelo productivo al completo, así como el conjunto de tiempos y trabajos de los que disfrutan las personas hoy día.

Su principal objetivo es, a partir de esta comprensión,  reorganizar todas estas cuestiones articulando la política y la economía en torno a la prioridad de “sostener vidas reales” (Herrero,2017) y no desde la lógica de los mercados capitalistas actuales.“Poner la vida en el centro”(uno de los lemas de los que más eco se ha hecho el movimiento feminista) significa, en última instancia, que las vidas humanas dependen en mayor medida de aquel carácter interdependiente y ecodependiente que de previsiones y planes de crecimiento económico con los que se aplastan derechos y libertades a tantas personas en el mundo. Todo ello dota al movimiento de una fuerte  voluntad transformadora con la potencialidad de agrupar bajo su paraguas a amplios sectores de la sociedad.

a) La economía feminista

La economía feminista centra su atención en el trabajo reproductivo-el trabajo doméstico y de cuidados (realizado históricamente por mujeres)- concebido como categoría previa, no opuesta, al trabajo productivo. Este trabajo productivo ha sido considerado a lo largo de la historia como el único trabajo que permite el desarrollo de una sociedad y el bienestar de una población al contribuir a la creación de riqueza. Esto provoca que el trabajo realizado en los hogares goce de un estatus inferior al trabajo productivo (remunerado en un mercado laboral) y que los conceptos 'desarrollo' y 'bienestar', dos de los conceptos axiales de las sociedades modernas, se vean reducidos a nociones puramente materiales y productivas . Aquella falsa dicotomía (productivo-reproductivo) y algunas otras (público-privado, cultura-naturaleza) son las que  originan las relaciones de subordinación y dominación que padecen las mujeres frente a los hombres en las sociedades capitalistas que se han bautizado, desde esta perspectiva,  como heteropatriarcales; las mismas dicotomías que nuevas aproximaciones de la economía feminista persiguen derrumbar, utilizando principalmente el concepto de 'reproducción social' , concepto que alude también a la depredación ecológica.[4] 

Parece que hasta que la economía feminista lo destapó, el concepto de trabajo doméstico y de cuidados no se tuvieron demasiado en cuenta, aun cuando aluden a procesos sin los que el trabajo productivo,  la reproducción de la vida humana en general y de la fuerza de trabajo en particular serían imposibles. Este trabajo de cuidados es la base de la vida y del sistema económico puesto que se orienta a satisfacer las diversas necesidades humanas básicas  (cocinar, limpiar, cuidar de las personas enfermas, ancianas, etc.), a cuidar los cuerpos y a sostener la vida en definitiva. Para Carrasco (2017), el esquema feminista debe analizar los procesos de producción, reproducción y trabajo como un solo proceso orientado a mantener cubiertas las necesidades humanas, entendiendo que es el trabajo que se realiza en los hogares el eje central que permite crecer y desarrollarse a las personas. Es así como el trabajo que han venido realizando las mujeres en los hogares se constituye como punto de conexión entre la esfera doméstica y la producción capitalista,  y visibilizar esta relación es derribar las falsas dicotomías y sacar a la luz los engranajes de la maquinaria capitalista.

Este punto de vista permite comprender que, como ya se ha comentado, con las tareas de cuidados se reproducen personas, indudablemente el paso previo a la producción mercantil.  Es en este punto donde, en esencia, radica el carácter interdependiente de la vida  y las relaciones humanas, las cuales tienen lugar, hoy día,  bajo condiciones de jerarquía y desigualdad. El trabajo de cuidados es una actividad que subraya la vulnerabilidad de las personas y, además,  choca frontalmente con el discurso del atomismo social y con el mito de la autosuficiencia de los individuos, una potencialidad del discurso feminista que será tratada a lo largo de este trabajo.  Como ya se ha señalado anteriormente , bajo el paradigma del crecimiento y la producción mercantil, este tipo de trabajo pertenece a una categoría inferior de actividades que no debe suponer un obstáculo a las actividades que contribuyen verdaderamente al progreso y al desarrollo de las sociedades. Así pues, una mayor valorización social del trabajo de cuidados podría ser de gran utilidad para reconceptualizar estas y otras nociones y reconstruir los relatos que dan sentido a las sociedades.

Para Herrero (2017), este tipo de trabajo tiene una doble dimensión: es un derecho que tiene cada persona y, por otra parte, siendo los humanos interdependientes, este cuidado de las demás personas se convierte en responsabilidad colectiva.   El cuidado, como proceso vital, forma parte de la condición humana y como tal hay que cubrirla, no solo a través de la atención afectivo-familiar, sino también mediante diseños institucionales que pongan la vida en el centro. De acuerdo con esto, una medida como la RB acompañada siempre de políticas que aseguren el bienestar vital y que, históricamente, han sido proporcionadas por el Estado del Bienestar,  capacitaría a muchos individuos  a asumir aquella responsabilidad colectiva para la que hasta entonces no tenían tiempo o fuerzas. Por otro lado, si así lo desearan, muchas otras podrían consagrarse al cuidado y ofrecer su nuevo tiempo (extraído de la voluntad del individuo de no acudir a los mercados de trabajo) a aquellas personas necesitadas de él. Aun así, son imprescindibles propuestas políticas y sociales concretas que promuevan una valorización social de estos trabajos y doten de herramientas a las mujeres para apropiarse de sus propias vidas . De no ser así, el cuidado seguirá siendo asunto de mujeres, incluso con una renta básica universal.

Desde esta óptica, y siguiendo las explicaciones de Pérez-Orozco (2011), a las crisis mencionadas anteriormente cabria añadir dos dimensiones más, todas ellas fuertemente interrelacionadas: la crisis de reproducción social, que afecta principalmente al sur global pero también a amplias capas de la población del norte y, por otra parte,  la crisis de los cuidados en el norte global. A nivel global, las causas de estas crisis son comunes y tienen que ver, entre otras muchas razones, con el debilitamiento del Estado del Bienestar y la influencia de los mercados financieros en la economía mundial. Además, este trabajo de cuidados es un elemento fundamental y constitutivo de la reproducción social, de ahí el estrecho vínculo entre ambas crisis.

La primera se refiere, principalmente, a las expectativas y a las dificultades a las que se enfrenta buena parte de la población mundial para seguir alimentándose y manteniéndose con vida y que tiene que ver, entre otros aspectos, con los procesos de privatización y desregulación que vienen sucediéndose desde la década de 1980[5]. La consecuencia inmediata de esta situación es un aumento generalizado de las desigualdades sociales y de la inseguridad en la vida cotidiana de las personas, aunque con una mayor incidencia sobre las mujeres, por cargar estas con la responsabilidad social del cuidado del hogar y disfrutar de peores condiciones laborales. Para los postulados ecofeministas, todo ello produce un conflicto a gran escala entre la lógica del capital y la lógica de la vida. Es importante no perder de vista que en estas sociedades donde el crecimiento económico domina sobre la lógica de la vida, este dominio pasa por la centralidad del trabajo asalariado o remunerado (empleo)  -uno de los diferentes tipos de trabajo- en la vida de las personas. Para la mayoría de la población mundial, el sostenimiento de la vida pasa por vender su fuerza de trabajo en los diferentes mercados laborales para obtener un dinero a cambio con el que comer y comprarse ropa, de manera que es el trabajo remunerado (en mercados formales o informales) el que realmente se sitúa en el centro. Es en este sentido en el que la RB serviría para desvincular gran parte del sostenimiento de la vida del trabajo remunerado (de la “esclavitud a tiempo parcial” según Aristóteles).

Los efectos de aquellos procesos de privatización implican que algunos servicios indispensables para la reproducción social (como la sanidad o la educación) pasen a regirse bajo la égida del mercado, siguiendo no la lógica de la vida sino la lógica del beneficio y la eficiencia. Sobre todo en el sur de Europa y en los hogares más pobres, esta falta de recursos públicos se ha traducido, además, en una reubicación de las mujeres en el hogar, reforzando la naturalización de su posición en todo lo relacionado con el cuidado e intensificando el trabajo que deben realizar los hogares (por ejemplo, en el cuidado de personas mayores) y, por ende, la explotación de la población. Es por ello que la recuperación del Estado del Bienestar junto a la introducción de una RB permitiría a muchas mujeres si no a elegir, a reconsiderar esta posición al ofrecer mayor capacidad de negociación y decisión frente a los hombres y a los mercados capitalistas. Así pues, la crisis de los cuidados se refiere a la frustración de aquellas expectativas vitales que responden a las tareas de cuidados (particularmente a personas enfermas y personas ancianas), consideradas como “insatisfactorias, insuficientes, precarias y no libremente elegidas” (Pérez-Orozco, 2011). Esta percepción de las tareas de cuidados en el norte ha creado verdaderas cadenas globales de cuidados (las cuales se incluyen en procesos de globalización más amplios), redes transnacionales conformadas por mujeres inmigrantes que vienen de países pobres que se dedican a los cuidados, normalmente de gente anciana. Ello constata que las mujeres, cuando entran en el mercado de trabajo, lo hacen sin abandonar del todo “su esfera”, en condiciones más precarias y desiguales respecto a los hombres.

En definitiva, cabe tener en cuenta que todo este conjunto de procesos, tareas y trabajos que participan de la reproducción social se ve atravesado por procesos de desposesión y acumulación capitalistas, así como por relaciones económicas, políticas y de poder, tal y como se observa con el silencio mediático-político que se dedica a esta problemática. Todo ello configura una crisis multidimensional que afecta directamente al corazón de la civilización occidental y cuestiona, si no constata, el fracaso del modelo económico y sociocultural occidental (androcéntrico y biocida) que identifica el crecimiento económico con el desarrollo y el bienestar de las sociedades. Ser conscientes de esta realidad conduce a pensar en alternativas, una de las cuales es la RB, que contribuyan a frenar todas estas dinámicas del capital y pongan en el centro a la vida.

b) El ecologismo

Aunque las preocupaciones sobre el entorno son tan antiguas como la ciencia y la filosofía,  los debates en torno a la cuestión ambiental se activaron una vez finalizada la II Guerra Mundial y, principalmente, después de que el Club de Roma presentara el informe Los límites del crecimiento en el año 1972 y de la Cumbre de la Tierra de Estocolmo, convocada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en ese mismo año[6].

Si el movimiento feminista aporta una visión que permite hablar de la interdependencia de las relaciones humanas, el ecologismo introduce el carácter ecodependiente de estas relaciones, la dependencia de la vida humana respecto al ambiente en el que esta se inserta, así como una crítica a lo que desde el ecologismo se ha denominado 'sociedades crecentistas'.  Estas sociedades (tanto las capitalistas como los intentos socialistas del siglo XX), como ya se ha comentado,  se apoyan sobre una noción de desarrollo muy restrictiva, siempre sobre la base del crecimiento y enriquecimiento materiales. Estos conceptos  albergan dimensiones normativas que se han construido históricamente a partir de su interrelación, conformando todo un marco de referencia que parte de la asunción de un modelo de relaciones económicas totalmente desvinculado de las bases materiales que las posibilitan y que trata a los recursos naturales como si estos fueran infinitos. Así, nociones como progreso o desarrollo humano aparecen fuertemente vinculadas al crecimiento y desarrollo (macro)económicos, contabilizados exclusivamente en términos monetarios, tal y como hacen los tradicionales sistemas de contabilidad nacional como el PIB. Esta visión de la economía, alejada de la biosfera y la sociedad, reproduce una noción de progreso monetarista y material. En esta misma línea, el crecimiento económico se presenta como la panacea según la cual todos los problemas de la humanidad quedarían resueltos, olvidando a propósito la dimensión ecológica en la que la economía maniobra.

Siguiendo a José Luis Rey (2015), se podría decir que el ecologismo constituye una concepción del mundo o un sistema de pensamiento -dentro del cual  conviven multitud de corrientes, iniciativas y disciplinas con las que analizar la relación de la sociedad con el medioambiente-  que viene a derribar todas estas concepciones falsas y reduccionistas que han conducido a la crisis ecológica que se vive hoy día. Esta crisis es, por tanto,  una clara consecuencia de la primacía de la ideología del crecimiento (Murray,2012) y de la esfera económica sobre la biosfera, ignorando que los seres humanos mantienen una relación de dependencia irremediable con la naturaleza. Así como ocurre en la crítica feminista, de nuevo aparece aquí la centralidad del trabajo productivo. Bajo este paradigma ecologista, la comunidad humana ve ampliada sus límites al conjunto de la biosfera (animales, plantas, suelos y aguas), “lo que conlleva considerar como sujetos de derecho a todas las formas de vida” (Rey,2015), a concebir todo lo vivo no como un simple instrumento, sino como un fin en sí mismo.

Por consiguiente resulta indudable que el ecologismo es incompatible con un sistema económico que prima la creación de riqueza por encima de todos estos postulados: todos aquellas actividades que quebranten la visión ecologista de la vida (como la extracción de recursos finitos) son para el ecologismo actividades perjudiciales para el planeta que deben reducirse, sino evitarse. En un planeta en el que la mayoría de personas trabaja para obtener un sostén económico con el que mantenerse con vida, la desaparición o reducción de los puestos de trabajo más perniciosos para la biosfera imposibilitaría la vida de muchas personas. Así, parece legítimo mantener pocas dudas respecto a lo que significaría para estas personas desposeídas de sostén económico la introducción de una RB o, si se quiere, un mayor reparto del trabajo.  El ecologismo tiene la voluntad de articular una política consciente de todos estos límites de la acción humana respecto a la naturaleza y del importante vínculo que los une, así como aplicar medidas concretas con las que  frenar la destrucción de las reservas más grandes de la biosfera y avanzar hacia modelos energéticos libres de carbono.

Puesto que no es posible seguir creciendo de forma indefinida en un entorno con recursos finitos y en un estado de 'translimitación',  con conceptos -en ocasiones muy difusos- como sostenibilidad o justicia medioambiental el ecologismo pretende dar respuesta a los retos ambientales que afectan a todo el globo, aunque de forma desigual, y los cuales se enmarcan en un nuevo paradigma de sociedad, bautizada por el sociólogo Beck como 'sociedad del riesgo global.' Beck pretende explicar, entre otras cosas, cómo el deterioro y el riesgo ambientales son elementos característicos de las sociedades avanzadas y cómo estas sociedades se estratifican asumiendo estos riesgos (Beck, 2006). En una época de profunda incertidumbre vital y  desarraigo en la que los individuos deben cargar prácticamente solos con los riesgos y las consecuencias de acciones que escapan de su control[7], el ecologismo y su revalorización de lo local y de la proximidad ofrece cierto sentido de pertenencia que políticamente puede aprovecharse para construir proyectos sensibles a las necesidades de las personas.

Aunque compartan parte de sus análisis y propuestas, ni todas las corrientes del ecologismo ni las feministas mantienen la misma postura respecto a la actual forma de organizar la economía. El ecofeminismo emerge de aquellos postulados que defienden que el modelo económico y cultural occidental se ha desarrollado dando la espalda a las bases materiales y relacionales que sostienen la vida (Herrero, 2015) . Estas cuestiones conjugadas abordan una problemática de mayor calado y tienen mucho más potencial transformador que si estuvieran separadas, bien sea porque la naturaleza y el trabajo de cuidados son  dos de los ejes centrales del sistema económico actual, o bien porque son los dos movimientos que, hoy día, ilusionan y aglutinan a un mayor número de personas. De estas realidades deriva la importancia de conectar ambos movimiento socio-políticos con la necesidad de introducir una RB.

El sostenimiento de la vida y la renta básica incondicional

Todos los elementos que se han esbozado hasta este momento conducen a constatar el irreconciliable conflicto que existe entre el capital y la vida, puesto que cada uno responde a estrategias y objetivos distintos: si se opta por uno de ellos el otro queda al servicio del primero. La sostenibilidad de la vida entra en peligro desde el momento en el que el capital considera que la naturaleza y los seres humanos se instrumentalizan y se convierten en recursos susceptibles de apropiación, configurando verdaderos procesos de acumulación (del capital) por desposesión (Harvey, 2004). Ello es producto de las dicotomías con las que el heteropatriarcado concibe la realidad, las cuales se encuentran en “la base de la explotación de la naturaleza y la opresión de las mujeres” (Pérez-Orozco, 2011). Con el concepto de sostenimiento de la vida, en cambio,  se pretende dar cuenta de un proceso histórico complejo que alude a la satisfacción de las necesidades humanas, con las consiguientes precauciones que deben tomarse al hablar de ellas. Es, por tanto, un concepto multidimensional que pretende reunir en su interior los diferentes elementos que constituyen la naturaleza humana (Carrasco, 2016).

Este proceso de satisfacción de necesidades se enmarca dentro de un entorno (ecológico, geográfico, social, político y cultural) que proporciona los recursos materiales necesarios para sobrevivir, así como dentro de un contexto relaciones y contextos de cuidado que suelen proporcionarse en el interior de los hogares. Así, cabe esperar que la libertad de los individuos se vería totalmente reforzada con una RB que les permitiría acceder a los recursos básicos  para sostener sus vidas sin tener que pasar, necesariamente, por las condiciones de asimetría y explotación a las que obedece el empleo en las sociedades de hoy.

Esta sostenibilidad tiene, pues, una dimensión ecológica y otra de cuidados cuya interacción con la RB se ha venido analizando a lo largo de todo el trabajo. La dimensión ecológica se refiere a mantener una relación con la naturaleza que resulte perdurable, debido el compromiso que tienen las generaciones presentes con las generaciones futuras (Herrero,2015). Bajo el paradigma capitalista aquella relación es poco perdurable, pues fomenta sectores económicos y empleos perjudiciales para la salud del planeta. Un diseño institucional ecofeminista, por su parte, abandonaría estos planteamientos crecentistas y pondría en el centro la protección del planeta, lo cual se traduce en un cambio de modelo productivo y en la desaparición de muchos puestos de trabajo,  con todas las carencias materiales que ello supondría para tantos sectores de población. La RB vendría a suplantar estas carencias que se desprenden de un cambio de modelo productivo.

En cuanto a la dimensión de los cuidados, son dos los elementos disruptivos que traería consigo la RB: una se refiere a la crisis de los cuidados expuesta anteriormente y otra alude al cuidado de los cuerpos y las mentes de los individuos. Como ya se ha dicho, una parte de la crisis de los cuidados responde a la insatisfacción, precariedad e insuficiencia con las que se perciben las tareas de cuidados. Sobre todo en las grandes ciudades, aquella insatisfacción y precariedad puede ser consecuencia de una estructura productiva y de consumo que ensancha los tiempos de trabajo productivo a costa del tiempo 'libre' (donde quedan aun por realizar las tareas domésticas) y que, consecuentemente, supone una sobrecarga de trabajo que recae principalmente sobre las mujeres. Con una RB se puede esperar que muchas mujeres que han accedido a puestos de trabajo precarios tengan la opción de abandonarlos, decidir si quieren acceder a otro empleo o prefieren dedicarse al trabajo doméstico. Decidieran lo que decidieran, de bien seguro se reduciría aquella frustración y precariedad vitales, aun con el consiguiente riesgo a perpetuar la actual división sexual del trabajo[8].

En cuanto al cuidado de los cuerpos y las mentes de los individuos, se sabe que en periodos de crisis el aumento del paro y de la precariedad laboral provocan no solo una mayor profundización en las desigualdades sociales y un aumento de la pobreza, sino también un aumento de los trastornos psíquicos, principalmente ansiedad y depresión (Raventós, 2017). Ello puede producirse, en el caso de una persona desempleada,  bien por la sensación de inseguridad que genera el no tener  fuente de subsistencia o, en el caso de una persona con un empleo precario, por aquella misma carencia de fuerzas o de tiempo para emprender proyectos vitales, salvando la cantidad de confluencias e intersecciones vitales que puedan existir. Disponer de una RB contribuiría, de este modo, “a vivir de forma menos angustiosa y estresante una pérdida de empleo” (Raventós, 2017) y acaso a repudiar el conjunto del trabajo asalariado. Con el poder de negociación que esto ofrece, permitiría a la población no doblegarse al chantaje económico en el que nos sitúa el paradigma del trabajo asalariado para aceptar empleos poco saludables e insatisfactorios que, a largo plazo, contribuyen a enfermar[9]

Por otro lado,  según un estudio elaborado en 2016 por 'Premap Seguridad y Salud', el 54% de la población trabajadora en territorio español tiene un peso por encima de los rangos que no recomienda sobrepasar la Organización Mundial de la Salud (OMS). Un estudio publicado en la revista 'Proceedings of the National Academy of Sciences' en 2014 argumenta, asimismo,  que el nivel socioeconómico está directamente correlacionado con el patrón de  alimentación y la actividad física del individuo. Ello responde a que  los alimentos manufacturados (normalmente menos sanos) son en algunos lugares más baratos que otros productos más saludables, como las frutas y las verduras frescas, y a que existe un desigual acceso al conocimiento sobre los hábitos de vida saludables. Tal y como se aprecia, la vida humana se ve atravesada por múltiples factores y convenciones sociales. Hay que ser conscientes de que la vida es vulnerable y finita, de que no es viable si no hay una atención y unos cuidados detrás. Con el acelerado ritmo que imponen a nuestras vidas, el trabajo asalariado reduce brutalmente nuestras capacidades para dedicarnos no solo al cuidado de los demás, sino de uno mismo (“¿Quién cuida de los que cuidan?”). Con una RB, muchas personas se verían capacitadas de echar el freno de mano y parar a mirarse frente al espejo.

Aparte de todo esto,  tal vez el mayor potencial transformador de la propuesta ecofeminista, cuando se conjuga con la RB, resida en la reconceptualización del trabajo y en su crítica al trabajo asalariado, axioma sobre el que se construyen buena parte de los relatos que dan sentido a nuestras sociedades. Este potencial parte del hecho de que la RB es una medida que se introduciría y actuaría a corto-medio plazo, por lo que puede ir erosionando ideológica y teóricamente todo el entramado capitalista, frente a  los recientes fracasos de destruirlo por la vía rápida. Uno de los mitos que sustentan este armazón ideológico es el mito del champiñón. El capitalismo impone como objetivo vital de todo individuo la autosuficiencia, si puede ser a través de sus mercados, un objetivo que tal y como se ha demostrado resulta imposible de conseguir. Este espejismo se construye ocultando la vulnerabilidad y el carácter interdependiente de la vida humana y, cuando se “alcanza”, esconde tras un manto de competencia y capacidades todas aquellas tareas de cuidado, aquella materialidad que ha hecho posible que crezca aquel champiñón autosuficiente que se supone que es el individuo.  El ecofeminsimo es, por el contrario,  una corriente que se centra en las relaciones y bases materiales que posibilitan la vida humana, sin las cuales no existiríamos como especie. Desmantelando el vacío teórico que separa a la humanidad de las relaciones humanas que la sostienen y de la naturaleza las bases fundamentales del paradigma económico capitalista se ven completamente trastocadas.

Conclusiones

La RB, además de ser una medida concreta de política económica, actúa abriendo una grieta en el trabajo asalariado, una de las estructuras que más firmemente sostiene el funcionamiento de las sociedades capitalistas. Es posible, así, que su potencial transformador trascienda las condiciones de vida actuales para asegurar nuestra supervivencia como especie y un futuro mas halagüeño y justo para todos los sectores de la población. Para ello es necesario que la introducción de esta medida no proceda de los sectores más reaccionarios que financiarían la RB a partir del desmantelamiento del Estado del Bienestar, sino que emane de aquellos movimientos y organizaciones que ponen la vida en el centro. Estos movimientos, además de aportar fundamentaciones teóricas que  persuadan de la bondad y la necesidad de la RB a un mayor número de personas, deberían articular políticas transformadoras que completen todos aquellos vacíos que deja por llenar una renta básica incondicional .El ecofeminismo debe verse, así,  como un movimiento que busca volver a incrustar la economía en su contexto. De esta forma devolvería su dominio al mundo de la política real y la pondría al servicio de las personas, apostando por un camino hacia la sostenibilidad,  marcado en el plano material más inmediato por la disminución en la extracción y consumo de recursos, así como en la generación de residuos (pues esta es la fórmula para no transitar hacia la destrucción del planeta). Esta transición, con el sustrato teórico que ofrece el ecofeminismo, debe llevarse a cabo bajo criterios de equidad, redistribución y reparto de la riqueza. Ello se enmarcaría en una nueva forma de hacer política y economía que se centre no en las ganancias o en la eficiencia, sino en las condiciones de vida de las personas. Y quién sabe si ello a su vez conduciría a reconceptualizar la riqueza en términos verdaderamente sostenibles y justos.

En definitiva, el diálogo entre el ecologismo y la economía feminista presenta la potencialidad de articularse en un discurso (verde-morado) más amplio que tendría como principal marco de acción la transición ecológica que suscitaría un nuevo escenario en el que plantear medidas que caminen hacia la sostenibilidad de la vida y la justicia social . Asumir nuestra realidad ecodependiente e interdependiente y ser consciente de los límites de la acción humana son ideas totalmente incompatibles con los modelos de sociedad hegemónicos en la actualidad.  La mayor atención a los efectos a largo plazo y a los impactos simbólicos combinados de la RB y el ecofeminismo sobre aquellos efectos más tangibles se desprende de la constatación de que la soberanía para poner en marcha cambios profundos en la forma de organizar nuestras sociedades se ha diluido en todo un conjunto de redes financieras, tecnológicas y político-militares que trascienden las fronteras nacionales. La RB se constituye como una primera medida mucho más realista y aplicable para emprender proyectos de mayor envergadura.

Referencias

 

[1] Autores como Bellamy Foster (2009) han defendido la conexión que existe entre ecologismo y republicanismo en la obra de Karl Marx. Para una propuesta de hibridación ideológica entre el republicanismo y la ecología política: Garrido, F. (2012). Republicanismo y ecología política. Publicado en www.scielo.org.

[2] Según la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) de 2018 elaborada por el INE,  el 16% de los ocupados se encuentran en riesgo de pobreza o exclusión social. Entre otros indicadores, se utiliza el nivel de ingresos anuales para medir el riesgo de pobreza o exclusión social, el cual se sitúa por debajo de los 8871€ anuales.

[3] Con todas las reservas que cabe guardar respecto a este tipo de previsiones, en su informe 'Future of Jobs 2018', el Foro Económico Mundial (WEF) pronosticó que 75 millones de empleos habrían desaparecido para llegado 2025, frente a los 58 millones de nuevos empleos que esta misma tecnología generará.

[4] Para Cristina Carrasco (2017) la reproducción social se entendería “como un complejo proceso de tareas, trabajos y energías cuyo objetivo sería la reproducción biológica (considerando las distintas especies y su estructura ecológica) y la de la fuerza de trabajo”, incluidos los trabajos de cuidados y todos aquellos servicios que contribuyan a asegurar el mantenimiento de las comunidades humanas.

[5] La llegada al poder de Margaret Thatcher (1925-2013) como primera ministra del Reino Unido en 1979 y la de Ronald Reagan

(1911-2004) a la Casa Blanca en 1981 marca el inicio de un régimen rearticulador del capitalismo que ha dado en llamarse “neoliberalismo” y que se caracteriza, a grandes rasgos, por unos procesos masivos de privatización de servicios públicos y por la creciente financiarización de la economía.

[6] Para una mejor comprensión de la importancia de estos dos acontecimientos para el posterior desarrollo de nociones como sostenibilidad o desarrollo sostenible, véase el capítulo IV (“De l'era del desenvolupament a l'era del desenvolupament sostenible”) de la tesis doctoral de Iván Murray (2012).

[7] Habitualmente se nos ofrecen salidas  y respuestas individualizadas (como el reciclaje o el consumo responsable) a problemas colectivos -en este caso planetarios- que requieren de cambios estructurales. Según un informe del Observatorio de la Sostenibilidad, las diez compañías que más emisiones liberaron a la atmósfera en 2018 (donde Endesa, Repsol y Naturgy encabezan la lista) fueron responsables del 62% del total de emisiones fijas y del 25% de las emisiones totales de España.

[8] Para evitar esa naturalización, se podrían adoptar políticas de género e igualdad que fomenten, por ejemplo,  el reparto equitativo de las tareas en el hogar entre los miembros de la familia.  Estas políticas combinadas con una RB aumentarían el grado de autonomía al establecer en los hogares cierta igualdad económica que en estos momentos no existe.

[9] En diciembre de 2016 la revista British Medical Journal publicó una editorial que finalizaba de esta manera: “Las pruebas indican que una Renta Básica Universal podría ayudar a mejorar la salud mental y física de los beneficiarios (...)

Proporcionaría a las personas un sustento mejor y un mayor control de sus propias vidas en el trabajo o al margen del mismo. El hecho de no llevar a cabo esta intervención prometedora de una manera rigurosa constituiría un fallo del gobierno y una oportunidad perdida para invertir en la salud y el bienestar de una sociedad cada vez más insegura y desigual.”

Bibliografía

-Arcarons, J; Raventós, D; Torrens, L. (2016). La renda bàsica incondicional: una proposta racional per al segle XXI. Nota d'Economia; Departamento de la Vicepresidencia y de Economía y Hacienda de la Generalidad de Catalunya.

-Beck, U. (2006). La sociedad del riesgo global. 2ª edición: Siglo XXI.

-Bell, D. (2006). El advenimiento de la sociedad postindustrial: un intento de prognosis social. Alianza Editorial.

-Bellamy Foster, J. (2009). La revolución ecológica: haciendo las paces con el planeta. Americas Global United States.

-Carpintero, O. (2003). Los costes ambientales del sector servicios y la nueva economía: entre la desmaterialización y el ‘efecto rebote’. Economía Industrial.

-Carrasco, C. (2016). Sostenibilidad de la vida y ceguera patriarcal: una reflexión necesaria. Atlánticas: revista internacional de estudios feministas.

- Carrasco, C. (2017). La economía feminista. Un recorrido a través del concepto de reproducción. Ekonomiaz: Revista vasca de economía.

-Harvey, D. (2003). Espacios del capital. Hacia una geografía crítica. Editorial Akal.

-Harvey, D. (2004). El nuevo imperialismo. Editorial Akal.

-Herrero, Y.; Pascual, M.(2010). Ecofeminismo, una propuesta para repensar el presente y construir el futuro. Fundación CIP-Ecosocial

-Herrero, Y. (2012). Propuestas ecofeministas para un sistema cargado de deudas. Revista de Economía crítica.

-Herrero. Y. (2015). Apuntes introductorios sobre el Ecofeminismo. Boletín del Centro de Documentación Hegoa.

-Hobsbawm, E. (2011). La era del capitalismo (1848-1875). Editorial Libros de Historia.

-Lopez, I; Rodríguez, E. (2010). Fin de ciclo. Financiarización, territorio y sociedad de propietarios en la onda larga del capitalismo hispano (1959-2010). Madrid: Traficantes de Sueños.

-Murray, I. (2012). Geografies del capitalisme balear: poder, metabolisme socioeconòmic i petjada ecològica d’una superpotencia turística. Departament de Geografia. Universitat de les Illes Balears.

-Naredo, J.M. (2006). Raíces económicas del deterioro ecológico y social. Más allá de los dogmas. Siglo XXI, Madrid.

- Pérez Orozco, A. (2005). Economía del género y economía feminista ¿conciliación o ruptura?. Revista venezolana de estudios de la mujer.

-Pérez Orozco, A (2011). Crisis multidimensional y sostenibilidad de la vida. Investigaciones feministas: papeles de estudios de mujeres, feministas y de género

-Pérez Orozco, A; Agenjo-Calderón, A. (2018). Economía feminista: viva, abierta y subversiva. Economistas sin Fronteras.

-Raventós, S. (2017).  La RBU como medida de prevención y protección de la salud mental. Revista CTXT.

-Rey, J. (2015). De por qué el ecologismo debe apostar por la RBU. Red Renta Básica.

-Shiva, V. (2005). La mirada del ecofeminismo (tres textos). Revista SinPermiso.

-Tejero, H; Santiago, E. (2019). ¿Qué hacer en caso de incendio? Manifiesto por el Green New Deal. Capitán Swing.

Nadal Perales Oliver

Sociòlog per la UV / Col·laborador

  • Blanco Icono de Instagram
  • Twitter Icono blanco
  • Blanca Facebook Icono
  • Telegram-White-PNG

ReconÈIXER la tradició 

plurinacional i emancipatÒria

del nostre país 

és la condició de possibilitat

per A poder governar-nos

VOLS PUBLICAR

A AGON?

Publicacions

recomanades