Algo tenemos que hacer.

Reseña de "Y ahora yo qué hago" de Andreu Escrivà

Mario Aráez

La mayoría de los libros sobre cambio climático nos crean cierta ansiedad, no sabemos por dónde empezar a combatir el cambio climático. “Y ahora yo qué hago” pretende ser una herramienta para que el lector sepa que puede hacer algo para evitar el colapso, pero siempre comprendiendo que no estamos ante un problema de pequeñas soluciones individuales, sino que el problema es de tal magnitud que requiere planificar la economía y transitar a un modelo ecosocial. No es un manuscrito lleno de estadísticas planteando posibles escenarios de la crisis climática, sino que es un libro mucho más militante.

Son muchas las advertencias que han hecho científicos desde hace más de 120 años sobre el calentamiento global, que no es un concepto para nada novedoso. Es desde hace 80 años cuando se empiezan a hacer los primeros experimentos sobre la subida de la temperatura en la tierra, no cesando de aumentar durante estos años la cantidad de CO2 en la atmósfera y por consiguiente la temperatura. Al principio era algo que subía poco a poco, pero en los últimos años el ritmo de crecimiento ha sido a un ritmo vertiginoso. Lejos de poner soluciones, las cumbres climáticas no han tomado el problema del cambio climático en serio, de hecho, los acuerdos se convierten en papel mojado. Que EEUU haya estado gobernado por un negacionista del cambio climático tampoco ayuda, pero cabe plantearse aquí si quienes reconocen el evidente cambio climático pero anteponen intereses económicos no actúan también como los negacionistas. ¿Quién es más negacionista? ¿Quién lo niega o quién sabiendo que existe no actúa desde el poder?

La mayor culpa de que hayamos llegado a donde estamos es de un sistema económico basado en la acumulación y obtención de ganancia de dos fuentes: las personas y la tierra. Como dice el autor, el capitalismo no es el origen de todos los males, pero sí la forma en los que se manifiesta. La URSS no se puede juzgar con los parámetros de ahora, pero mirando con retrospectiva sí que podemos hablar de un modelo productivista que no llegó a superar el capitalismo en torno a la relación del ser humano con el planeta. Y es que el socialismo sin perspectiva ecológica no puede ser socialismo.

Igual que no se puede hablar de socialismo sin acabar con las actuales relaciones de producción, tampoco se puede hablar de socialismo si hay políticas extractivistas y contaminantes como pilar económico de un Estado. Así como es imposible pensar en un capitalismo verde por la propia naturaleza sistémica, tampoco podemos hablar de socialismo sin una perspectiva ecológica y sin un cambio de ritmos. Ciertas tendencias de la izquierda hablan de progreso continuado (como si la historia no se basase en saltos como decía Bensaïd[i]) y no rompen con la herencia productivista del capitalismo. Esa forma de pensar (muy poco de izquierdas en el contexto actual) solo puede llevarnos al colapso y todo lo que ello acarrea. Por eso, el cambio climático se manifiesta de esta forma en el capitalismo, pero la economía planificada (que no socialista, porque solo es socialista si es ecológica) tampoco está exenta de caer en políticas poco favorables para nuestro planeta.

Lo que quiere dejar claro Escrivà es que el origen del calentamiento global es antropogénico. Plantea varias preguntas que se hace la gente al hablar de este tema como la posibilidad que se deba al sol, al agujero en la capa de ozono, a la órbita terrestre o hasta a los volcanes. Todas ellas reciben la negativa, ninguna de esas opciones ha provocado la subida de temperatura en nuestro planeta.

Si la causa somos los seres humanos, la solución también tendrá que venir por parte nuestra. No podemos volver al punto inicial, pero podemos evitar que el cambio climático vaya a más y que la situación se descontrole. Además, el cambio climático palpable en algunos aspectos en el Estado español, ya ha provocado cambios en la vida de millones de personas. Se habla de 26 a 40 millones de refugiados climáticos y que podría llegar a 200 millones en las próximas décadas[ii]. El cambio climático no es solo cuestión de futuro, sino que los problemas ya lo empiezan a vivir un número ingente de personas.

Hay un apunte clave que se hace en el libro y es digno de mencionar: mientras la cantidad de científicos dedicados al trabajo climático que son negacionistas es mínima, en los medios se les da un altavoz legitimando de esta forma posturas que no son solamente erróneas, sino totalmente anticientíficas. El papel que han jugado los medios de comunicación a la hora de confundir a la población es bastante relevante, ¿por qué dar altavoz a constructores de falacias en un tema sobre el que hay consenso científico? Las respuestas pueden ser más sencillas de lo que parecen: hay un interés por parte de empresas contaminantes, que a la vez son patrocinadoras de espacios en medios de comunicación, en sembrar la duda respecto al cambio climático. Si no da la impresión de que hay consenso (cuando realmente lo hay casi en su totalidad), la gente empezará a dudar sobre si el cambio climático realmente existe. El objetivo es crear confusión donde no debería haberla.

Cambiando ya de tema, hablando del nacimiento de las luchas climáticas recientes alrededor de movimientos como Extinction Rebelion o Fridays For Future, hay que tener en cuenta el factor generacional. Para las personas adultas o ancianas el problema climático no entra dentro de sus preocupaciones personales, por simple negación de que el cambio climático le vaya a afectar cuando la realidad es que nos afecta cada día más y es algo que se va a acrecentar. Por el contrario, la juventud sí que percibe de mayor manera que el cambio climático es algo que le va a afectar en mayor grado, tanto en la actualidad como en un futuro. La cuestión climática interpela directamente a la juventud, es una cuestión generacional que ha provocado un sentimiento de identidad en torno a una lucha concreta, pero a la vez muy compleja. Es cuestión importante hacer que el calentamiento global entronque con las emociones del conjunto de la población, es la única forma de generar una consciencia climática necesaria para crear colectividad y luchar por un nuevo modelo sostenible. Deben tejerse lazos intergeneracionales, lo que no te afecte a ti afectará en mayor medida a tus nietos.

Por otra parte, a nivel individual al afrontar el problema del cambio climático tenemos una carencia que es clara: no tenemos el poder como para llevar a cabo cambios o promoverlos de forma fácil. Pero esto no puede significar que no podamos hacer nada o que nuestras acciones sean inútiles. No se trata de buscar únicamente cambios individuales como nos han intentado mostrar (recicla, ve en bici, ahorra agua…), sino de buscar cambios colectivos que realmente solucionen el problema. El cambio individual no es nada comparado con la fuerza que tiene un conjunto a la hora de afrontar un problema.

 

Por ejemplo, si se promoviesen líneas de transporte público gratuitas para ir a centros de trabajo que están alejados de los centros urbanos, se podría reducir el uso del coche; si en vez de que haya una minoría de veganos, el 80% de las personas redujesen el consumo de carne también se verían cambios significativos. Todo es cuestión de un cambio en el chip colectivo que aún no se ha dado. Quizá porque, como recordaba Marina Requena en una entrevista que le hicimos en Agon, la conciencia medioambiental esta alienada de los estilos de vida de la mayor parte de la población[iii].

El punto fuerte de este libro es enseñarnos a combatir el mantra neoliberal de que con los cambios individuales basta, y no, no es así para nada. Además, hay una crítica necesaria a la etiqueta “eco” que da un mensaje engañoso y produce una satisfacción sobre acciones que no son tan beneficiosas para el medio ambiente. Necesitamos construir una narrativa colectiva que fuerce transformaciones de calado en el conjunto de la sociedad y en nuestro modo de vida, pero esto tiene que ir de la mano siempre con esa vocación anticapitalista que debe tener el ecologismo. No solo hay que cambiarnos, sino cambiarlo todo. El ecologismo debe moverse entre la tensión del cambio de hábitos individual y la exigencia de cambios estructurales de forma colectiva.

En un mundo donde el tiempo aprieta, necesitamos tiempo como demanda ecológica. Tiempo para dejar de caer en la lógica productivista del capital, tiempo para dedicarlo a nosotros y nuestros cercanos, tiempo para viajar de forma no contaminante (esto implica en dejar de usar el avión para destinos que pueden recorrerse en tren), tiempo para dejar de externalizar cuestiones a empresas que hagan un trabajo (reproductivo en su mayoría) que podemos hacer nosotros. Al fin y al cabo, el ecologismo no es entendible si no hacemos girar las manecillas del reloj de forma más lenta.

En conclusión, un libro sintético, que no te da consejos desde la superioridad moral, algo que se necesita en materia de cambio climático. No será raro las veces que una persona metida en el mundo del ecologismo, veganismo y similares nos han dado reprimendas por cierto comportamiento nuestro.

Una primera parte del libro está dedicada a explicar a grandes rasgos el problema climático. La segunda parte (siguiendo la estructura del índice realmente son 2 partes en vez de una) es una invitación a la acción colectiva para evitar que el cambio climático nos impida vivir unas vidas dignas. Necesitamos plantearnos individual y colectivamente que vidas estamos viviendo, que repercusión tendrá en el futuro de nuestros nietos, pero también como nos afecta ya o afectará en pocos años a nosotros mismos. Escrivà nos invita a invertir tiempo en nuestras vidas y dejar de vivir en la rueda neoliberal del consumo de vidas y de recursos muchas veces finitos.

 

Notas y bibliografía

 

[i] https://www.marxists.org/espanol/bensaid/2002/001.htm  

[ii] https://cadenaser.com/ser/2018/10/19/ciencia/1539945890_540616.html#:~:text=El%20cambio%20clim%C3%A1tico%20(es%20decir,millones%20de%20personas%20al%20a%C3%B1o.

[iii] Entrevista a Marina Requena. En Agon. Qüestions Polítiques, 2019 https://www.agoncuestionespoliticas.com/entrevista-marina-requena 

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