Riders y derechos: los retos laborales del siglo XXI

Raúl García Carro

Foto: Cuenta de twitter @ridersxderechos

La cuestión de los riders y el debate acerca de la naturaleza de su relación con las plataformas de las que forman parte lleva resonando en nuestras sociedades desde que estas últimas hicieran aparición en los años posteriores a la crisis de 2008. La polémica, más allá de ser una situación específica de una u otra empresa, hace alusión al problema de cómo están adaptándose nuestros marcos normativos y nuestras sociedades a las nuevas formas de trabajo que han surgido en los últimos años y que, nos guste más o menos, parece que han venido para quedarse.

Desde hace unos años en la sociología del trabajo, se viene apuntando la progresiva disolución de las categorías tradicionales (trabajador asalariado / trabajador autónomo) en la realidad social, que han pasado a formar una heterogénea y plural amalgama de formas laborales y puestos de trabajo, sin reflejo en la realidad jurídica. A pesar de ello, la condición de laboralidad continúa siendo la única garantía que poseen los trabajadores para tener acceso a la libertad sindical o a las debilitadas formas de protección social de la seguridad social, lo que concede una gran importancia a los litigios que se vienen produciendo entre trabajadores y plataformas digitales. ¿Son los riders trabajadores asalariados o son, por el contrario, trabajadores autónomos?

La reciente sentencia 2924/2020 emitida por la Sala de lo Social del Tribunal Supremo aporta algunos de los argumentos cuya comprensión creemos resulta esencial. En la entrevista al representante de la asociación empresarial Adigital [1], su presidente invoca algunos de los argumentos que estas empresas llevan esgrimiendo años: el marco de flexibilidad y autonomía en el que se desarrolla la actividad laboral (elección de horarios, capacidad de rechazo de pedidos, posibilidad de ausentarse del trabajo sin justificación) sustenta la calificación jurídica de estos trabajadores como autónomos, en su caso, como TRADE, trabajadores autónomos económicamente dependientes. Esto implicaría considerar a los riders “una empresa de sí mismos”, con criterios organizativos propios y plena autonomía laboral.

El Tribunal Supremo responde a estas cuestiones que no concurren las condiciones exigidas para tener la condición de TRADE y señala claramente que el trabajador no dispone de medios materiales propios ni criterios organizativos que puedan sostener esta calificación jurídica. Además, señala que la “teórica libertad de elección de la franja horaria está claramente condicionada”, entendiendo que los distintos sistemas de clasificación y puntuaciones responden a muestras de poder de control empresarial sobre los trabajadores. Por último (entre otros muchos argumentos que también compartimos), descarta que la aplicación Glovo sea una “mera intermediaria”, sino que realiza una labor de coordinación y organización del servicio productivo, dando por buenos los indicios que apuntan a la existencia de ajenidad y dependencia en dicha relación y, por tanto, pasando estimar la laboralidad de esta.

Más allá del debate jurídico, el debate sociológico y filosófico debe hacerse cargo de comprender a qué responden estas nuevas formas de organización productiva y cómo deben las sociedades del capitalismo tardío enfrentarse a ellas. En este sentido, esbozamos algunas ideas:

En primer lugar, el director de Adigital nos habla de “modelos absolutamente nuevos”. Cabe preguntarse, en este sentido, si pese a que el contexto, digitalizado y globalizado, responda a características inéditas, no nos encontramos ante modelos laborales que guardan semejanzas con los modelos de “sweating system” o trabajo a destajo (no cualificado, a domicilio y con baja remuneración), característicos del siglo XIX, como plantea el capítulo escrito por Pauline Barraud y Luc Sigalo en el título Cuando tu jefe es una App (2020), de reciente publicación.

En segundo lugar, desde la década de los años setenta y el comienzo de la contrarrevolución neoliberal, asistimos, especialmente en las sociedades occidentales, a un proceso de precarización y flexibilización del empleo que responde fundamentalmente a estrategias empresariales de reducción de costes laborales. Cabe reflexionar, desde nuestra perspectiva, en qué medida este capitalismo de plataformas (Srnicek, 2018) es una expresión más de la dinámica abaratadora de la fuerza de trabajo que se está llevando por delante gran parte de los derechos laborales. Estas nuevas tendencias de organización laboral están poniendo en jaque las diferentes formas de organización y protesta colectiva que, constitucionalizadas tras la segunda guerra mundial (en España tras la transición a la democracia), habían actuado como fuerzas dinámicas “desmercantilizadoras” de la fuerza de trabajo y dotado de garantías a los derechos que en aquellos textos se expresaban. Y es que, bajo los parámetros de estas estrategias organizacionales, la capacidad de asociación y acción sindical se resiente profundamente, especialmente para los riders, donde la falta de reconocimiento de la laboralidad dejaba sus organizaciones sindicales fuera del marco regulatorio laboral, lesionando sus derechos fundamentales, como expresa Oriol Alfambra, portavoz de la plataforma RidersxDerechos en la entrevista para La tarde en 24h de RTVE [2].

En último lugar, mencionábamos en párrafos anteriores que la configuración organizativa desarrollada por las plataformas digitales proponía a los trabajadores riders, en tanto trabajadores autónomos, como empresas de sí mismos. Esto nos evoca la noción foucaultiana de “empresarialidad de sí” que se constituye como uno de los rasgos característicos del discurso neoliberal y que se propone trasladar la ética empresarial al trabajo asalariado a partir de una naturalización del riesgo y la exposición al mercado. Christian Laval y Pierre Dardot resumen: la ética empresarial es la “ética del trabajo” por la que cada cual debe superar la condición pasiva de asalariado para convertirse en una empresa de sí mismo (Laval y Dardot, 2013). Cabe reflexionar cómo estas tendencias están afectando al conjunto de la clase trabajadora y cuáles están siendo sus efectos.  

Bajo nuestra perspectiva, que las formas laborales estén en continua transformación no implica su desaparición. Las nuevas tendencias organizativas no responden, por lo ya expuesto, y pese a situarse en un contexto de crisis de la sociedad salarial, a la eliminación de la fuerza de trabajo, sino que se sitúan en un marco de reinvención de la laboralidad a la que habrá que hacer frente tanto a nivel académico como político y social. En este sentido, consideramos necesario defender la laboralidad de los trabajadores riders como posición política mientras generamos nuevas formas de protección social de los derechos laborales que permitan, en conjunción con la tutela judicial y la acción de la Inspección de Trabajo, responder con seguridad y garantía a los retos laborales

que, cada vez con mayor urgencia, nos impone el siglo XXI.

Bibliografía:

[1] https://www.marketingdirecto.com/videos-2/glovo-deliveroo-y-el-modelo-laboral-de-sus-riders-a-debate

[2] https://www.rtve.es/alacarta/videos/la-tarde-en-24-horas/riders-derechos-glovo-debe-acabar-falsa-autonomia/5669197/

BARRAUD, P y SIGALO, L. (2020): Las plataformas de microtrabajo: ¿El trabajo a destajo en la era digital?. En: ABDELNOUR, S. y MÉDA, D.(2020), Cuando tu jefe es una app, Katakrak Liburuak

DARDOT, P y LAVAL, C. (2013): La nueva razón del mundo, Gedisa

SRNICEK, N. (2018): Capitalismo de plataformas, Caja Negra Editora

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