Vox y la disputa del voto obrero

Jose B. Berna Alvarado

                                     Acto del sindicato de Vox este 1 de Mayo (font: @vox_es)

Las elecciones del 4 de mayo a la Asamblea de Madrid han pasado como un tornado en la política española. La manera de afrontar la campaña y los resultados no pueden dejar a nadie indiferente. Hemos pasado por los sobres que contenían navajas y balas, por la libertad proclamada por Isabel Díaz Ayuso, lo cual le ha permitido camuflar su gestión como presidenta de la Comunidad de Madrid durante la pandemia. Asimismo, en un giro sorprendente, la renuncia a la vicepresidencia, y posterior abandono de la política, de Pablo Iglesias.

 

Ha sido una campaña complicada, con amenazas y una continua escalada de tensión. A lo largo de esta, Vox (actor que ha ido creciendo desde el comienzo de la campaña y que se ha posicionado como la segunda fuerza de derechas de la Comunidad) ha hecho una fuerte apuesta por la disputa del voto obrero. Durante la campaña, Vox se ha intentado acercar a la población trabajadora, ya sea mediante su discurso o presentándose in situ en poblaciones históricamente de izquierdas, como el barrio de Vallecas.

 

En un momento de la campaña en la que Vox se encontraba en los márgenes y donde las primeras encuestas dudaban de su presencia en la Asamblea de Madrid, su comparecencia en esta localidad implicaba una apuesta segura para no pasar desapercibidos. De esta forma, aseguraron que el foco mediático girara en torno a su incursión en el barrio. Una táctica, la de la mediatización, a la que dieron continuidad con su propaganda xenófoba en la Puerta del Sol o en el debate de la Cadena SER.

 

Las visitas a los barrios y ciudades obreras, donde se intuía que podrían generar más animadversión, forman parte de una táctica de intento de reapropiación del obrerismo por parte del partido de extrema derecha. La idea era simple: presentar actos de campaña en las plazas y en las calles, encabezando las movilizaciones de sus seguidores en lugares donde se suponían minoritarios. Aunque estas acciones, finalmente, no les dieran un rédito político claro, facilitaba otros aspectos de su campaña y de su discurso. Por ejemplo, como se ha mencionado, atrayendo el foco mediático o, también, construyendo antagonismos.

 

Estas acciones facilitaban la polarización de la población y, con ello, del discurso que hemos podido escuchar a lo largo de la campaña. Estos actos hacían evidente la tensión que se ha vivido a lo largo de la campaña, enfrentando a los vecinos entre sí. Los conflictos y ataques entre los partidos se trasladaron a la sociedad, con especial énfasis en los actos encabezados por Vox, como, por ejemplo, cuando Santiago Abascal rompió el cordón policial para dirigirse a las personas que se manifestaban contra el acto de Vox en la “Plaza Roja” de Vallecas[1].

 

Reivindicar su presencia en los barrios obreros y, por lo tanto, la pertenencia de los trabajadores a su proyecto, ha sido una parte importante del discurso de Vox a lo largo de la campaña. Prueba de ello son las constantes acusaciones de abandono de los trabajadores por parte de la izquierda, como demuestran las siguiente frases de Rocío Monasterio durante su discurso de cierre de campaña: “esa izquierda pija que va a Vallecas de turismo, que ha abandonado los barrios, que llaman xenófobo al vecino que pide seguridad en las calles, que hablan de la pobreza menstrual mientras las familias no llegan a final de mes.”[2] y “El problema es que esta izquierda elitista no soporta la realidad, porque esta izquierda de azotea quiere asaltar el cielo pero no tiene ni pajolera idea de las dificultades que atraviesan los madrileños de a pie. Están en otro mundo, están lejos de la realidad, ya no pisan los barrios, han abandonado a los suyos.”[3]

 

Vox ha mantenido un discurso antielitista y a su vez antintelectualista. Han acusado a las formaciones de izquierda de perderse en debates vacuos alejados de las necesidades reales de la gente de a pie. Al mismo tiempo, este partido se reivindicaba como un actor cercano, el verdadero representante de los trabajadores. Un ejemplo de ello se puede observar en el discurso de Santiago Abascal el primero de Mayo: “Esa nueva izquierda que está obsesionada, primero con la lucha de clases, en la que ya no les sigue nadie. No hay más que ver a los trabajadores vestidos aún de trabajo, recién salidos de las empresas, entrando a los mítines de Vox durante esta campaña.”[4]

 

 

Y es que el momento culmen de esta apuesta de Vox por disputar la identidad obrera tuvo lugar cuando el partido de extrema derecha, junto con el sindicato Solidaridad (fruto del mismo marco ideológico), llamó a manifestarse a los “trabajadores de España” el primero de mayo, día históricamente reivindicado por la izquierda. Si el lema de Vox para las elecciones autonómicas era “Protege Madrid”, el de la convocatoria con Solidaridad era “Sal a defenderte”. Y es que este paralelismo no es casualidad.

 

Con un discurso cargado de argumentos xenófobos, la idea de la defensa y protección de un sector de la población (los trabajadores de España) se ha construido de la mano de la defensa y protección de la nación (española). No en vano, uno de los mensajes que más se escuchó en el mitin convocado por ambas organizaciones fue: “la patria es la única defensa que tienen los trabajadores”[5].

 

De esta forma, Vox ha intentado ligar un elemento central de su discurso (la defensa de la nación española), el cual ya tiene consolidado y es uno de sus rasgos distintivos, con la idea de la defensa de los trabajadores. Este es un sector de la población al que han intentado apelar, construyéndolo como desprotegido y abandonado, y del que sabían que podían conseguir votos, ante el descontento generalizado hacia el gobierno central por la gestión de la pandemia.

 

Eran los barrios obreros y el cinturón rojo de Madrid a lo que se aferraba la izquierda para intentar revertir 26 años de gobierno del Partido Popular en la región. Sin embargo, el discurso de Isabel Díaz Ayuso, capaz de movilizar el hartazgo de la población hacia la situación de pandemia, ha recibido el apoyo de una amplia mayoría, permitiéndole obtener más escaños que la suma de Más Madrid, PSOE y Unidas Podemos.

 

Por su parte, Vox ha mantenido e incluso mejorado ligeramente sus resultados de 2019. El partido de Santiago Abascal y Rocío Monasterio, ha obtenido un escaño más que en el ciclo electoral anterior. El Partido Popular ha absorbido el voto que hasta hace muy poco se dirigía a Ciudadanos. Sin embargo, Vox no se ha visto perjudicado por la amplia victoria de Isabel Díaz Ayuso. El partido de extrema derecha ha afianzado su target de votantes, ha logrado hacerse más transversal entre las diferentes clases sociales y ha conseguido marcar la agenda de la campaña con acciones hipermediatizadas.

 

Seguramente Vox no juegue un papel fundamental durante los dos próximos años en la Comunidad de Madrid. Sin embargo, estas elecciones evidencian que se han consolidado, resultando muy complicado arrebatarles el voto de un electorado cada vez más fiel, fruto de la polarización que esta teniendo lugar en la política española. Haciendo de la naturalización de su discurso su arma más afilada, Vox ha conseguido que los partidos que buscan quitarles votantes tengan que adoptar parte de su discurso y de su forma de difundirlo, con el fin de impedir su crecimiento.

 

Notes i referències.

 

[1] De: https://www.publico.es/politica/elecciones-madrid-fuentes-policiales-senalan-santiago-abascal-disturbios-vallecas.html 

[2] Acto final de campaña de Vox, Rocío Monasterio. Minuto 24:01. En: https://www.youtube.com/watch?v=PQzssBVNV_0 

[3] Ídem. Minuto 24:30

[4] Acto central 1 de mayo. Sindicato Solidaridad y Vox. Intervención de Santiago Abascal. Minuto: 1:02:31. En: https://www.youtube.com/watch?v=dDaRnX5eU-0&t=1590s

[5] Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=dDaRnX5eU-0&t=1590s

Jose B. Berna Alvarado

Politòleg per la UV. Fotoperiodista. Doctorand en Mitjans, Comunicació i Cultura per la UAB.